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Una estratagema derrotó al criminal más buscado del mundo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO | 4:06 a.m. | 30 de Noviembre del 2013

Una estratagema derrotó al criminal más buscado del mundo

La devoción del capo por su familia terminó siendo su talón de Aquiles.

Foto: AFP

Uniformados que le siguieron la pista a Escobar reconstruyen cómo se logró el golpe de gracia al cartel de Medellín.

Cuando Pablo Escobar Gaviria cayó muerto en un tejado de Medellín, un agente de la DEA sacó un pañuelo y lo empapó con la sangre del capo. Uno de sus compañeros tomó una navaja y le cortó parte del bigote del lado derecho, y un agente de la CIA hizo lo mismo del lado izquierdo. “Por eso quedó como Hitler”, recuerda uno de los hombres de inteligencia que rastrearon sus comunicaciones hasta ubicarlo.

Hoy, uniformados que le siguieron la pista reconstruyen cómo se logró el golpe de gracia al cartel de Medellín.

Uno de esos oficiales cuenta, desde el anonimato, que la clave no la dieron ni los Estados Unidos ni la dudosa colaboración de los narcos del bando contrario (los ‘Pepes’, Perseguidos por Pablo Escobar), como se dijo en su momento, sino una ingeniosa estrategia que permitió engañar a Escobar y a su familia. También fue determinante, en el momento de la verdad, un equipo que el Ministerio de Comunicaciones había traído desde Inglaterra para vigilar el espectro electromagnético y que prestó a la Policía para la lucha contra el cartel de Medellín.

La caída de Escobar comenzó a finales de noviembre de 1993. La Policía y el Gobierno buscaron a varias embajadas para proponerles un plan que tenía como objetivo obligar al capo a utilizar un teléfono. La dura persecución había hecho que solo acudiera a ‘correos humanos’. Alemania fue el único país que aceptó la propuesta, que coincidió con el retiro intempestivo del esquema de protección que la Fiscalía le tenía a la familia de Escobar, que era acosada por los ‘Pepes’. Fue así como el 27 de noviembre de 1993 María Victoria Eugenia Henao, esposa; Juan Pablo y Manuela Escobar, los hijos, y una familiar viajaron a Fráncfort en un avión de Lufthansa. Pero al aterrizar, las autoridades de migración les impidieron el ingreso.

Casi de inmediato, Pablo Escobar hizo la primera llamada. Fue al conmutador de la Casa de Nariño. “Recuerdo que el señor del conmutador se comunicó al despacho y, muy asustado, dijo: ‘Tengo en la línea a un hombre que dice ser Pablo Escobar’”, recuerda el oficial, que desde la Unidad de Vigilancia e Inteligencia Electrónica rastreaba la llamada.

Llamó dos veces a Palacio

Y continúa: “El presidente César Gaviria mandó a llamar al edecán de la Policía, que era un teniente, y le dijo: ‘Usted, que es de la Dijín, reciba la llamada’”. Todos esperaban que el teniente mantuviera en la línea a Escobar, pero su reacción fue decirle que el Presidente no estaba, que le diera unos segundos mientras tomaba nota o que si prefería lo grababa. El capo le dijo que sí y colgó. “Primero dijimos: ‘¡Qué bruto! ¿Cómo lo dejó colgar?’. Pero luego entendimos que nos estaba dando tiempo para afinar los equipos y generándole confianza a Escobar”, recuerda el hombre de las interceptaciones.

A los 5 minutos, Escobar llamó y leyó un temerario comunicado en el que aseguraba que si Alemania no recibía a su familia atacaría todos los intereses de ese país en Colombia. Aunque todos quedaron fríos con la amenaza, la Policía logró ubicar el sector desde donde llamó el narco. Era el resultado del cruce de los vectores de los equipos Thompson, que Francia había donado al país. La señal venía del área urbana de Medellín, del populoso sector La América. Para ese momento, el Ejército, la Fiscalía y la DEA aseguraban que el capo estaba en Urabá. De hecho, una comisión estaba en la zona.

Ante las dudas, se decidió seguir a la espera. Horas después, de regreso de Alemania, la familia de Escobar recibió la noticia de que el Estado volvía a protegerlos y que la primera medida para garantizar su seguridad sería alojarlos en Residencias Tequendama, en la capital. En ese piso, que, según ha contado el general Óscar Naranjo, era el 29, la Policía había instalado micrófonos y teléfonos controlados. Nadie sabía que en ese mismo edificio la Unidad de Vigilancia e Inteligencia Electrónica tenía una oficina secreta.

El plan incluía que otro policía se hiciera pasar como periodista de una publicación internacional. “Tenía la misión de convencerlos de que pretendía armar un escándalo mundial por el maltrato que estaban recibiendo”, recuerda uno de los oficiales. El supuesto periodista persuadió a Juan Pablo, quien ahora se llama Sebastián Marroquín, para que diligenciara un cuestionario que llevaría a la segunda fase de la operación.

“Las preguntas eran de una complejidad que el hijo, en algún momento, debía llamar al capo”, dice la fuente, que en la época era subteniente, encargado de rastrear comunicaciones.

Tal como lo planearon, sobre la 1 de la tarde del 2 de diciembre de 1993 Juan Pablo alzó la bocina del teléfono y llamó al sitio donde se escondía Pablo Escobar. En Bogotá los técnicos analizaban las coordenadas que los equipos Thompson arrojaban y se las enviaron en tiempo real al teniente Hugo Martínez Bolívar, el hijo del general Hugo Martínez Poveda, quien era el jefe del Bloque de Búsqueda del cartel de Medellín. El teniente Martínez, quien murió en un trágico accidente en el 2003, estaba al mando de los equipos prestados por el Ministerio de Comunicaciones. Esos equipos estaban en una camioneta Mercedes Benz en la que siempre iban cuatro personas. “Era un carro que, así no quisiéramos que llamara la atención, lo hacía, porque era un furgoncito Mercedes con un letrero de una lechería”, dice otra fuente.

El carro estaba dotado con los mejores equipos británicos que daban el punto de ‘coordenadas 0.0’, la ubicación exacta.

“Se activaron los equipos, se triangularon las llamadas en cuestión de minutos. Sabíamos cuáles eran las frecuencias por las que salían o entraban las llamadas de las Empresas Públicas de Medellín”, relata uno de los oficiales. El teniente Martínez no tardó en llegar hasta el sector La América, y con los equipos de la camioneta del Ministerio ubicaron la dirección exacta: calle 79A No. 45D-94. Era el mismo sector de donde salió la llamada a la Casa de Nariño.

La hora cero

Ese fue el comienzo de la operación en la que cayó Escobar. Para ese momento el capo seguía contestándole a su hijo las preguntas, mientras que afuera el teniente le confirmaba a su padre, el general Martínez Poveda, que la casa era el refugio del narco. “Había pasado tres veces y lo había visto por la ventana. Tenía dudas porque estaba gordo y con barba, pero la señal arrojaba exactitud”, cuenta el oficial de inteligencia.

Añade que los primeros en llegar al lugar, 20 minutos después, fueron el entonces teniente Fernando Murillo, hoy coronel, y seis hombres más que rodearon la casa. “El mayor Hugo Aguilar (hoy coronel en retiro y preso por nexos con ‘paras’) llegó a los 10 minutos con 40 hombres más”, cuenta otro de los policías que desde Bogotá seguían la llamada entre el capo y su hijo.

“Empecemos, pues... ¿Por qué negaron la entrada a ese país, cierto?... Y las de un periódico o una revista francesa, porque es que esto también es de propaganda... Y que se explique con la razón de las cosas también, ¿me entiende? Pero las cosas hay que hacerlas bien hechas... Está condicionada a la inmediata entrega de su padre”, le dijo Escobar a su hijo, tratando de definir los detalles de la entrevista. Esa fue la última vez que hablaron. El capo colgó porque escuchó movimientos afuera.

Ante la presencia del Bloque de Búsqueda, Escobar intentó huir. Alias ‘Limón’, el sicario que estaba con él en la casa, disparaba para tratar de desviar a los uniformados. Pero otro grupo entró con fuerza y alcanzó al capo en el tejado de la casa. Los disparos del entonces teniente Murillo y del mayor Aguilar pusieron fin, a las 2:45 de la tarde del 2 de diciembre de 1993, al hombre más temido de la historia del país. “Media hora después, un avión plataforma de Estados Unidos confirmó la ubicación de la casa. Pero ya Escobar estaba muerto”, concluye el oficial de inteligencia.

Al lugar llegaron agentes de la DEA y de la CIA que se fotografiaron junto al cadáver del hombre al que Colombia y EE. UU. le habían declarado la guerra.

REDACCIÓN EL TIEMPO
pauang@eltiempo.com

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