La traquetización de los ricos

La traquetización de los ricos

08 de diciembre 2008 , 12:00 a.m.

Maestros y directivos de colegios privados de estratos altos de diferentes ciudades del país comentan con preocupación lo que viene ocurriendo en ese segmento privilegiado de la educación. La educación privada no solo se caracteriza por ser financiada por las familias, sino porque es hermética de puertas para dentro. Más allá de los buenos resultados académicos, el origen social y económico de los niños moldea una cultura particular, que circula en los patios de recreo, la vida social, el modelo de autoridad y los comportamientos que asumen frente al mundo en el que viven. Una maestra con mucha experiencia me decía que le sorprendía un proceso que ella llamaba "la traquetización de los ricos", que se manifiesta en las actitudes agresivas y prepotentes de los estudiantes.

Comportamientos de muy mal gusto fueron introducidos por los narcotraficantes, que, viniendo de sectores muy poco educados, se encontraron de pronto con inmensas fortunas sin destino claro. Surgieron Carlos Lehder con su Posada Alemana, Rodríguez Gacha y sus pasiones de mariachi, Pablo Escobar y sus ambiciones políticas, los Rodríguez Orejuela y sus bríos empresariales, los Ochoa y sus caballos de paso fino... Compraron fincas, hicieron edificios espantosos, construyeron casas enormes, inventaron zoológicos, fabricaron reinas y modelos. Sus hijos organizaron fiestas amenizadas por Julio Iglesias para sus compañeritos y repartían bicicletas y cadenas de oro como sorpresa. Además, entrenaron ejércitos de matones y se aliaron con políticos y dueños de fincas que requerían protección contra las guerrillas y apoyo electoral.

Con ingenuidad creí que las segundas generaciones, educadas en los mejores colegios privados y en universidades extranjeras, terminarían por mimetizarse bajo el ropaje de modales y comportamientos sociales más refinados y decentes y se convertirían en un par de décadas en empresarios discretos. Pero ocurrió lo inesperado: muchos ricos cuyos bienes eran incuestionables asumieron los comportamientos y gustos de los 'traquetos'.

La discreción con que las familias tradicionales habían llevado su riqueza dio paso al exhibicionismo propio de los nuevos ricos. Se agudizaron los comportamientos agresivos, trasladados a sus hijos, que se fueron haciendo como sus padres. Ocasionalmente afloran escándalos de violaciones y golpizas entre adolescentes de este estrato. Ha habido casos de jovencitos que asaltan residencias, roban exámenes y organizan jornadas nocturnas de 'limpieza social'. Esto para no hablar del aquelarre en que se convierten paseos de fin de año en hoteles del país y del exterior. Licor, drogas y sexo circulan con la complicidad de las familias, que luego les piden respuestas al Estado y a los colegios, mientras piensan en fiestas temáticas para niños de primaria, en las que gastan decenas de millones de pesos.

Muchas adolescentes aspiran a su primera lipoescultura o a sus implantes de silicona, porque sus madres ya lo han hecho emulando la belleza que fabricaron las fortunas rápidas en las muchachitas que, siendo las queridas de los narcos, aspiraban también a ser modelos o reinas. En algunos de estos colegios se hizo necesario organizar parqueaderos para las burbujas de los guardaespaldas de los alumnos que, al igual que sus padres, sienten que circular rodeados de personal armado es gran símbolo de poder. Lo malo es que estos niños son las víctimas de unos patrones sociales perversos, sostenidos y profesados como normales por sus padres que, sin duda, detentan buenas cuotas de poder en la sociedad. Y, más tarde, pero mucho más pronto de lo que quisiéramos, heredarán esa tajada del ponqué repitiendo y agrandando su prepotencia y convirtiéndose en victimarios.

No sobra reflexionar sobre esto, cuando muchos de estos enclaves del estrato seis solo se ocupan de los resultados académicos que publica el Icfes. Luego nadie entiende el éxito de las pirámides.

frcajiao@yahoo.com

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