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Salud

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El 'motoso' diario no sólo es un placer innegable, también es bueno para el corazón

Estudios recientes ya no solo reivindican los efectos positivos que la siesta tiene sobre la capacidad para concentrarse y el estado de ánimo, ahora le reconocen un efecto protector sobre el corazón.

Los resultados del más reciente de ellos, divulgados por la revista 'Archives of Internal Medicine', indican que tomar una pequeña siesta a mitad de la jornada laboral reduce los riesgos de sufrir problemas cardíacos graves, sobre todo en los hombres.

Para estudiar los efectos reparadores del 'sueñito', investigadores les siguieron la pista a adultos griegos en buen estado de salud durante seis años en promedio.

Encontraron que aquellos que dormían la siesta por lo menos tres veces a la semana durante cerca de media hora tenían un 37 por ciento menos de posibilidades de morir de ataques al corazón o de otros problemas cardíacos, que quienes no se echaban un motoso.

La mayoría de los participantes estaban en la cincuentena, y la evidencia más fuerte fue en hombres que trabajaban.

Bueno para niños y adolescentes

El sueño es un elemento esencial para el desarrollo y el bienestar, y es el período clave durante el cual el cerebro descansa, asimila y organiza lo visto y aprendido; también cumple una función reguladora y reparadora del organismo, reabasteciéndolo y restaurándolo de los procesos corporales que se han gestado durante el día.

No obstante, los hábitos de sueño no se mantienen estables a lo largo de la vida; de hecho, sufren alteraciones en el tránsito que va de la lactancia a la edad adulta.

Daniel Pérez Chada, director de la Clínica del Sueño del Hospital Universitario Austral (Buenos Aires, Argentina), explica, por ejemplo, que en la época de colegio, sobre todo en la primaria, los niños suelen estar muy alertas, con lo cual prácticamente no se registra somnolencia diurna, "luego, en la adolescencia, se produce el fenómeno inverso, pues muchos jóvenes se quedan despiertos hasta tarde, por lo que en el día sienten una mayor necesidad de descansar.

Las rutinas se alteran notablemente, sobre todo los fines de semana, noches en la cuales se registran grandes diferencias respecto a lo que sucede de lunes a viernes", explica Chada.

Ante este cuadro, la siesta surge como un recurso simple y útil para aliviar los trastornos producidos por la falta de sueño, también en niños y adolescentes.

Expertos de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) aseguran, justamente, que la siesta ayuda a reducir la hiperactividad, la ansiedad y la depresión en los niños.

A esa conclusión llegaron tras un estudio en el cual participaron 62 niños de 4 a 5 años, que fueron clasificados en dos grupos: los que dormían la siesta y los que no. Los niños que dormían un promedio de 3 a 4 horas semanales de siesta eran menos propensos a tener problemas sociales y de comportamiento.

Brian Crosby, autor principal de la investigación, declaró que "la edad en la que los niños están listos para dejar de dormir la siesta varía mucho; por eso sostengo que lo mejor es que los padres dispongan en la vida de sus hijos un período de descanso para que puedan dormir la siesta en caso de que lo necesiten".

Otro consejo es el establecimiento de rutinas claras tanto para dormir como para hacer la tarea, comer, bañarse, ver televisión, comer y acostarse.

También es útil quitar los dispositivos electrónicos (televisores, computadoras y videojuegos) de los dormitorios de los niños, así como evitar que éstos se acuesten inmediatamente después de la comida. En caso de que los trastornos del sueño continúen, se aconseja concurrir al médico.

Claves para una buena siesta

Una buena siesta también puede hacer que se esté más alerta, reduce el estrés y mejora el funcionamiento cognitivo.

El sueño de medio día disminuye la irritabilidad, aumenta la capacidad de aprendizaje, mejora el tiempo de reacción, hace más eficaces a las personas e incrementa la productividad.

1. Trate de tomarla a medio día, justo después de almorzar.

2. Busque un lugar tranquilo, silencioso y agradable en el que no lo interrumpan. Descuelgue el teléfono. Si no puede eliminar las fuentes de luz, utilice un antifaz negro; la oscuridad induce el sueño.

3. La temperatura corporal desciende cuando se duerme, así que tenga a la mano algo con qué arroparse.

4. Trate de que la siesta no dure más de media hora. Al cabo de 30 minutos se cae en niveles de sueño más profundos. Eso hace que al despertar la persona se sienta amodorrada durante la siguiente hora por lo menos. Además, ese descanso prolongado puede impedir que en la noche se concilie el sueño fácilmente.  

REDACCIÓN SALUD
CON INFORMACIÓN DE LA NACIÓN DE ARGENTINA (GDA)

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