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Álvaro Uribe, de presidente 'indispensable' a tuitero enfadado

Álvaro Uribe, de presidente 'indispensable' a tuitero enfadado

Vive un aislamiento político cada vez mayor y algunos escándalos ensombrecen su paso por el poder.

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El ex mandatario colombiano Alvaro Uribe dejó la presidencia con una altísima tasa de aprobación y a un supuesto hijo espiritual en su cargo, Juan Manuel Santos. Uribe, de 59 años, abogado de profesión, presentado en el 2002 como el hombre providencial e incansable para restablecer el orden en una Colombia ensangrentada por los atentados y atemorizada por los secuestros (más de 3.000 ese año), sigue siendo 'hiperactivo', según sus allegados.

Su pasaporte diplomático, de 120 páginas, ya ha tenido que ser renovado dos veces por sus numerosos desplazamientos, cuenta su jefe de prensa, Ernesto Macías: "Viaja constantemente, a Estados Unidos, Centroamérica, América del Sur, Europa", dictando conferencias. En Colombia, ha organizado 15 talleres democráticos, conversatorios en los que participa con aliados en distintas ciudades. Tanto que sólo habrá pasado unas siete noches en la casa que tiene alquilada en un cuartel de policía del norte de Bogotá, por razones de seguridad", dice.

Ni de su finca ganadera, el Ubérrimo, en el norte del departamento de Antioquia, se ha desentendido: "Llama todas las mañanas a las seis al administrador para saber cómo van las vacas, y a ponerle tareas", cuenta un allegado.

Pero entre sus conferencias, Uribe, político de derecha que por ahora no aspira a ningún cargo, no duda en comentar las acciones de su sucesor y la política internacional en su cuenta de Twitter.

Un medio de comunicación instantáneo que usa también cada vez más para responder a aquellos que acusan a su gobierno de corrupto y violador de derechos humanos, lanzando auténticas ráfagas al ciberespacio, y mostrando a menudo su nerviosismo, incluso contra Santos, el que fue su mejor ministro de Defensa.

"Como elector del gobierno actual me ofende que su política anticorrupción sea un show contra nuestro Gobierno", escribió Uribe en su cuenta hace pocos días, refiriéndose a las publicitadas investigaciones de la justicia contra sus colaboradores más cercanos, como fue Andrés Felipe Arias, ex ministro de Agricultura, apodado 'Uribito', y hoy en detención preventiva por un escándalo de corrupción, una reacción que quizás haya dañado su imagen, según amigos y enemigos.

"El estilo de él es defenderse como sea. Es su forma y su manera de ser, aunque yo lo haría distinto", declaró Fabio Echeverri, ex gerente de su campana electoral en 2006. "Tampoco la gente debe olvidar todo lo bueno que hizo por el país", insistió.

Uribe, según personas cercanas a él, se siente traicionado por Santos, ya que éste no dudó en nombrar como ministros a dos de los que eran considerados como sus enemigos políticos: el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, y el ministro de Justicia, Germán Vargas Lleras.

Pero la opinión ya no le sigue: mientras Santos, que parecía un aburrido tecnócrata, ostenta una tasa de aprobación del 71 por ciento, la favorabilidad del 'indispensable' Uribe ha caído de 80 por ciento a 60 por ciento.

Los colombianos parecen apreciar a Santos, que quiere transformar la sociedad reparando a las víctimas del conflicto armado, o luchar contra el desempleo y no sólo contra la guerrilla.

Uribe "fue un buen presidente. Colombia necesitaba mano dura. Pero ya había cumplido su tiempo", dijo Zena Ayoub, estudiante en Ciencias Políticas que asistía la semana pasada a uno de sus coloquios en Bogotá. "En una democracia tiene que haber cambios", opinaba otro estudiante, Sebastián Pardo, de 22 años: "Hubo buena seguridad, pero pasando por encima de muchas cosas".

"El creía que su agenda (la seguridad ante todo) iba a perdurar y la agenda no tuvo continuidad" con el nuevo gobierno, explicó el politólogo y analista León Valencia.

Eso, sumado a los escándalos de corrupción de su gobierno que se han destapado y a que sectores políticos importantes le han abandonado, hace que Uribe haya "quedado muy por fuera de la vida política y del poder", concluyó Valencia. Pero no hay que desestimar "su fuerte conexión con el pueblo de la Colombia profunda, el de las regiones, los ganaderos, los palmeros", dijo. "Su proyecto sigue vivo, aunque esté ahora a la defensiva".

AFP

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