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Perros antiexplosivos del Ejército, héroes de cuatro patas

Perros antiexplosivos del Ejército, héroes de cuatro patas

Este año han caído más de 20 en campos minados. Salvaron a 300 soldados.

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Katty, Luna y Fiona son heroínas de guerra. Por azar les tocó dejar la cómoda sala de una casa y el cariño de un par de niños que se durmieran los fines de semana en sus barrigas, para irse al monte a patrullar, a buscar minas y a salvar soldados.

Es la madrugada del 3 de julio y Katty, una Labrador dorada de 4 años, empieza otro día de persecución contra 'Alfonso Cano'. Lleva un año con el pelotón Anaconda 66 del batallón de contraguerrilla 121. Ella y su guía canino, el soldado Gustavo Coronado, han estado juntos desde que los certificaron como buscadores profesionales de explosivos, el 26 de agosto del 2008.

Es una mañana fría en La Gorgona, estribaciones de los Parques Naturales, en Íquira (Huila). El día anterior los combates habían estado recios y los militares esperaban llegar a otro punto menos frío y más plano para recibir la comida de los próximos 15 días. En ese vuelo de Black Hawk también llegaría el concentrado de Katty y el jabón contra las garrapatas, principal enemigo de los perros extiexplosivos, aparte de las minas.

Pero Coronado, en dos años, nunca descuidó su aseo y en medio de los espacios que daba la guerra la espulgaba minuciosamente. Para ella era un juego.

Sobre las 9:20 de la mañana, cuando ya había empezado el desplazamiento, uno de los militares del grupo Exde (Equipo de explosivos y demoliciones) dio la alerta: había algo anormal en el terreno.

De inmediato Katty tomó la delantera, empezó a olfatear y en cuestión de segundos su pata activó el dispositivo de un campo minado. Ocho explosivos unidos por un invisible hijo de nylon estallaron. La onda tumbó a todos los soldados que iban detrás de la Labrador que, literalmente, voló más de diez metros.

La perrita quedó aturdida en medio del desconcierto y con las pocas fuerzas que le quedaron salió corriendo. Coronado empezó a gritar su nombre, pero Katty no respondía y los soldados se imaginaron lo peor. Pensaron que había quedado mutilada.

Hubo silencio total en esa selva montañosa. Eso permitió escuchar el gemido del animal que estaba entre unos matorrales agazapada y llena de esquirlas.

Coronado la tomó entre sus brazos buscando sus extremidades, que afortunadamente estaban completas. Puso su frente contra la de ella y le susurró: "ya nos vamos a ir preciosa".

Esa mañana, un equipo periodístico de EL TIEMPO recorría la zona buscando versiones sobre la suerte de 'Cano' y presenció la premura del coronel Jorge Iván Monsalve, comandante de la Brigada Móvil 8 para evacuar al animal al hospital en Neiva. "Ella es un soldado más", fue lo único que dijo el oficial.

Mientras llegaba el helicóptero, Coronado logró estabilizar a Katty que tenía múltiples heridas por esquirlas. Después de tres horas la aeronave pudo entrar a la zona. El soldado Coronado cargó a su inseparable amiga y subió al Black Hawk. En los ojos de ambos se notaba la tristeza y la ansiedad.

Horas después, ya en Neiva, Katty recibió atención veterinaria y la incapacidad de rigor. Pese a que el problema inicial en su audición fue controlado, hace 15 días Coronado recibió la noticia de que su perrita se tiene que ir de baja de las filas; quedó con un trauma por el ruido de la explosión y así no puede ser apta para el trabajo. La próxima semana será pensionada y condecorada.

"Todos los días nuestros soldados y nuestros caninos se ven de frente con la muerte y duele que muchos colombianos no lo reconozcan", dice uno de los oficiales de la Móvil 8 que en lo corrido del año ha desactivado 330 campos minados en medio de la cacería del máximo jefe de las Farc.

En todo el país son cerca de 20 perros los que han salvado a por lo menos 300 soldados de quedar mutilados o morir.

Katty quedó viva y aunque tal vez ella no lo entienda, esa mañana del 3 de julio salvó la vida de ocho hombres. Ahora pasará sus días de jubilada en Tolemaida, donde está el hospital de perros y el centro de concentración de 'los retirados' y lisiados, pues no todos corren con la suerte de Katty Coronado, como la bautizó su guía canino.

Luna, otra Labrador dorada murió instantáneamente hace 20 días cuando sus patas se enredaron con el hilo que conectaba el campo minado. Los combates y el mal clima no permitieron que su cuerpo fuera evacuado. En la montaña quedó una crucecita con su collar y la placa de su nombre. Ahora los soldados Coronado y Balaguera, los guías de Katty y Luna, están haciendo el duelo por sus compañeras de trabajo y amigas, mientras inician de nuevo el entrenamiento. Como los soldados caídos, por cada uno que se va debe llegar otro. Es el precio absurdo de la guerra.
 
Perros reclutas

Los perros antiexplosivos del Ejército son entrenados por expertos de la Escuela de Ingenieros, que maneja los grupos de desminado.
Los cachorros Labrador y Golden Retriever son 'reclutados' o comprados. A los dos años ya están listos para ir al campo de combate y a pesar de la protesta de las organizaciones protectoras de animales, se han convertido en salvadores de vidas humanas. Su edad de retiro son los 7 años y siempre están con el mismo soldado.

JINETH BEDOYA LIMA
SUBEDITORA DE JUSTICIA
jinbed@eltiempo.com

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