El Parque Nacional Cueva de Los Guácharos cumplió 50 años

El Parque Nacional Cueva de Los Guácharos cumplió 50 años

Medio siglo cumple este espacio donde se visitan cuevas de gran valor geológico y faunístico.

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12 de octubre 2011 , 06:10 p.m.

Entre las montañas que enmarcan el departamento del Huila y el suroccidente de Caquetá, se encuentra el Parque Nacional Cueva de los Guácharos, creado desde 1960, y que es el área protegida más antigua del país.

Son cerca de 90 kilómetros cuadrados de la cordillera Oriental, en los que se resguardan bosques húmedos, páramos y robledales, que son el hábitat del ave que le dio su nombre a este gran sistema: el guácharo.

Este pájaro nocturno, que habita en las cuevas, se alimenta de lauráceas y palmeras, siendo su favorita la palma de seje, que se encuentra a casi 80 kilómetros de distancia de la cueva, en Caquetá. Con frecuencia, recorre esta distancia en busca de su alimento preferido.

El parque también es hogar de especies casi extintas, como el cedro rosado, el comino, el cobre y el roble blanco. Las orquídeas y palmas adornan el lugar y no es difícil ver cauchos, algodoncillos o arrayanes, cuyos verdes compiten con los del aguacatillo.

Las cuevas son el hábitat natural del guácharo, el ave que le da nombre al parque.

Los guácharos recorren con frecuencia casi 80 kilómetros en busca de su alimento preferido, la palma de seje. 

Reino de agua, verde y piedra

Los guácharos comparten su reino con osos de anteojos, venados y tigrillos en esta tierra del Huila.

Para ingresar al Parque Nacional Cueva de los Guácharos, optamos por la carretera que de Pitalito (Huila) va a Palestina y a la vereda La Mensura. Luego, a pie, por el sector de la quebrada La Cascajosa y de allí, por el margen derecho del río Suaza, hasta su nacimiento.

Este río surge en los picos de La Fragua, con chorros enérgicos entre piedras cubiertas de musgo. Las aguas se arrojan en un húmedo recodo oscurecido por los árboles. Por encima crece el bosque andino; debajo, piedras pulidas, un diseño labrado por la fuerza del nuevo río. Luego, lo que era un riachuelo se convierte en cauce sin tregua.

Un enorme puente natural de arco calcáreo con más de 20 metros de altura enmarca la entrada de las aguas parduscas del río a la cueva de los Guácharos, el núcleo paisajístico del parque y morada oficial del guácharo (Steatornis caripensis).

El sistema también incluye hacia el norte otras tres cuevas: la del Indio, la del Hoyo y la del Cuadro. La del Indio es la más interesante por sus traviesas formaciones calcáreas y sus 11 túneles secundarios, que tienen nombres como el de la ventana, el de las pizarras y el de la columna.

Formaciones como el pesebre, la medusa, el monje y el pastel también han sido aquí el pasatiempo predilecto de la erosión y los siglos.

En la zona del parque, donde antes vivieron tribus precolombinas, ahora mandan micos churucos, maiceros, ñeques, venados, osos, zorros y tigrillos, así como pumas y jaguares. Suyo es el territorio, pero de todos es la singular belleza que aquí se ofrece.

En un recorrido con el equipo de guardianes del parque, vimos en un cerro frente al sector de cedros a un oso de anteojos que hacía la siesta plácidamente. En la época de fructificación del roble morado no es raro verlo, sus frutos son parte de la dieta.
La armoniosa suma de agua, piedra y verde conforma un regalo para los sentidos y transmite una sensación de fragilidad, de ecosistema que reclama ser cuidado.

FRANCISCO FORERO BONELL

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