La renuncia de Carlos Medellín a la embajada en el Reino Unido crea una tormenta en el Gobierno

La renuncia de Carlos Medellín a la embajada en el Reino Unido crea una tormenta en el Gobierno

Será remplazado por Juan José Chaux.

19 de diciembre 2007 , 12:00 a.m.

EL EMBAJADOR saliente de Colombia en el Reino Unido, Carlos Medellín, y a quien el Gobierno le ofreció la Embajada en Holanda, llegó a Bogotá el pasado viernes 14 en la noche, convocado por la Cancillería para una serie de reuniones relacionadas con la estrategia que Colombia debe seguir para defender su posición en materia de áreas marítimas, el aspecto del litigio con Nicaragua que el reciente fallo de la Corte Internacional de La Haya dejó pendiente de definición.

El sábado en la mañana, su esposa María José Cano le dijo que estaban invitados a la casa de su madre, Ana María Busquets de Cano, donde se reunirían con sus hermanos Juan Guillermo, Fernando y Camilo. Después del almuerzo, Medellín y su esposa salieron a reunirse con la familia y ya allí, al final de la tarde, llegó un ejemplar de El Espectador. El artículo de primera página titulado Lazos familiares, sobre el estado de la investigación por el asesinato hace 21 años del entonces director, Guillermo Cano, por orden de Pablo Escobar, llamó la atención de su viuda y sus hijos.

El periódico pasó de mano en mano, cada uno lo leyó en silencio hasta que le llegó el turno a Medellín, quien por las caras de su esposa, su suegra y sus cuñados advirtió que algo distinto a lo que ya todos sabían los había dejado prácticamente congelados. El ex ministro leyó el artículo y tras un largo silencio les dijo que el contenido lo obligaba a renunciar a la Embajada en Holanda, país que ya le había dado el beneplácito.

CAMBIO pudo establecer, con una fuente cercana a la familia Cano, que Medellín encontró especialmente grave en el artículo el hecho de que Carlos Alberto Gaviria Vélez, hermano mayor del asesor del presidente Uribe, José Obdulio Gaviria, apareciera mencionado al lado de Luis Carlos Molina Yepes, el hombre que administró el dinero de la mafia para asesinar a Cano, el 17 de diciembre de 1986, cuando salía de la sede del periódico.

El artículo revivió en la familia Cano todo el horror y el dolor por el asesinato de quien, con valentía, desde su columna Libreta de Apuntes, se convirtió en uno de los principales cruzados de la lucha contra las mafias del narcotráfico, al lado del entonces Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, que había  empezado una lucha frontal contra el fenómeno en 1983. "¿Dónde están que no los ven?", se preguntó Cano muchas veces, refiriéndose a los jefes de los carteles de la droga.

Y su viuda y sus hijos recordaron también que, gracias a sus denuncias, Pablo Escobar no había podido llegar a la Cámara como suplente de Jairo Ortega, el hombre que le tendió una trampa a Lara Bonilla en el Congreso con un cheque del narcotraficante Evaristo Porras. Cano se había encargado de recordar la vieja historia de un jalador de carros cuyo rostro coincidía con el del capo.

Esos recuerdos y saber que un hermano del asesor presidencial José Obdulio Gaviria había pertenecido al círculo de Molina Yepes, llevaron a Medellín a tomar la decisión de renunciar a la Embajada en Holanda y marginarse del Gobierno. La conexión tan directa del hermano mayor del asesor presidencial con el hombre que había distribuido la plata del cartel de Medellín para asesinar a Cano, enfrentaron al ex ministro a un dilema ético y a un conflicto personal e íntimo.

Medellín experimentó la misma sensación de incomodidad y duda que, días antes, había sentido Rodrigo Lara, zar anticorrupción, al leer un artículo de El Nuevo Herald que ataba cabos sueltos en el caso de la muerte de su padre, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado también por el cartel de Medellín, y cuya lectura lo llevó a renunciar.

Según la fuente de la familia Cano consultada por CAMBIO, Medellín le había dado hasta entonces el beneficio de la duda a quien es hoy la mano derecha del presidente Uribe, con el argumento de que una persona no es responsable ni puede ser juzgada por delitos de sus familiares, pero la lectura del artículo le dejó más dudas que certezas y por eso decidió renunciar. "Esa convicción lo mantuvo de pie, haciendo una tarea por el país en el exterior -le dijo a CAMBIO una persona cercana al ex ministro-. Pero ahora es distinto, él no puede estar en el Gobierno del que hace parte José Obdulio Gaviria".

En el fondo es un tema de conciencia que Medellín ha dicho que no va revisar. Al fin y al cabo él también es víctima de la escalada de violencia que azota al país desde hace décadas: su padre, el magistrado Carlos Medellín Forero, murió en la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Herido en el ala

La sorpresiva dimisión de Medellín, justo cuando se disponía a hacer parte del equipo jurídico que defiende los intereses de Colombia en La Haya, contribuye a crecer la bola de nieve que desde hace varias semanas envuelve a Gaviria por la forma en que ejerce su tarea como asesor y escudero incondicional del Presidente.

El fin de semana pasado, tras la renuncia del zar anticorrupción, Gaviria se convirtió en centro de controversia por señalamientos en el sentido de que le había ocultado a Lara que el diario de Miami iba a publicar un artículo sobre el asesinato de su padre, Rordrigo Lara Bonilla, ejecutado por el cartel de Medellín. Y no ha dejado de ser centro de polémica en las últimas semanas por cuenta de entrevistas y declaraciones en las que se destacan sus ataques contra los medios.

Gaviria, caracterizado por su actitud de luchador, polemista y provocador, ha convertido a los medios en blanco preferido de sus insultos. "Bellacos", "abusivos", "cloacas" y "sumideros de estiércol" son algunos de ellos. Pero tal vez el mayor desatino lo cometió en una reciente entrevista con Antonio Morales en la revista Credencial, cuando puso en el mismo nivel a la agencia de prensa de las Farc, Anncol, y a la revista Semana y dijo que en su guerra conceptual contra el presidente Uribe y en cierta forma contra mí, "se juntaron la maldad de las Farc con la brutalidad de Semana".

A la hostilidad y agresividad del asesor contra medios y periodistas, muchos columnistas han respondido con serios cuestionamientos sobre su papel y el hecho de que -pagado por el PNUD y no por el Gobierno- no tiene quién lo ronde, y hasta han planteado la conveniencia de su renuncia. Por ejemplo, María Jimena Duzán sostuvo en El Tiempo, que "José Obdulio ha desafiado olímpicamente los estrados judiciales", y María Isabel Rueda en su columna de Semana escribió que debía dejar el Gobierno.

A todo esto se suman las renuncias de Lara Restrepo y del ex ministro Medellín, y las denuncias de El Espectador sobre las conexiones de su hermano mayor con el hombre que distribuyó la plata para asesinar a Guillermo Cano.

Gaviria, sin duda, está pasando por el momento más difícil desde que llegó a la Casa de Nariño. Está bebiendo dosis concentradas de la misma medicina que les ha dado a sus detractores y a críticos del Gobierno, y no pocos consideran que está herido en el ala, que está contra las cuerdas, y que hay razones suficientes para su salida del Gobierno.

Es posible que ocurra, a pesar de que si algo ha demostrado el presidente Alvaro Uribe es que defiende a sus colaboradores a capa y espada, y que les otorga puntos cuando casan peleas para defender a su administración. Y eso es, precisamente, lo que hace José Obdulio con lujo de competencia. Pero si ocurre no será muy pronto. Será cuando baje la marea y las vacaciones de fin de año hagan su efecto de anestesia en la gente. Ningún gobierno, y aun menos el de Uribe, entrega cabezas por cuenta de presiones externas y menos aun si vienen de los medios.

No obstante, el mismo Gaviria en reuniones privadas recientes ha dejado leer entre líneas que no ve lejos su salida. Pero mientras tanto intenta sobreaguar, como lo demostró en su extensa columna del miércoles en El Tiempo, en la que se defendió de las críticas más recientes con un tono semejante al que utilizó su jefe inmediato esa mañana en una entrevista de más de una hora en La FM de RCN, aunque con menos agresividad de que muchos esperaban y sin referirse al tema de fondo: las menciones de su hermano en el informe de El Espectador.

Catalogó como refritos los argumentos que han esgrimido en su contra, rechazó la versión de que visitaba a su primo Pablo Escobar en la Catedral y además dijo que fue su contradictor y que tiene testigos de que fue activista contra el cartel de Medellín y crítico de la política de sometimiento a la Justicia. En el escenario político, dice que militaba en el movimiento izquierdista Firmes mientras Escobar hacía parte de las filas de Alberto Santofimio.

Daño colateral

La novena de aguinaldos no será precisamente de "piticos y tambores" para el asesor presidencial y falta ver el daño causado en el mediano plazo, entre otras razones porque la tempestad de los últimos días se produjo antes de la renuncia de Carlos Medellín, cuyo significado político no se puede minimizar.

La pérdida del ex embajador es sensible para el Gobierno, aunque no afecta de ninguna manera el problema que Colombia debe enfrentar en los próximos meses en La Haya, donde el país está representado por un experto, el embajador en Cuba Julio Londoño.

Aunque ni el entorno político ni la imagen presidencial se pueden comparar con el polémico proceso 8.000, recuerda algunas renuncias -las de Noemí Sanín y Gloria Pachón de Galán- que tanto daño le hicieron a Ernesto Samper hace 12 años (ver recuadro). Medellín, además, está ligado como pocos a las víctimas del Palacio de Justicia y fue el Ministro que revivió la extradición de nacionales. Desde el punto de vista político, ha sido un aliado fiel del Gobierno -como lo recordó el Presidente en la entrevista de La FM- y al igual que Rodrigo Lara es miembro de Cambio Radical, uno de los bastiones de la coalición uribista.

Más allá de la renuncia de Carlos Medellín por la incomodidad que le produce compartir equipo con José Obdulio Gaviria, para éste último mantenerse en el cargo no es lo mismo que curar los daños de los sucesivos golpes que ha recibido en las últimas semanas. Tantas peleas casadas y una serie de cuestionamientos como los que le han hecho en los últimos días debilitarían a cualquiera. Y mucho más a un escudero como él, cuya función depende de la credibilidad de sus tesis.

Todo indica que los días difíciles se van a prolongar. De una parte, porque el estilo frentero y peleador del Gobierno -que en José Obdulio tiene un exponente de primera- no es propiamente una garantía de paz política. Pero, también, porque si algo se sabía que iba a venir con la reelección presidencial, para el jefe del Gobierno y para sus seguidores más cercanos, era el clima tormentoso típico de los segundos períodos. 

LA GOTA QUE REBOSÓ LA COPA

El artículo publicado el domingo pasado por El Espectador motivó la renuncia de Carlos Medellín. Mencionó que en el rastreo de las cuentas y negocios de Luis Carlos Molina ¿el hombre que distribuyó la plata para el asesinato de Guillermo Cano¿, los investigadores encontraron dos cuentas abiertas en una sucursal del Banco Ganadero en Medellín: una a nombre de Carlos Alberto Gaviria, hermano mayor del asesor presidencial José Obdulio Gaviria, y otra conjunta con Luis Javier Castaño Ochoa, condenado en 1986 a 36 meses de prisión en Estados Unidos por lavado de activos, y quien años más tarde, en 2001, perdió la curul como representante liberal por Antioquia en el Congreso, por violación del régimen de inhabilidades

Pero, además, descubrieron una cuenta corriente abierta en el mismo banco por recomendación de Gaviria Vélez, a nombre de Héctor Barrientos, administrador de la hacienda Nápoles, propiedad del jefe del cartel de Medellín. Carlos Alberto Gaviria reconoce que tuvo relaciones comerciales con Molina y Barrientos, pero aclaró que se alejó de ellos hace años.

El artículo recuerda también cómo la investigación por la muerte de Cano fue entorpecida por Escobar, quien ordenó asesinar a los que participaban en ella: el abogado de la parte civil, Héctor Giraldo Gálvez,  el magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, Carlos Valencia García,  y la juez sexta de orden público de Medellín, Myriam Rocío Pérez. Diez años después del homicidio, el Tribunal de Bogotá condenó en ausencia a Castor Emilio Montoya y a Molina Yepes, que purgó seis años de prisión.

En el artículo también aparecen otros dos hermanos del asesor presidencial, Luis Mario y Jorge Fernando, encarcelados en el pasado en EE.UU. por delitos relacionados con el tráfico de drogas. Sobre esto, Carlos Alberto Gaviria dijo: "Si el tema de mis hermanos Luis Mario y Jorge es muy desafortunado, ahora lo es para mí que se hagan conjeturas respecto al caso de Guillermo Cano. Esto sucede porque soy hermano de José Obdulio, pues como decía Cochise, 'en Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer'".

EL PASADO LOS UNE

Aun cuando los dos momentos que vivía el país son distintos, las renuncias del zar anticorrupción Rodrigo Lara y del embajador en Londres, Carlos Medellín, tienen cierto parecido con decisiones similares que hace 12 años tomaron las embajadoras en Londres, Noemí Sanín y en Francia, Gloria Pachón, para retirarse del gobierno de Ernesto Samper.

Cuando empezó el Gobierno de Samper en 1994, Sanín y Pachón aceptaron representar al país en esas delegaciones diplomáticas porque el escándalo del proceso 8.000 apenas despuntaba y la responsabilidad del mandatario en la financiación de la campaña por la mafia estaba aún por establecerse.

Sin embargo, las dos embajadoras optaron por la renuncia a finales de 1995, después de que el entonces Fiscal General Alfonso Valdivieso acusó a Samper ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes por permitir el ingreso de dineros calientes en la campaña que lo llevó al poder.

La decisión de Valdivieso produjo la salida de otros funcionarios y embajadores, pero el retiro de Sanín y Pachón, viuda de Luis Carlos Galán, produjo un sismo en el país.

Las renuncias del zar anticorrupción y del embajador en Inglaterra no tienen que ver directamente con la conducta del presidente Alvaro Uribe, pero se parecen a las otras en su alto componente moral.

Lara dimitió porque su padre asesinado pronosticó que algo malo le iba a suceder por el descubrimiento del complejo coquero de Tranquilandia en Caquetá. Medellín, porque el hermano mayor del asesor presidencial José Obdulio Gaviria aparece mencionado en el expediente abierto por el homicidio del director de El Espectador, Guillermo Cano Isaza.

A diferencia del gobierno de Samper, donde se produjo una cascada de renuncias, en el caso de Uribe no se prevé un fenómeno parecido.

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