Carlos f. Fernández, asesor médico de EL TIEMPO
El sida no es la única enfermedad de transmisión sexual a la que amerita pararle bolas; este tiene unas primas con nombres no muy elegantes, que hacen un daño el macho. Una de ellas es la blenorragia, más conocida como gonorrea. No se escandalice con la palabreja y mejor lea estos consejos, claro, por si le sirven a algún primo suyo. ¿Qué es? Es una infección causada por una bacteria llamada neisseria gonorrheae, más conocida con el alias de gonococo; se adquiere por tener relaciones sexuales sin protección. También puede pasar de una madre infectada al recién nacido, al momento del parto. ¡Cuidadito! Ojo con la instalada. En los hombres, la gonorrea puede entrar por la uretra, que es el tubo que va desde la vejiga hasta la punta del pene; por el recto o por la garganta. Así como lo oye, así que no se aterre. Y en las mujeres, además de los anteriores, hay que sumarle el cuello uterino. Un ardor el macho. Cuatro o cinco días después del contagio, los hombres presentan un dolor terrible al orinar, que se acompaña de una secreción amarillo verdosa (perdón por la descripción); claro está que en algunos estos síntomas pueden tardar en aparecer hasta dos semanas, y en otros la enfermedad ni siquiera se manifiesta de este modo. No se confíe. ¿Y en ellas? La mayoría de las mujeres con infección en la uretra o en el cuello uterino no muestran signos evidentes, aunque algunas pueden quejarse de un aumento en el flujo vaginal, y otras poquitas manifiestan ardor al orinar. Repito: no se confíe. Qué peligro. Si el asuntico por pena no se trata, en los hombres la infección puede llegar al epidídimo (que son los tubos que conectan con los testículos), y eso no solo produce un dolor terrible, también puede dejarlos estériles. En las mujeres causa una enfermedad inflamatoria pélvica, que complica ovarios, trompas, útero, que además de producir dolor, malestar, fiebre y flujos, también puede dejarlas infértiles. Este mal también puede provocar infecciones severas en la garganta y en el recto. Trátese. Si tiene síntomas, o la sospecha, váyase directo al médico, nunca a la droguería y no siga consejos de sus amigos. Eso requiere de tratamiento antibiótico muy serio, ordenado por profesionales. Deje la bobada y la pena. Prevenga. La mejor forma de evitar tener este bicho de inquilino, es protegiéndose. No hay ninguna razón por la cual la gente insista en sostener relaciones sexuales sin condón. Ah, si tiene sospecha, absténgase, y si alguna vez estuvo infectado, háblelo con su pareja. Queda advertido. Por último. No le dé vergüenza hablar de estos temas ni piense que esta columna debe dejar de hacerlo.
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