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El 'ángel' que le calma el hambre a los obreros de la 26

El 'ángel' que le calma el hambre a los obreros de la 26

Eduardo Ayala se pasea en su bicicleta por las obras, con un cargamento de pan y tinto.

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Cuando el reloj marca las 2 de la tarde, Eduardo Ayala se resiste a salir de las cobijas. Es más de la mitad del día para el común de la gente, pero para este hombre, de 42 años, el día apenas empieza.

A esa hora el agua de cuatro ollas empieza a hervir y se convierten en la materia prima del tinto oficial con el que los obreros de la troncal de TransMilenio de la calle 26 espantan el frío y acompañan el cigarrillo de la madrugada.

Su jornada nocturna recorriendo los tramos de mayor trabajo de la vía para vender desde pan con mantequilla hasta huevo cocinado lo han hecho merecedor del título del noctámbulo de la calle 26.

Lo cierto es que este ibaguereño, como un perro sabueso, va tras el rastro de su presa: las obras, en las que ha encontrado la forma de ganarse la vida.

Este noctámbulo 'caza' obreros y como si fuera un funcionario del Instituto de Desarrollo Urbano, conoce los horarios de trabajo y las calles que están siendo intervenidas en la ciudad.

"Tengo conocidos que me llaman y me datean, sobre todo cuando trabajan los 'patiasados' (obreros que pavimentan las calles)", cuenta el comerciante.

La demanda es tan alta que Ayala puede vender, en una sola noche, hasta 50 huevos y desocupar hasta la última gota de tinto, agua de panela y colada de 16 termos.

Doble media y pantalón para el frío, un cristo de cobre en vez de chapa en el cinturón, la bendición y a rodar sobre una bicicleta panadera por al menos 20 kilómetros.

Al llegar al deprimido del Concejo, luego de llevar 80 kilos sobre su 'burra', Eduardo se convierte en el hombre más famoso de la 26.

"Aquí no solo viene a calmarnos el hambre, sino que es como nuestro ángel de la guarda, porque fijo él se va y a uno lo roban", advierte un obrero.

Eduardo Ayala sabe que con la entrega de la calle 26 su negocio deberá rodar en otra parte, pero no le preocupa; sabe que en Bogotá las obras están a la orden del día.

"Estoy fresco porque aquí rompen calles a diario", sentencia. Luego, se pierde en las primeras luces del nuevo día.

LINA SÁNCHEZ ALVARADO
REDACTORA DE EL TIEMPO

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