En entrevista con María Isabel Rueda habla de sus sentimientos luego de la liberación de su esposa y desmiente rumores sobre las causas del distanciamiento.
Espero que esta entrevista lo libere de todas las conjeturas acerca de su relación con su esposa Íngrid después de su rescate, para que los medios dejemos de perseguirlo. ¿Es cierto que a usted lo bajaron del avión que la condujo a Francia?
Eso no es verdad. La determinación de que yo no iba a acompañarla a Francia la tomamos conjuntamente a las cinco de la mañana del jueves. Ella me había contado que quería estar con sus hijos, porque siente cierta culpabilidad de no haberlos visto crecer.
¿Se siente ella culpable por la forma como prácticamente se les entregó a las Farc?
No. Ella no siente culpabilidad por eso, porque una de sus primeras declaraciones fue que si pudiera volverlo a hacer, lo haría.
Pero en una declaración posterior corrigió, al admitir que con ello había sometido a su familia a un padecimiento muy grande.
Por eso. Lo repetiría si no fuera mamá, ni hija, ni esposa. Yo la conozco bien y sabía que me iba a pedir un tiempo sola con sus hijos. Yo le respondí que interiormente me había preparado para eso durante todos estos años. Ella ha sufrido mucho; y ahora que está libre no se merece ninguna molestia y estuve perfectamente de acuerdo.
Usted, que fue muy activo estos seis años para la liberación de Íngrid, se encontró muy pronto con diferencias que surgieron con Yolanda y con Astrid, la hermana de Íngrid. ¿En qué consistieron?
Cada cual tiene sus métodos. Yo hice y dije cosas que no fueron de gusto para la familia. Por ejemplo, lanzar las fotos de los niños desde el avión. Ella no recibió ninguna, pero cuando llegamos a la casa de mi suegra y le mostré unas fotos actuales de ellos antes de que los viera al otro día. Se emocionó muchísimo.
¿Sintió que lo maltrataron por esas diferencias en los primeros momentos del reencuentro con Íngrid?
Sí, ese día me maltrataron, pero me maltrataron más durante el secuestro. Y viéndolo bien, nunca tuve una buena relación ni con la mamá ni con la hermana. Durante el secuestro se armaron dos bandos en los últimos años: uno, Yolanda y Astrid, y el otro, Fabrice, los niños y yo.
¿Cómo se enteró de rescate de Íngrid, la noticia que más esperó durante seis años?
Herbin Hoyos, el director de 'Las voces del secuestro', me llamó el miércoles a las dos de la tarde y me dijo que no sabía cómo, pero que Íngrid estaba libre. Yolanda también me llamó insistentemente, pero yo tenía el celular en buzón. Se presentó un coronel de la Policía en mi casa y le pedí el favor de que me llevara a Catam, adonde llegué primero que nadie.
¿Cómo había soñado ese encuentro?
Me siento muy feliz con su rescate, pero debo admitir que yo esperaba otra cosa. Esperaba un fuerte abrazo, nada de besos, porque estábamos en público.
¿Y no hubo un fuerte abrazo?
No hubo un fuerte abrazo. Ahí me puse a un lado, con mucha dignidad. Jamás he sido protagonista en la vida pública de Íngrid. Mi papel siempre ha sido el de ayudarla en lo que he podido, en asesorarla, pero no en figurar a su lado. Hacía la tarea como publicista, luego me sentaba con ella y le mostraba lo que había hecho.
Recuerdo que usted se inventó la camiseta del elefante que le sirvió a ella de uniforme durante sus brillantes debates sobre el proceso 8.000...
Me inventé lo del elefante, lo de "solo la verdad", lo de Oxígeno, pero yo no estaba en la foto al lado de ella cuando sacó 150 mil votos. Muchos colombianos ni me conocían cuando la secuestraron, y esa discreción mía le gustaba a Íngrid. Ese día en el aeropuerto sentí un poco que hacía ese papel. Y aunque me 'friquió' el impacto inicial, que el abrazo no era el que esperaba, estar ahí, a un ladito, no me humilló para nada.
Su único papel ahí fue cargarle la mochila...
Ella llevaba al hombro una mochila que se veía que le pesaba mucho, yo se la quité y la cargué todo el tiempo. Esa noche me dijo que me había traído un regalo, y del bolso sacó esta manilla que estaba metido entre una cantidad de plásticos. Yo pensé que era una camisa o un tejido, y después de quitar todos esos plásticos, apareció la manilla, que ella misma me puso.
¿Qué fue lo primero que se dijeron en el instante del encuentro?
Yo tuve la oportunidad de hablar con ella por teléfono cuando despegaba el avión de Tolemaida. Ella me dijo: ¡por fin estoy libre, por fin se acabó esta pesadilla! Y yo le decía: claro, Nini; claro Nini... Mi sueño era un abrazo de tres o cuatro minutos. En la casa sí se lo dí así de largo.
Con derecho o sin él, por morbo o por curiosidad, todo el mundo estaba pendiente se esos detalles, y la conclusión fue que las cosas no iban a ser como antes... ¿Cuánto llevan de casados?
Llevamos trece años juntos. Vivimos sin casarnos unos años, y lo hicimos el 30 de enero del 97, hace 8 años, de los cuales ella duró cinco secuestrada. Primero nos casamos en Murea por el rito polinesio, pero eso era complicadísimo, y resolvimos después casarnos por lo civil.
¿Alcanzó a tener en mente que cuando ella recuperara la libertad podía suceder lo que pasó?
Sí. Pero el episodio del aeropuerto lo he tomado con beneficio de inventario, porque a diferencia de Luis Eladio, quien caminó 20 días planeando lo que iba a decir cuando lo liberaran, Íngrid, dos horas antes de su rescate, estaba amarrada a un palo. Excepto por su mamá y sus hijos, no se le puede pedir mucha claridad a sus sentimientos, porque ella debió de llegar sumida en una nebulosa, en una gran confusión. Yo sí tenía la esperanza de que este fuera el año de su liberación por las otras liberaciones que hubo. Pero calculé que sería por ahí en noviembre, diciembre. Ese era el mensaje que yo le enviaba a través de las Voces del secuestro.
¿Usted le enviaba muchos mensajes?
No tanto como hubiera debido. Pero tengo mi conciencia tranquila, hice lo que pude. Por ejemplo, fue idea mía la toma de la Catedral por parte de los familiares de los secuestrados, el haber lanzado las fotos de los niños, las seis foto-vallas de tamaño natural que mandé a París, a Bruselas, a Madrid.... De pronto sí me faltó fue mandar mensajes más frecuentes, como lo hacía la todos los días la mamá de ella.
¿Es cierto que a Íngrid le molestó que usted hubiera escrito un libro sobre su secuestro?
No creo. De hecho me, pidió que se lo metiera en la maleta porque se lo iba a leer.
En las imágenes iniciales que se tomaron dentro del avión fue evidente que los hijos de Íngrid lo quieren mucho......
Eso es cierto. Desde el comienzo tuvimos una excelente relación, y estoy seguro de que eso influyó mucho para que ella se casara conmigo.
¿Considera injusto que se diga que a Íngrid la esperaban no uno sino dos maridos?
Uno es el papá de los hijos.
De quien siempre se ha referido en términos muy cariñosos...
Sí, porque ellos tienen una relación como de hermanos. Íngrid me lo ha dicho toda la vida, y hacía mucho esfuerzo para que yo fuera amigo de Fabrice. Al principio fui un poco renuente, tal vez por celos, pero nos hicimos amigos después del secuestro. No hay que confundir amor con civilización. Fabrice es un bacán. Pero, por ahora, el marido soy yo.
¿Siente alguna amargura por los comentarios que se hacen de su relación con Íngrid? Que si lo abrazó, que si no, que si lo besó, que si no, que si lo miró, que si no... Hasta Osuna lo caricaturizó con la lengua afuera...
Pues Osuna puede tener razón, pero eso a mí no me importa. Ver a Íngrid feliz al lado de sus hijos es mi felicidad. Una escena divina que me voy a llevar hasta la tumba es cuando subimos al avión y ellos se encontraron. Ese beso y abrazo con llanto que se dieron los tres es una de las cosas más impresionantemente lindas. Claro que hubiera preferido que hubiera sido un poco más cariñosa conmigo, no tan fría, pero es que un secuestro es una cosa muy complicada y uno no puede calcular el amor de esa manera. Además, quién sabe qué cosas oyó o le contaron de mí en su secuestro, como una supuesta relación que tuve con una mexicana.
¿Usted salía con una mexicana?
Fue un chisme que me inventaron. Y llegó hasta Francia, por lo que los niños en una oportunidad me recibieron un poco fríos. Pero yo les dije: "vengan para acá, esto es así, y así, y listo". Y también me inventaron algo con una prima de ella. Chismes hay los que usted quiera. Y ella allá en la selva debió enterarse. Hasta donde yo oí, la mamá, que era su cordón umbilical, nunca me mencionó, pero me han contado que a veces le decía a Íngrid que yo la había desilusionado, defraudado.
Usted también estuvo secuestrado todos estos años. No podía ser feliz, porque no se hubiera visto bien. Ni infeliz, porque la vida tenía que seguir. Ni salir con una amiga, porque era chisme seguro. ¿Fue una vida en interinidad?
Sí. Entré a formar parte y a trabajar casi tiempo completo en una empresa que se llamaba familiares de secuestrados, donde uno ejerce una labor muy ingrata y desagradecida. Se vuelve el leproso de las fiestas. Esa empresa cerró, se quebró y yo me quedé sin empleo. Pero tengo una vida, tengo que trabajar, tengo que producir. Yo cumplí en la espera y ahora voy a seguir mi vida.
¿Cree que esa interinidad de su vida acabó ya?
¡Uff! Ya terminó. Ver a Íngrid feliz me hace feliz. Pero no hay felicidad completa, porque en este momento quisiera estar con ella. Anoche hablamos, Fabrice me llamó y me la pasó. Es un detalle de él. Y ella, como si nada hubiera pasado. Estoy confundido, no sé qué pensar.
Hoy no están separados, pero tampoco están juntos. ¿Entonces, qué va a hacer ahora? ¿Se va a quedar esperándola?
Yo voy a rehacer mi vida. Quiero trabajar en lo que a mí me gusta que es la publicidad. Hay proyectos que están apareciendo, amigos que me quieren ayudar, quiero ser productivo, pero quedan otros secuestrados, y ojalá yo pudiera seguir ayudando. Y que lo haga también Íngrid, con esa notoriedad que tiene. Con esa creatividad que la caracteriza ojalá se le ocurra algo para destrabar este tema ahora que tiene los ojos del mundo encima.
Supongo que lloró mucho durante estos años. ¿Después del rescate de Ingrid y por la forma como han sucedido las cosas, ha llorado nuevamente?
No he llorado. El amor también es ver feliz a tu pareja aunque no esté contigo. Anoche me dijo que dormía con sus hijos uno a cada lado, y que se levantaba por la noche y los besaba.
Usted está feliz porque ella está feliz. ¿Cuándo piensa ser feliz por usted mismo?
Pues es una situación complicada en la que estoy. No debo descartar que se haya acabado todo con Íngrid. Puede pasar. No solo lo pienso ahora, sino desde antes. El amor por mí pudo habérsele acabado en la selva. ¿Y qué puedo hacer yo? Mientras ella se organiza, se pone al día, hay que darles tiempo a las cosas. Si ya la esperé seis años y medio....
¿Planea empezar a reconstruir su vida sentimental con alguien más?
No, no. Todavía no.
¿Pero hoy de quién depende la decisión de conservar ese matrimonio?
No solo Íngrid, yo también he madurado un secuestro. Voy a retomar mi vida, a ver qué proyectos hay de trabajo, y encarretarme en ello va a ser mi desfogue. Ella sabe donde estoy el día en que quiera volver. Pero, mientras tanto, y aunque eso no suceda, con Íngrid o sin ella mi vida va a seguir de la manera más normal que pueda. ¿Y sabe qué me gustaría? Que esta fuera mi última entrevista. Quiero quitarme de encima el morbo de los medios.
En los últimos meses usted fue muy duro con el Gobierno. ¿Hoy qué piensa del Presidente Uribe?
Se lo contesto con un ejemplo: si usted me quema el carro, y después salva a mi papá, yo le agradezco que lo haya salvado, pero sí le digo que se portó como un cerdito al quemar mi carro. Ya el tiempo se estiraba mucho, Uribe lleva seis años en el poder y nada pasaba. Pero ante ese operativo tan impecable, solo tengo agradecimiento.