Lo nuestro: Mucha tela que cortar

Lo nuestro: Mucha tela que cortar

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07 de septiembre 2011 , 12:06 a.m.

La familia Jacob jamás imaginó que su accidental llegada a Colombia haría realidad un sueño: la creación de la primera empresa no algodonera del país. Setenta y ocho años después de su planeación y realización, y veinticinco de llevar el nombre de Maritel del Nogal, continúa siendo única en su estilo dentro del sector.

Raymond Jacob, actual presidente de la empresa, asegura sentirse orgullosamente colombiano pese a haber nacido en Francia. Allá, cuando la Primera Guerra Mundial apenas empezaba, René, su padre, había perdido la industria familiar de telas jacquard de seda natural, pero no su experiencia en las trincheras y los conocimientos adquiridos con sus estudios de textiles. Junto a María Teresa, su esposa, perteneciente a una familia que trabajaba el gusano de seda, abrió de nuevo una fábrica que funcionó hasta la Crisis de 1929.
En 1933, con los recursos agotados, René, su esposa y sus dos hijos, de tres y cinco años, abandonaron Francia y tomaron un barco con sus máquinas y algunos especialistas hacia México, donde esperaban empezar de nuevo.
Cuando el barco atracó en Cartagena, les informaron que México estaba en revolución. René resolvió, entonces, irse a buscar la capital de Colombia. "No fue fácil ya que la maquinaria que traían mis padres tuvo que venir por el Magdalena y en mula, de modo que pasó bastante tiempo antes de que llegara a Bogotá", dice Raymond.
"Mi abuela acompañó a mi abuelo incansablemente en toda esta aventura y viaje intercontinental. Ella era una persona que tejía con crochet. Inclusive en sus últimos años le mandaban canvas desde Francia para que las trabajara y lo devolviera a allá. Era muy entregada a las manualidades. Me decía que nunca me fuera a casar con una mujer que no hiciera nada con las manos. Hacía unas telas absolutamente hermosas" asegura Michel Jacob, hijo de Raymond.
Luego de su llegada a Colombia, con la ayuda de algunas familias muy notables, René logró comprar un telar para trabajar telas para ropa interior que guardaba en la tina de la casa. Con las telas que hacían y dos máquinas de coser, él y su esposa lograron establecer una pequeña confección. Para ese entonces, el teñido mejoraba visiblemente.

Después de la tormenta...

Repuesto de las crisis, René decidió enviar a sus hijos a estudiar a Europa. "Yo tenía 8 y mi hermano 10, pero allá nos cogió la guerra. Afortunadamente mi padre tenía un conocido amigo del presidente Eduardo Santos, quien nos ayudó a salir de Francia en el año 1942", recuerda Raymond. Cuando cumplió 18 se fue a Boston a estudiar textil en la Universidad de Harvard, y a su regreso empezó a hacer parte de la empresa de su padre. "Comencé como obrero, luego logré que me dejara operar un telar, después fui ayudante mecánico y así fui creciendo. Iniciar desde abajo me sirvió inmensamente porque aprendí de todo".
Marie Cathene, su esposa, aunque no estuvo directamente ligada a la compañía, sí tuvo un acercamiento al sector: "Mi madre fue una persona que supo encontrar la manera de sacarle jugo al asunto sin estar metida en la empresa. Ella fundó Tibabuyes, un programa en el que ayudaba a mujeres cabezas de familia elaborando cuadros con retazos de tela. Nosotros nos burlamos de ella cuando empezó porque al principio eran horribles, pero resultó que a través de este programa se volvió un genio para combinar los colores. Tan es así que en las ferias en Europa, la gente averiguaba cuándo iría a Francia para que les hiciera las combinaciones de las compras".
Hacia 1977 René falleció y la empresa quedó en manos de Raymond. Años después, Michel, su nieto, hacía también parte de la compañía y aprendía rápidamente del negocio con la ayuda de su tío Mauricio. Y aunque se fue a Europa a realizar un postgrado y a buscar oportunidades laborales en un sector diferente al textil, éste ya lo había obsesionado y lo obligó a regresar a Colombia en 1996. Hoy es el gerente comercial de Maritel.

El secreto de una tradición
Tuvieron que enfrentar otra hora difícil durante los años ochenta. Como había un gran crecimiento y el capital no alcanzaba para cubrirlo, debieron vender la fábrica. Luego de fuertes crisis, y gracias a la experiencia familiar en el sector textil, nació Telas Maritel del Nogal. "Yo quería ponerle solamente Maritel, pero debí ponerle del Nogal por el lugar donde estaba situado en ese entonces", dice Raymond.
Hoy se cumplen 25 años de la marca, aquella que les ha permitido a los colombianos conocer, en su mismo país, las telas más elegantes, exclusivas y finas del mundo. Luego de la muerte de René, Raymond y su hijo Michael siguen trabajando para mostrar lo mejor del textil en los manteles, cortinas y muebles de los más reconocidos hoteles, clubes y restaurantes del país.
"Mi padre algún día me dijo que hay dos maneras de vivir en la vida ―dice Raymond―: si se quiere ser bandido hay que ir rapidísimo y seguramente se tendrá bastante plata; si se quiere ser honesto, el proceso es mucho más lento pero mucho más rico. Y seguí su política".

Aún no se habla de una cuarta generación textil. Sin embargo, algunos bisnietos de René Jacob se inclinan ya por el diseño y la decoración. "Posiblemente de ahí saldrá alguien".

Cinco datos claves
1.
 René Jacob, inspirado en su gusto por los libros de aventuras de Julio Verne, emprendió un viaje con su familia desde Francia hasta México, pero se encontró con Colombia y terminó enamorándose.
2. Maritel del Nogal vende telas fabricadas a mano. La elaboración de un metro de algunas de ellas puede tardar hasta 15 días.
3. Aunque la empresa importa telas de países como Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Alemania, también ofrece materiales nacionales con diseños de la familia Jacob.
4. Raymond, un incansable trabajador de 81 años, continúa al frente de la empresa.
5. El nombre Maritel del Nogal (telas de María) nació hace 25 años por iniciativa de Raymond y su esposa Marie Cathene, una mujer muy mariana.

 

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