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El lago Titicaca es uno de los atractivos de Perú y por su cercanía es perfecto para viajes cortos

Foto: Cecilia Montoya / EL TIEMPO

Observar el azul profundo del lago navegable más alto del mundo es una experiencia fascinante, aunque sea por un solo día.

Observar el azul profundo del lago navegable más alto del mundo es una experiencia fascinante, aunque sea por un solo día.

Al recorrer el altiplano del sur peruano entre las ciudades de Juliaca y Puno, a orillas del lago Titicaca, la primera impresión es un marcado contraste. Por un lado, la aridez de una tierra en donde difícilmente se alimentan ovejas, llamas y vicuñas, y, por el otro, los imponentes Andes enmarcados en un cielo azul.

A esta región llegamos luego de volar de Bogotá a Lima, la capital de Perú, y de allí tomamos un vuelo que, con parada en Arequipa, nos llevó en una hora y media a la ciudad de Juliaca, punto de partida de esta corta aventura.

El terreno se muestra inhóspito, pero cada cierto tiempo aparecen las casas campesinas con sus paredes de piedra y adobe, pequeñas construcciones que se unen entre sí, rodeadas por tapias y corrales de piedra, en donde se guardan los animales al final de un día de pastoreo. Después de 45 minutos de camino, por una carretera en buen estado que atraviesa una región muy pobre, arribamos a Puno. Esta ciudad y sus alrededores deben conocerse despacio y con calma para evitar los mareos y el dolor de cabeza, síntomas del mal de altura o soroche que se vive por la ubicación de esta región.

En sus paisajes se evidencian algunas de sus construcciones coloniales y desde allí se divisa el lago, imponente por su color azul profundo. No en vano es el segundo más grande de Suramérica y el lago navegable más alto del mundo. Ese inmenso ojo de agua dulce, que mide 204 kilómetros de largo por 65 de ancho, está a más de 3.810 metros de altura, alberga culturas antiquísimas y conserva sus tradiciones con tal autenticidad, que por momentos se cree que el tiempo se detuvo ahí.

Puno es el punto de partida para nuestra travesía acuática. Desde allí tomamos una lancha de motor que nos lleva a un recorrido por algunas de las islas del lago. Ofrecen muchas excursiones y los viajeros pueden elegir, según el tiempo y el dinero de que dispongan. Incluso pueden pasar la noche en islas. Los nativos son excelentes tejedores y artesanos, además de amables y hospitalarios. No dudan en compartir sus casas y su sabiduría ancestral con los viajeros que llegan hasta allí.

Dicen que se necesitan siete días para atravesar el lago en barco, pero en nuestro corto recorrido, de menos de un día, pudimos recoger muchas impresiones y buenas imágenes para compartir.

Turismo y cultura en las islas


A una media hora en lancha se llega a la tierra de los uros, un conjunto de islas flotantes artificiales elaboradas en totora, una planta que se da en el lago y que es utilizada para construir casas y embarcaciones, y también la base que sirve de piso en las islas. Incluso algunos habitantes la incluyen en su menú.

Familias enteras, abuelos, hijos y nietos habitan las islas, que son refugio de gran variedad de aves y peces. Sus pobladores son indígenas descendientes de una de las culturas más antiguas de América, la cultura aymara.

Sus fuentes de ingreso son la pesca, la caza y la artesanía. Igualmente, las mujeres elaboran tejidos y tapices de lana. Y ahora, con la llegada cada vez más frecuente de turistas, han abierto sus casas para que el mundo vea su forma de vida; y a pesar de que hablan en quechua y en aymara, con algunas palabras en español reciben a los visitantes.

Desde este punto podemos llegar a la isla de Taquile (a 35 kilómetros de Puno y 3.950 metros sobre el nivel del mar), una de las zonas arqueológicas de las civilizaciones tiahuanaco e inca.


Volviendo a tierra tomamos la ruta del valle que lleva a un sitio impresionante, el lago Umayo, lugar de una belleza singular donde culturas preincas rindieron culto a la muerte construyendo tumbas funerarias, conocidas como las Chullpas de Sillustani.

Se trata de una necrópolis del siglo XIII edificada sobre una península con tumbas de hasta 12 metros de alto, labradas en piedras volcánicas, gigantescos monumentos funerarios construidos por los collas. Entre las que más se destacan están la chullpa del Lagarto y el Intihuatana. De regreso nos esperaba nuevamente Puno (a unos 40 minutos) con su cielo nocturno, absolutamente despejado, que parecía más bien otro lago cundido de estrellas.

Si usted va...

Para ir a Perú no se necesita visa.
La mejor forma de llegar es volando de Lima a Juliaca.
Dónde dormir: En Puno hay cuatro hoteles grandes, entre ellos se destaca el Sonesta Valle del Inca. La habitación doble cuesta 126 dólares la noche.
La moneda peruana es el nuevo sol.
La temporada ideal para ir es entre mayo y octubre, de días soleados, pocas lluvias y temperatura agradable, con noches muy frías.
El vuelo Bogotá-Lima-Bogotá tiene un valor de 242 dólares y el Lima-Juliaca-Lima, de 314 dólares, sin impuestos.

CECILIA MONTOYA
ENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPO*
PUNO (PERÚ)

*Invitación de Aerolínea Lan y Hoteles GHL.

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