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Una corrida de verano, con la Santamaría llena

Una corrida de verano, con la Santamaría llena

Buen encierro de El Paraíso, pero ayer sonó más el clarín que el pasodoble.

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El domingo se llenó hasta las banderas la Plaza de Toros de Santamaría, para la corrida de toros dentro del Festival de Verano.  Maravilloso ver la plaza llena. Por toros, fue una corrida. El Paraíso envió un encierro bello, variopinto, con cuajo, que bien pudo salir en la feria de diciembre y dejar varias orejas, pero ayer sonó más el clarín que el pasodoble.

Fueron lidiados por tres espadas colombianos, que poco se encuentran en ese verano de festejos por los pueblos, con toros así. Algunos con más picantico que almíbar, pero en general embestidores, excepto el primero, aplomadito y el tercero, buscador por el pitón derecho. Toros buenos.

Cristóbal Pardo estuvo bien en el primero. Puso alegría en banderillas, con tres alegres pares, uno al violín. Brindó su faena a la peña La Universidad del Toro, pero el animal, apagado, no permitió mayores cosas. Estocada entera.

El cuarto se llamaba ‘Enojado’. Y así, además de triste, se fue el torero que, luego de una larga cambiada de saludo, en la muleta no entendió a su enemigo. Y, con el alma encogida, mató mal, saliéndose la de la suerte siempre. Lágrimas de vergüenza en el burladero. Él es más torero. Sabía que el viento de agosto se llevó una gran tarde. Sonaron dos avisos.

Manuel Liberto estuvo bien con capa y muleta. Y en el sorteo se llevó el lote. Bueno el castaño chorreado en verdugo que lidió en primer lugar, al que lanceó por verónicas, con media de remate, un toro que planeaba. Y excelente el toro jabonero quinto, una porcelana cara, de 509 kilos. Un toro noble, pronto, que transmitía emoción. Manuel Libardo estuvo bien,  tuvo mando y temple en los pases por bajo iniciales al primero. Y compuso buenas faenas, adelantando la muleta, con gusto, ligando y sonó la música. Pero con la espada no le sonó la flauta. Mal en ambos. Mató feo.  En el de porcelana, casi no acierta con el descabello, que lo aplicaba con delicadeza.

Y malos vientos de agosto también para Moreno Muñoz, que gracias la Virgen de los toreros se fue apenas maltratado, pues fue cogido. Su primero, crudo de varas, no era claro por el pitón derecho y Moreno no es José Tomás con la zurda, pero pegó algunas tanditas musicales. La música de clarín desafortunadamente  sonó también a la hora de matar. Dos avisos. Y el último de la tarde, con el que no logró ese toreo que de él se esperaba, pues navegó en el mar picado de las dudas, se fue vivo al corral. Lloró desde del alma torera. Pero bueno, con más resolución, vendrán aquellos diciembres.

Pero en toros siempre quedan cosas para el recuerdo. La vara de Clovis Velásquez al quinto, el bello toro, a la antigua, lanzada como un anzuelo. Los grandes pares de Ricardo Santana, desde del balcón. La briega magnífica de El Piña. Y esa “apasionada” bravura del toro ‘Apasionado’. En toros, nunca se pierde el viaje.

LUIS NOÉ OCHOA 

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