Su característica esencial es un miedo intenso y persistente a objetos y situaciones claramente discernibles y circunscritos, según definición de los psiquiatras J.J.López-Ibor Aliño y M.Valdés Miyar.
El individuo experimenta ese temor marcado, persistente y excesivo o irracional cuando se encuentra en presencia de objetos o situaciones específicos, o bien cuando anticipa su aparición. Un ataque de ansiedad derivado de algún tipo de fobia puede somatizarse en forma de palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de asfixia, opresión torácica, náuseas o escalofríos, según los protocolos clínicos más comunes. Se considera que los fóbicos tienen predisposición genética a sufrir estos trastornos. No quiere decir que nazcan con ellos, sino que son más proclives a desarrollarlos cuando se enfrentan a una situación muy estresante que los marca. Cabe aclarar, no obstante, que las fobias también pueden aprenderse, lo que es común en niños que ven a sus padres reaccionar con pánico ante ciertas cosas o situaciones. Es importante tener en cuenta que todo pequeño puede desarrollar fobias simples, que son normales si no se prolongan demasiado. Cuando las fobias se mantienen más de dos meses, es necesario consultar con especialistas en salud mental e iniciar un tratamiento, del que hacen parte la psicoterapia y la prescripción de fármacos (en caso necesario).
Se clasifican en agorafobia, fobia simple o específica y fobia social
El temor a los espacios públicos se define como agorafobia. Quienes la sufren son presas de una angustia inexplicable en sitios abiertos, como las calles, o escenarios donde se concentran muchas personas. Prefieren vivir encerradas.
En Colombia la prevalencia de agorafobia en personas entre 18 y 65 años es de 1,5 por ciento de hombres (entre 100.000 pueden desarrollarla cerca de 1.500) y 3,3 por ciento de mujeres (entre 100.000, 3.300 están expuestas).
Los fóbicos simples experimentan temor por algo específico: animales (culebras, arañas, bichos), objetos (sangre, cuchillos), sitios (puentes peatonales, aviones) o situaciones (viajar en avión). La prevalencia de este trastorno en personas entre 18 y 65 años es más alta: de 10,9 por ciento en hombres de esas edades y 13,9 en mujeres (de 100.000, alrededor de 13.900 pueden tener este tipo de fobia).
La tercera es la fobia social, que suele confundirse con la timidez. Se considera que esta última es llevadera y puede disimularse. La fobia en cambio no permite a quienes la padecen participar en actividades normales, como hablar en público, asistir a una entrevista de trabajo, comer en un restaurante o ir a reuniones.
Un estudio reciente del Instituto Mexicano del Seguro Social reveló, por ejemplo, que 13 millones de ciudadanos de ese país padecen esta fobia, que los expertos relacionan con un bajo nivel educativo y económico.
Otros miedos poco comunes
Se estima que en el Reino Unido hay al menos cuatro millones de británicos con fobia a los baños públicos, y el número va en aumento, según aseguró a fines del 2006 la propia Sociedad Nacional de Fóbicos durante la presentación de una campaña de concientización sobre ese trastorno. Hay casos graves, como el de afectados que se niegan a salir de la casa o a someterse a cirugías para no tener que pasar por el trance de usar un baño ajeno, o el de aquellos que se niegan a tomar líquidos, con lo cual ponen en peligro el funcionamiento de los riñones, o a tomar fármacos contra el estreñimiento para evitar tener que ir al baño en un momento inoportuno.
También están documentadas las fobias de tipo animal, que se refieren al pánico a ser mordidos por perros, ratas o pájaros, y las clínicas, que se reflejan al pavor a someterse a una extracción de sangre, a ser inyectado o a someterse a una prueba en un hospital. Los afectados por esta variante fóbica suelen ser personas muy aprensivas que viven con pánico a contagiarse de alguna enfermedad.
Otro tipo de aprensión extraña tiene que ver con los 'números malditos', como el 13, la cual está relacionada con la superstición pero que, en ocasiones, requiere tratamiento psicológico. Los expertos definen esta aprensión como triscaidecafobia, y también está estudiada la tetrafobia, o pánico al cuatro, que registra el mayor número de fóbicos en países de Extremo Oriente donde se relaciona a este símbolo matemático con la muerte.
Con información de Francisco Galindo, Efe Reportajes.
El centrocampista boliviano Raúl Gutiérrez, jugador del Blooming y convocado en alguna ocasión a la selección nacional de su país, anunció en junio pasado que se retira del fútbol por su fobia a viajar en avión.
Hace cuatro años, el aparato en el que volaba el jugador entró en una turbulencia cuyas sacudidas dejaron a Gutiérrez absolutamente traumatizado, según le relató al diario La Prensa.
El caso de este futbolista es tan común, que compañías aéreas como Iberia y Spanair cooperan cada año en la organización de cursos específicos para superar la aerofobia o miedo a volar, en los que se matriculan quienes sienten verdadero pánico a tomar un vuelo y, sobre todo, al despegue y al aterrizaje.
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