Foto: Jupiter
Los niños con dispraxia pueden tener problemas para coordinar sus movimientos y hacer actividades propias de su edad. Incluso, esta enfermedad puede afectar la capacidad de hablar correctamente.
Cuanto más temprano se haga la detección de esta afección, mayores facilidades tendrá el individuo para superar las dificultades que provoca.
El origen etimológico de la palabra dispraxia da las claves para saber en qué consiste esta enfermedad. El prefijo "dis-" señala dificultad o anomalía y la palabra de origen griego "praxis" significa práctica. Es decir, la dispraxia haría referencia a la dificultad para realizar con coordinación ciertas tareas, desde llevar a cabo movimientos elementales hasta tener dificultades en el habla.
A la dispraxia también se le denomina "el síndrome del niño torpe" porque puede llevar a los padres de estos niños a pensar que se trata de una torpeza normal que se irá con la edad. Sin embargo, para mejorar la situación del enfermo, su dificultad o lentitud para llevar a cabo acciones motrices, debe de ser tratado por especialistas.
Se puede reconocer al individuo dispráxico si se observa que tiene problemas de coordinación, dificultades con su equilibrio, una gran torpeza o una baja capacidad de concentración y expresión escrita.
En muchas ocasiones, estos síntomas llevan consigo, además de la propia frustración que siente el niño, la discriminación de sus compañeros de colegio.
En edad adulta, este tipo de personas puede tener gran dificultad también para hacer tareas tan básicas como cocinar o conducir.
En algunas ocasiones este desorden mental también puede afectar a la capacidad lingüística, es lo que se conoce como "dispraxia verbal". En estos casos el discurso oral del individuo es muy poco fluido, por lo general su lenguaje está lleno de frases cortas e incorrecciones en la pronunciación de las palabras.
Por ello, muchos de estos niños precisan prolongados tratamientos de vocalización y mejora del lenguaje. Se debe tener siempre claro que padecer dispraxia no implica que la persona tenga una inteligencia inferior a la media.
Un caso famoso es el de Daniel Radcliffe
El actor británico interpreta en la gran pantalla al niño mago Harry Potter y sufre dispraxia desde su niñez.
En el caso de Radcliffe, que no olvidemos que uno de los jóvenes más ricos de Gran Bretaña, este desorden mental le dificulta enormemente hacer algo tan cotidiano como atarse los zapatos, según recientemente ha informado el periódico inglés Daily Mail.
Como afirma este diario, la dispraxia es un desorden mental común que afecta con severidad al 2% de los británicos pero cuyos síntomas se pueden ver en, aproximadamente, el 10% de la población de este país. Los varones son los más afectados al padecer esta enfermedad cuatro veces más que las mujeres.
EFE
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