DOS GOLAZOS DE RINCÓN, LA MEJOR DESPEDIDA

DOS GOLAZOS DE RINCÓN, LA MEJOR DESPEDIDA

Mientras hubo partido, todo bien, todo bien. Es decir, durante 54 minutos. Porque la expulsión de Antonio Carlos, al minuto 9 de la complementaria, echó por tierra toda una fiesta que Pereira, en nombre del país entero, había preparado con todas las de la ley para despedir a la Selección Colombia. Pero ese festejo se apagó por la expulsión de tres jugadores del Palmeiras, un cuadro que hasta cuando estuvo completo le llegó con propiedad a Oscar Córdoba y hasta señalaba el camino para llegar al empate. Pero la exageración de Jorge Zuluaga, el juez central, tornó en melancólica esta despedida.

13 de junio 1994 , 12:00 a.m.

Daban ganas de no cerrar los ojos, so riesgo de perderse alguna de las geniales pinceladas que sobre el terreno de juego trazaban los 11 titulares del combinado nacional ante el Palmeiras que, valga la repetición, mientras hubo partido resultó un excelente examinador.

Los ojos no estaban mintiendo: los 32 mil aficionados apostados en las tribunas del estadio Hernán Ramírez Villegas y los 30 millones de compatriotas al frente de sus televisores, estaban observando al verdadero Dream Team (Equipo de Ensueño).

Esos primeros 20 minutos del juego de ayer, el último de la etapa de preparación antes del Campeonato Mundial, son inolvidables. Por la perfección con que Colombia labró las jugadas, por el arte que cada uno de los protagonistas le puso a su obra, por el alto nivel de exigencia que representaba el rival, porque era el mejor premio para una afición que se entregó de cuerpo y alma a su Selección y armó una fiesta monumental.

El técnico Wanderley Luxemburgo y los jugadores del Palmeiras habían anunciado que intentarían jugar de tú a tú con Colombia. Y así lo hicieron. Solo que ese atrevimiento se convirtió en la mejor puya para que el cuadro criollo pusiera sobre el tapete lo más granado de sus argumentos, aquellos que solo afloran cuando se piensa con el alma.

El detonante fue Adolfo El Tren Valencia que hacía su primera presentación como seleccionado en esta capital, en una maravillosa jugada individual al minuto 8. A 30 metros del arco comenzó su genial obra, encarando, desbordando, cambiando de ritmo, regateando y dejando rivales. Solo que al momento de poner la firma no encontró el pincel adecuado y su remate salió desviado.

Pero a partir de ahí, comenzó el más espectacular concierto de la Sinfónica de Colombia , sin un solo acorde destemplado.

Entonces, apenas faltaba el gol para convertir al Hernán Ramírez en el manicomio más poblado del país. Y ese gol no pudo ser mejor. Con el estilo característico de Freddy Rincón, es decir, una obra colosal. Toque va, toque viene, se abre el espacio y, desde 30 metros, el morocho empalma un remate que se coló por el ángulo superior izquierdo del arco de Roberto El Gato Fernández. Corría el minuto 15 y ya era el delirio colectivo.

Pero Colombia bajó la guardia, se dejó entusiasmar por los lujos, se atrevió a desdibujar a su rival, y la temperatura bajó. Tanto, que Palmeiras tuvo dos claras ocasiones para igualar, una con Edilson que salvó Oscar Córdoba y otra de Antonio Carlos.

El segundo tiempo prometía ser mejor. El campeón brasileño salió todavía más animado. Adelantó un poco más sus líneas y fue a buscar el partido allí donde se cuecen las habas. En consecuencia, se desprotegió en la retaguardia y le dejó a Colombia los espacios necesarios para continuar con el deleite.

Toque va, toque viene, cambio de ritmo y puntillazo. Esa era la melodía que repetía sin cesar la Sinfónica de Colombia . Y en uno de esos acordes brillantes, cuando ya Faustino Asprilla se aprestaba a apretar el gatillo, a Antonio Carlos no le quedó más recurso que agarrarlo de la camiseta. Penal indiscutido y tarjeta roja, porque había inminencia de gol y, además, era el último zaguero.

Ahí acabó el partido, como tal. Porque el Palmeiras, que exhibió los suficientes argumentos futbolísticos, técnicos y tácticos para brindar un espectáculo decoroso, cayó en la trampa del toque mágico de Colombia, se dejó llevar al desespero y prefirió jugársela con la más fácil: echarle la culpa al árbitro Jorge Zuluaga.

El penal lo ejecutó con maestría El Tren para el 2-0.

Y antes de que el Palmeiras reanudara las acciones, el irascible Cléber (que se ganó de chepa un puesto en la Selección Brasil para el Mundial, pues remplazará al lesionado Ricardo Rocha), también se fue para las duchas anticipadamente por presunto insulto al hombre de negro. Asunto liquidado, porque sobre el terreno ya no había sino un equipo de fútbol.

Los restantes 34 minutos de juego sirvieron para que Amaral, por falta desde atrás, también fuera expulsado. Y para que Freddy Rincón le regalara a todo el país otra obra maestra, para el certero 3-0.

Habilitado por Anthony De Avila, El Coloso le hizo al zaguero Tonhao la finta de cintura más espectacular que el brasileño haya soñado. De espaldas y de taquito, lo eludió en un ocho y luego crucificó a Fernández.

No fue el final esperado para una fiesta que comenzó de manera tan espectacular. Pero esos primeros 20 minutos de Colombia y el par de golazos de Freddy compensan cualquier detalle adverso.

Con el regular arbitraje de Jorge Zuluaga, los equipos alinearon así: Colombia: Córdoba (7); Herrera (6, Serna), Perea (6), Escobar (6) y Pérez (6); Rincón (8), Alvarez (7), Gómez (5) y Valderrama (6, Lozano); Asprilla (6, Valenciano) y Valencia (7, De Avila).

Palmeiras: Fernández (6); Claudio (5), Antonio Carlos (5, expulsado), Roberto Carlos (5) y Cléber (5, expulsado); Sampaio (5), Amaral (6, expulsado) y Edilson (6); Maurilio (4, Tonhao), Evair (6) y Jean Carlos (5).

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