Foto: AP
Vendedores ambulantes han sido una pesadilla para los turistas que visitan las pirámides, y algunos tesoros arqueológicos son muy vulnerables. Todo esto se quiere cambiar con un plan de renovación.
Cámaras de seguridad y sensores de movimiento, algunas novedades en estos monumentos de 5.000 años.
Los monumentos pueden ser grandiosos, pero visitar las famosas pirámides de Giza resulta una pesadilla desde hace años, con timadores que cobran demasiado por paseos en camello y vendedores de baratijas que apabullan a los turistas en cada esquina.
Es por eso que las autoridades de Egipto presentaron esta semana la primera etapa de un elaborado proyecto para modernizar las pirámides y hacerlas más dignas del turismo del siglo XXI, instalando cámaras de seguridad y una verja de 19 kilómetros con sensores infrarrojos que rodeará la zona.
"Era un zoológico", opina el arqueólogo Zahi Hawass para referirse al desorden que reinaba en la zona. "Ahora protegemos tanto a los turistas como a los monumentos", añade. Las tres pirámides de Giza llevan abiertas al público mucho tiempo, algo inusual para un monumento de 5.000 años considerado una de las maravillas del mundo.
Otros, como la Acrópolis de Atenas, el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén o el Coliseo de Roma tienen amplios sistemas de seguridad y un exhaustivo control de visitantes. Las pirámides se encuentran en una llanura del desierto que llegó a estar aislada, pero que ahora ha sido alcanzada por la expansión de la ciudad, con la consecuente llegada de los vendedores de baratijas -muchos de ellos de barrios pobres-.
Los turistas tienen que someterse a una andanada constante de comerciantes ambulantes que les ofrecen copias de estatuas faraónicas en miniatura, escarabajos, camisetas y otras baratijas, y son seguidos por hombres en camello que venden paseos o fotos.
Algunos, incluso, intentan introducirse en taxis llenos de viajeros con el fin de ir a las pirámides, para desviarlos hacia establos de caballos y lograr que hagan paseos por la zona. Por su parte, hasta finales de la década de los 70 los extranjeros tuvieron como pasatiempo escalar la pirámide de Khufu, la más grande de las tres. Desde entonces, las autoridades prohibieron subir los gigantescos bloques.
La valla de metal que rodea el complejo turístico tiene sensores de movimiento infrarrojos. Una vez dentro, los pasos son captados por 199 cámaras ubicadas en cada esquina de la zona. "Está limpio y es bonito", afirma Michael Schmidt, un agente inmobiliario de Nueva York que visitó las pirámides.
<< Anterior Artículo 5 de 8 Siguiente >>
Publicidad
COPYRIGHT © 2010 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.