Foto: Rodrigo Sepulveda/ EL TIEMPO
Para Pico Iyer, un viajero busca, sin conquistar, descubrir terrenos que están dentro de él mismo.
Este hombre vivió dos semanas en la terminal aérea de Los Ángeles y analizó a los viajeros.
Nacido en Oxford (Reino Unido) y de ascendencia india, el escritor y periodista Pico Iyer vivió durante su infancia en California (E.U.) y continuamente tuvo que viajar entre estos dos países para seguir sus estudios en el colegio y la universidad.
Luego de haber comenzado a volar en avión a los 9 años, ciudadano del mundo es un término que se le ajusta a la perfección. Iyer es un estudioso del comportamiento de las personas en los aeropuertos, y ha tenido acceso a varias culturas pero no ha quedado "atrapado en ninguna", como él mismo lo admite.
Hace 20 años vive en Japón como turista, un estatus que no quiere cambiar por el de residente. La semana pasada estuvo en Colombia, durante el festival El Malpensante, y habló de su pasión, los viajes.
¿Por qué investigó sobre los aeropuertos?
Esa investigación la hice en 1994, y apareció en la revista Harper's y en mi libro 'The global soul'. Durante dos semanas viví en el aeropuerto de Los Ángeles (E.U.), un sitio que tiene todo lo que se encuentra en una ciudad, pero que no representa a ninguna.
Creo que si volamos de Bogotá a Beijing, pensamos mucho en Bogotá y en Beijing; pero nunca nos detenemos a pensar en el avión y en el aeropuerto donde pasaremos casi todo un día.
¿Qué son los aeropuertos para usted?
Son modelos de las posibilidades y las sombras del mundo moderno, creo que son emblemas de las ciudades del futuro. Los aeropuertos son lugares en los que se concentra mucha emoción, de gente despidiendo a sus familiares, parejas que se van de luna de miel; de dramas antiguos que se llevan a cabo y que producen mucha emoción extraña dentro de mí. También es extraño cómo los inmigrantes que llegan a un aeropuerto en Estados Unidos se sorprenden al llegar, pues ven a personas con rasgos físicos similares a los de ellos. De entrada no ven a gente como los actores de la televisión y las películas, no se topan con Angelina Jolie y Brad Pitt.
¿Cómo se le ocurrió escribir sobre el 'jet lag'?
Me di cuenta de que no soy el mismo por una semana después de que vuelo entre Japón y California. Me convierto en una persona diferente que está en un sueño o bajo los efectos de una droga. Noté que todo en mi vida era diferente durante ese período. En lugar de escribir un cheque por 3 dólares, lo hacía por 3.000 dólares. Veía una película no muy interesante y salía llorando. Nadie había escrito sobre este fenómeno tan interesante, de las personas diferentes en que nos convertimos a causa de estos viajes. Escribí un capítulo dedicado a este tema en el libro 'Son of the dog'.
¿Por cuánto tiempo lo afecta este fenómeno?
Usualmente, por una semana. Cada vez que vuelo de Japón a California estoy muy emocionado, acelerado, como si hubiera tomado 20 tazas de café. De California a Japón me sucede lo contrario, escasamente me puedo levantar de la cama. He aprendido a no escribir ni hacer nada importante durante esa primera semana. Es como trabajar bajo el efecto de las drogas.
¿Qué le ha funcionado para combatir el 'jet lag'?
Cada vez que viajo de California a Japón, como sé que voy a estar como loco, voy a alguna ciudad extranjera, como Bangkok, Shangai o Hanoi, y camino durante las noches, porque si voy a mi casa todos estarán durmiendo cuando yo estoy despierto y viceversa.
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