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Siempre he sufrido de fuegos labiales; sin embargo, últimamente no solo me salen muy seguido sino que cada vez se demoran más en sanar. ¿Qué hago?
Sandra M. Perea, 34 años, Bogotá
Los fuegos labiales son causados por el virus herpes simplex. Por lo general, este agente se encuentra en el cuerpo, y en situaciones extremas, como fiebre, baja de defensas, insolación y estrés, forma ampollas molestas y dolorosas, por lo regular en los labios.
Si se han aumentado los episodios conviene analizar algunos factores desencadenantes, como alguna enfermedad, nuevo trabajo, exigencias emocionales o cambios bruscos de clima.
Aunque por lo general los fuegos se curan solos, en algunos casos se requieren antivirales que deben ser prescritos por el médico en forma de pastillas o ungüentos.
No está de más que aplique hielo ante la primera sensación de cosquilleo y que trate de mantener limpia y seca el área del fuego.
No se pase la lengua, no se moleste con los dientes ni mucho menos con las uñas; evite alimentos que contengan arginina, que favorece el crecimiento del virus, como el chocolate, el maní, las nueces, las bebidas cola y la cerveza, y haga ejercicio, pues ayuda a elevar las defensas.
Aplíquese algún ungüento para evitar que se agriete la piel, cambie el cepillo de dientes, pruebe hacer unos toques con quitaesmalte una vez al día y, por encima de todo, tranquilícese. Ya se le pasará. Eso sí, consulte si el problema es muy serio.
¿Por qué se produce el hipo y cómo se controla?
Víctor Montenegro, Cali
El hipo ocurre por la contracción súbita e involuntaria del diafragma, que es el músculo aplanado que separa la caja torácica del abdomen; esto provoca el rápido cierre de la glotis (abertura que hay entre las cuerdas vocales) y, en consecuencia, la entrada de aire.
En ese punto se produce ese característico sonido que la gente conoce como hipo. En condiciones normales, un ataque de hipo puede suceder por beber o comer en exceso y rápido, por una irritación del estómago o del esófago, por sufrir una emoción fuerte (estados de excitación) y por inhalar humo.
Para controlarlo ensaye a respirar (inhalar y espirar) en una bolsa de papel y a retener varias veces la respiración (la idea es aumentar la concentración de anhídrido carbónico en la sangre); también puede poner una cucharadita de azúcar en el fondo de la lengua, rascarse el techo de la boca con un copo de algodón o una cucharita y chupar limón, pues este estimula la porción posterior de la lengua donde hay ramificaciones del nervio del hipo.
Carlos Francisco Fernández
Asesor médico de EL TIEMPO
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