Ex comisionado de paz, Camilo Gómez expone efectos de muerte de 'Cano'

Ex comisionado de paz, Camilo Gómez expone efectos de muerte de 'Cano'

"Abatir al máximo jefe de las Farc significa que ningún guerrillero puede estar tranquilo", dice.

05 de noviembre 2011 , 08:58 p. m.

Dar muerte a 'Cano' significa también que la leyenda que se había creado alrededor de las 'cien muertes' de 'Marulanda', según la cual a los jefes de las Farc nadie los capturaba ni los daba de baja, está sepultada. 'Cano', 'Jojoy', 'Reyes' y un alto número de jefes intermedios son la prueba.

Pero una cosa es dar de baja a los jefes y otra bien distinta es dar de baja a las Farc. Durante años, 'Jacobo Arenas' y 'Marulanda' crearon una estructura que les permitiera a las Farc vivir, o al menos sobrevivir, sin depender de sus máximos jefes. Ese grupo guerrillero es menos caudillista de lo que pensamos y tiene más 'institucionalidad' de lo que se cree.

Para ellos, cuando un jefe muere, simplemente es reemplazado por otro, pues para ellos la muerte es parte de su oficio.

Sin embargo, nadie discute que las Farc están en franco retroceso. Ya no son el grupo que propinaba golpes como los de Las Delicias, Patascoy y Mitú entre otros.

Su verdadero punto de inflexión y el principio de su declive se da cuando el Plan Colombia arranca. Es en este momento cuando las Fuerzas Militares se reorganizan, el Estado colombiano recupera su legitimidad para actuar contra la guerrilla, la comunidad internacional empieza a creer en nuestras instituciones y la sociedad empieza a dejar de lado la indiferencia ante este grave problema. El Plan Colombia y el fortalecimiento de las Fuerzas Militares logran cambiar el equilibrio del conflicto profesionalizando el Ejército, dándole movilidad, empezando el proceso de mejora de la inteligencia y dotándolo de armas modernas para combatir la guerrilla. Esto, sumado a la legitimación internacional del Estado colombiano y a la política agresiva de relaciones internacionales, nos permitió cambiar el rumbo del conflicto.

Desde luego, el presidente Uribe jugó un papel trascendental y el presidente Santos ha continuado y mejorado estas acciones, con resultados contundentes, enfatizando en las labores de inteligencia y en objetivos especiales.

Esta consistencia en la lucha contra la guerrilla es la que hoy permite hablar del verdadero "decaimiento de las Farc". No se puede hablar de una sola acción ni de un solo momento. Es toda una secuencia de hechos que arranca desde el año 1999 y que por fortuna ha tenido continuidad a pesar de los cambios de gobierno, lo que ha permitido que hoy este grupo guerrillero esté en un punto de no retorno hacia su fin.

Bien lo dijo el presidente Santos: no hay que ser triunfalistas y hay que ser persistentes. Esto es fundamental. Tampoco hay que hacerse a la ilusión de la paz por la vía de una derrota militar total. Si el promedio de bajas de los grandes jefes es de uno por año, esta tardaría demasiado. A su vez ningún guerrillero de las Farc puede pensar que por la vía de las armas van a lograr algo. Ya casi llevan 50 años sembrando terror y solo han cosechado el rechazo de la población.

Así las cosas, para acelerar este proceso, siempre habrá que mantener entreabierta la puerta a una salida negociada. Ellos tienen el balón en su campo: si dan señales claras de avanzar hacia una negociación, llámese desmovilización negociada o proceso de paz, el Gobierno -y sobre todo la sociedad-, la aceptarían de inmediato. Ojalá lo entiendan pronto.

CAMILO GÓMEZ
EX COMISIONADO DE PAZ

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