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Nubia Carreño fue agredida por un vendedor ambulante en la noche del domingo 6 de noviembre de 2010 en Girón, Santander. A causa de esto perdió la vista y ha recibido 26 cirugías. Fotos de ANA MARÍA GARCÍA / EL TIEMPO

La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

Nubia Carreño fue agredida por un vendedor ambulante en la noche del domingo 6 de noviembre de 2010 en Girón, Santander. A causa de esto perdió la vista y ha recibido 26 cirugías. Fotos de ANA MARÍA GARCÍA / EL TIEMPO

La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

Nubia Carreño fue agredida por un vendedor ambulante en la noche del domingo 6 de noviembre de 2010 en Girón, Santander. A causa de esto perdió la vista y ha recibido 26 cirugías. Fotos de ANA MARÍA GARCÍA / EL TIEMPO
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  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Aquel día, Nubia preparaba los productos que iba a vender al día siguiente en el Centro Histórico de Girón. Un hombre tocó en la puerta y le ofreció mandarinas, pero ella lo despachó rápido, pasaron cinco minutos y volvieron a tocar la puerta y cuando se asomó de nuevo alcanzó a escuchar: "Es ella".
    Aquel día, Nubia preparaba los productos que iba a vender al día siguiente en el Centro Histórico de Girón. Un hombre tocó en la puerta y le ofreció mandarinas, pero ella lo despachó rápido, pasaron cinco minutos y volvieron a tocar la puerta y cuando se asomó de nuevo alcanzó a escuchar:
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Lo último que vio fue al vigilante de la cuadra acompañando a uno de los vendedores ambulantes que conocía del parque en donde trabajaba.
    Lo último que vio fue al vigilante de la cuadra acompañando a uno de los vendedores ambulantes que conocía del parque en donde trabajaba.
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Lo que vino después fue dolor. El ácido que le fue rociado cubrió casi todo su cuerpo y salpicó en la pierna de su hija menor, de solo ocho años de edad. Gritó y gritó pidiendo ayuda, mientras los hombres huyeron por las calles del barrio. Le ardía toda su piel.
    Lo que vino después fue dolor. El ácido que le fue rociado cubrió casi todo su cuerpo y salpicó en la pierna de su hija menor, de solo ocho años de edad. Gritó y gritó pidiendo ayuda, mientras los hombres huyeron por las calles del barrio. Le ardía toda su piel.
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Con sus manos intentaba limpiarse del líquido que la quemaba. Permaneció 57 días en el hospital, estaba a oscuras y el dolor no la dejaba dormir. Los doctores le decían que se recuperaría pronto, pero a veces se hacía la dormida y los escuchaba decir que se iba a morir, que no aguantaría.
    Con sus manos intentaba limpiarse del líquido que la quemaba. Permaneció 57 días en el hospital, estaba a oscuras y el dolor no la dejaba dormir. Los doctores le decían que se recuperaría pronto, pero a veces se hacía la dormida y los escuchaba decir que se iba a morir, que no aguantaría.
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Durante siete años vendió pinchos y mazorcas y cada día le compraban hasta 400. "Me iba muy bien. Pero al de al lado no le gustaba. La envidia lo hizo hacerme esto", dice sobre las causas del ataque. Según reportes del caso, la Policía confirmó que el motivo de la agresión fue por venganza.
    Durante siete años vendió pinchos y mazorcas y cada día le compraban hasta 400.
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    David Mosquera, un vigilante, y Edinson Diaz, conocido como 'Jugos-jugos' (quien habría ordenado realizar el ataque), recibieron una condena de 27 y 24 años de prisión, respectivamente, por su responsabilidad en el hecho.
    David Mosquera, un vigilante, y Edinson Diaz, conocido como 'Jugos-jugos' (quien habría ordenado realizar el ataque), recibieron una condena de 27 y 24 años de prisión, respectivamente, por su responsabilidad en el hecho.
  • pauta

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  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Al principio, la mujer no denunció el caso. Sintió miedo. Recordó que cuando la atacaron le gritaron: "Cuidadito con denunciarnos, que le hacemos lo mismo a sus hijas". A pesar de la advertencia Nubia denunció a los hombres que alcanzó a reconocer segundos antes del ataque.
    Al principio, la mujer no denunció el caso. Sintió miedo. Recordó que cuando la atacaron le gritaron:
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Nubia tiene 37 años de edad, sus heridas ya sanaron y toma algunas pastillas recetadas como tratamiento para recuperar la visión en su ojo izquierdo. Sonríe, una y otra vez, y con su marcado acento santandereano dice todos los días: "Volveré a ver".
    Nubia tiene 37 años de edad, sus heridas ya sanaron y toma algunas pastillas recetadas como tratamiento para recuperar la visión en su ojo izquierdo. Sonríe, una y otra vez, y con su marcado acento santandereano dice todos los días:
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Su cabello lo mantiene recogido y de su brazo izquierdo cuelgan dos camándulas. Solo lleva unos lentes oscuros que ocultan las profundas cicatrices en sus ojos. Hay quienes se acercan y lloran al verla, pero Nubia solo sonríe y dice: "Así no era, pero me siento como antes: bonita".
    Su cabello lo mantiene recogido y de su brazo izquierdo cuelgan dos camándulas. Solo lleva unos lentes oscuros que ocultan las profundas cicatrices en sus ojos. Hay quienes se acercan y lloran al verla, pero Nubia solo sonríe y dice:
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    No les tiene rencor a quienes la atacaron. El perdón, según cuenta, ya lo dio "hace mucho tiempo" y agradece a la justicia que en un poco más de un año fueron capturados los responsables y ya pesa sobre ellos una dura sentencia, la tercera en el país sobre este tipo de casos.
    No les tiene rencor a quienes la atacaron. El perdón, según cuenta, ya lo dio
  • La sonrisa que un ataque con ácido no pudo borrar

    Ahora solo piensa en su anhelo más grande: volver a ver. Para ello necesita de una cirugía que solo la realizan en Medellín. Quiere ver crecer a sus hijos y demostrarle al mundo que su sonrisa jamás se borrará.
    Ahora solo piensa en su anhelo más grande: volver a ver. Para ello necesita de una cirugía que solo la realizan en Medellín. Quiere ver crecer a sus hijos y demostrarle al mundo que su sonrisa jamás se borrará.
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