Que en el mundo haya 33 millones de personas con el virus del sida no es un chiste. Ojalá usted no sea de los que al escuchar estas cifras se hacen de la vista gorda y se pasan las recomendaciones por la faja. Este es un asunto que trasciende las sábanas y depende de cada uno de nosotros, de nadie más.
Quienes piensan que hablar de sida es llover sobre mojado, se equivocan de cabo a rabo. Para la muestra está que solo el año pasado se infectaron casi tres millones de personas como usted o como yo, y que más de 2 millones de personas, como usted y como yo, murieron por la misma causa.
A los despalomados que tontamente se sienten seguros porque son heterosexuales, no frecuentan prostitutas y no se inyectan o porque piensan que viendo el África subsahariana en National Geographic no se infectan, les digo que se bajen de esa nube y que se den por notificados de que el virus puede estar en su propia cama. Así como lo leen.
¿Que no? Dicen los que saben que la epidemia desbordó hace años los llamados grupos de riesgo, mejor dicho, que ahora todos estamos expuestos. Son cada vez más las señoras bien, con un solo marido (maridos confiados y jóvenes) las que engordan las estadísticas.
¿Que soy una vieja alarmista? Tómenlo como quieran, pero acepten que ni una sola persona se infectó porque quería o por curiosidad. Esto ocurre bien por ignorancia, bien por descuido. Por nada más.
Déjese de mojigaterías y empiece por saber con exactitud si usted y su pareja, sea del sexo que sea, tiene el virus o no en la sangre, y con base en eso actúe responsablemente. Tenga presente que no es tiempo de andar con más de una pareja y que hacerlo sin condón puede ser un crimen o un suicidio. Mejor dicho, una estupidez. Ah, ¿que a su pareja no le gustan? Pues mándela al diablo. Hasta luego.
OPINIÓN
ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
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