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El pasado caníbal del pueblo Batak alimenta al turismo en Sumatra

Casi dos siglos después de su abolición, el canivalismo del pueblo Batak, una minoritaria pero fértil cultura de Indonesia, continúa alimentando las leyendas y el turismo en el norte de Sumatra.

En el centro del centenario poblado de Ambarita, rodeado por un puñado de casas de estilo tradicional que permanecen habitadas, se dispone el escenario de uno de los pasajes más cruentos e inhumanos de la historia del archipiélago que en la actualidad conforma Indonesia.

Allí, un conjunto de piedras rudamente trabajadas se organiza formando un círculo, como si se tratase de un monumento megalítico en miniatura, alrededor de otra redonda de mayor tamaño.

"Los sacrificios humanos tenían lugar en esta piedra", asegura a Efe Padianto, agente turístico de origen Batak, señalando una piedra plana del círculo exterior, que se calcula que tiene algo más de tres siglos de antigüedad.

Explica que en la mesa contigua "se mezclaban los restos" de los reos descuartizados con "chiles y ajo", los condimentos más populares de esta región, para que después los gobernantes y los jueces del pueblo pasasen a comérselos en la mesa central.

Según los historiados y antropólogos, los Batak sólo practicaron el canibalismo de forma ritual, no como forma habitual de alimentación.

Añaden que este pueblo sólo llegaba a este extremo para castigar a un enemigo capturado durante una de sus frecuentes batallas o a un criminal que había sido declarado culpable de algún delito grave.

No obstante y como es lógico, el descubrimiento por parte de Occidente de estas prácticas a finales del siglo XVIII, en plena efervescencia del movimiento ilustrado, levantó una enorme polémica y aterró a las élites europeas.

Entre otros elementos, lo que de verdad desconcertó a los estudiosos de aquella época fue que, a pesar de recurrir al canibalismo, los Batak no eran un pueblo primitivo y atrasado, sino que estaban considerablemente evolucionados desde el punto de vista cultural.

Este pueblo, que en la actualidad suma unos seis millones de personas, había desarrollado un idioma y una forma propia de escritura, así como un conjunto de creencias particular y un calendario basado en las fases de la luna.

Sin embargo, la cultura Batak se alteró de forma notable a partir de su encuentro con Occidente: al poco tiempo comenzaron a llegar a la isla de Sumatra misioneros protestantes para evangelizar a los últimos caníbales del continente asiático.

Tres décadas más tarde el canibalismo ya era historia en Sumatra y comenzaban las leyendas.

En la actualidad, los Batak se muestran orgullosos de haberse convertido en masa al cristianismo, como lo demuestran las iglesias que se levantan en cada localidad, unos curiosos híbridos entre las tradiciones arquitectónicas europeas y locales.

No obstante, la adopción de esta religión no ha supuesto la erradicación completa de ciertas prácticas paganas pretéritas, que sobreviven de forma palpable con la indiferencia de las autoridades religiosas cristianas de la zona.

A muy pocos kilómetros de Ambarita, en un poblado llamado Tomok, se erige, junto a la tumba de Sidabutar, el monarca local que adoptó el cristianismo, un tótem espigado denominado por los locales "el palo de la magia".

A él siguen recurriendo a día de hoy los habitantes de la zona para invocar a la lluvia tras un período prolongado de sequía, con la intermediación de un brujo local.

De todo esto está intentando aprovecharse la incipiente industria turística local que, aunque no termina de cuajar por falta de promoción e inversiones, sigue queriendo explotar el interés que despierta el pasado caníbal de los Batak.

Juan Palop

Ambarita, Indonesia

-Efe-

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