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25 de marzo 1992, 12:00 a. m.

ANCIZAR GUZMAN

La tinta y la plumilla se convirtieron en los mejores compañeros de su soledad, esa que eligió como forma de vida. Con estos dos elementos irrumpe en un mundo donde monstruos, caballos, guerreros, mujeres y cuerpos salen a flote para hacerle compañía. Son el resultado de jugar horas enteras con el trazo y el color, con la sensación y la fantasía.

En ese mundo se metió y ahí, con terquedad absoluta, quiere seguir. Es que no sabe hacer otra cosa que crear.

Con ese impulso que lo alimenta diariamente, acaba de terminar una serie de pinturas llenas de color que está exhibiendo en la Biblioteca Darío Echandía. Esta exposición coincide con la exaltación que le acaba de hacer el Herald Tribune como uno de los mejores dibujantes suramericanos.

Esto no cambia para nada su temperamento introvertido, melancólico y nostálgico que lo mantiene cerca de la vida bohemia.

Ancízar Guzmán Arce adora tertuliar con sus amigos al son de las melodías de Tito Cortés, Daniel Santos y Bienvenido Granda.

En medio de esas melodías, recurre con frecuencia al baúl de los recuerdos y es entonces cuando evoca sus tiempos de futbolista en el colegio Jorge Isaacs de Ibagué, donde hizo la primaria; la época en que fue teatrero; los días de peleador callejero y boxeador de la Liga del Tolima.

Al lado de ellos vuelven a aparecer sus creaciones expuestas en museos y galerías de Berlín, Tokio, París, Madrid, Nueva York y Palma de Mallorca.

De esas ciudades regresa siempre a Ibagué, donde nació hace 44 años, para meter a su baúl nuevos recuerdos.