Con toda la naturalidad del caso decidió pasearse y posar sobre Johanna, la mujer, la paisa entradora, la misma de la que muchos aseguran -por su evidente delgadez- que ha padecido de anorexia.
Ellas, Johanna y la serpiente, se unieron para recordar la imagen que Richard Avedon construyó con Natassja Kinski. El experimento dio resultado: ambas se entendieron a las mil maravillas, tanto que ahora la más delgada, por decisión de su dueño, se llamará también Johanna.
¡Quién lo creyera! A Johanna Uribe Vélez, la modelo que desvela a más de medio país, durante varios años la hicieron sentir fea y gorda. Esta mujer de cuerpo perfecto ha sufrido muchas depresiones, fue abandonada por sus dos grandes amores y solo hasta ahora se siente a gusto consigo misma.
¿Cuándo empezó con el modelaje?
A los 8 años y a partir de los 10 empecé a participar en reinados.
¿Cómo así que se vio gorda?
A los 15 años el cuerpo se enloquece. De la talla 4 subí en un carrerón a la 6.
¿Su cuerpo se le convirtió en una obsesión?
En Medellín hay una cierta obsesión por el culto al cuerpo y ¡claro!, viví mucho esa presión. Estudié solo con niñas en La Presentación de Envigado, éramos 44 en mi salón, de las cuales 15 éramos modelos y todas exigentes con el cuerpo.
¿Qué hacía para verse más flaca?
A esa edad (15 años) quería que los huesos de la clavícula se me notaran, para eso tenía que dejar de comer. Las niñas de mi salón solo comían frutas, tomaban mucha agua y se sometían a la moda del pepino (comer pepino y no almorzar). Cuando comencé con lo del pepino, no desayunaba ni probaba nada hasta las tres de la tarde.
¿Hasta dónde llegó?
No llegué al extremo de ser anoréxica, pues una amiga sí sufrió esa enfermedad y ese fue mi espejo. Solo un día dije: 'No como nada, quiero verme como mi amiga en vestido de baño'. Lo intenté, pero la migraña me puso mal y me tuvieron que poner suero.
¿Y se le volvió una obsesión?
Sí, cuando entré a trabajar como modelo, por hacerlo desde muy joven y porque ya hay mucha competencia. Las mujeres de Medellín son muy bellas, pero para ingresar al modelaje debes tener dinero, tienes que estar todo el tiempo bonita, la ropa debe ser la que se está usando, debes tener el blower todo el tiempo. En ese momento dices: 'Estoy delgada, pero necesito competirles a la más flacas que se están llevando todos los contratos. Además, mi novio en ese tiempo no me ayudaba para nada.
¿Por qué?
El novio con el que duré siete años, de los 13 a los 20, se encargó de hacerme sentir la más fea, la más gorda. Yo iba a ser reina y me decía: '¿Usted qué va a ser reina?, usted no tiene plata, está gorda'. Me exigía mucho y yo quería ser la mujer perfecta para él. Ese fue el comienzo de todo. Entré en una profunda depresión.
¿Cómo así?
Fui depresiva durante tres años, de los 15 a los 18. Llegué a estar muy triste cuando no quedaba en algún casting, me encerraba, no hablaba, decía lo mínimo: 'Sí, señora o no, señora'. Me volví muy tímida. Llegué a estar tan triste que yo veía gente que se reía y eso me molestaba. Me preguntaba: '¿Por qué son tan felices?'. Veía a una pareja donde ella no era tan bonita y me preguntaba: '¿Por qué se ven tan felices?'.
¿Qué pasó con ese novio?
Me iba a casar con él y me puso los cachos. Lo dejé y empecé a obsesionarme por demostrarle que sí podía ser una gran modelo.
Y sus papás, ¿qué papel jugaban en ese momento?
Cuando yo llegaba de un casting y no quedaba, empezaba a entrenar más duro y a comprar ropa. Cuando no quedaba, sufría mucho, me deprimía, no era capaz de soportar a mi lado a una persona que se comiera una hamburguesa. No me gustaba que mi amiga estuviera gorda. Así comenzaron las peleas con mis papás, pues querían que me saliera del modelaje.
¿Y qué pasó?
Por fortuna, mi madre es educadora y cuando se dio cuenta empezó a meterme en todo tipo de clases, de arte, de todo. La cosa se puso tan tenaz que me pidieron ser Señorita Antioquia para Cartagena, me faltaban cuatro meses para cumplir mis 18 años y mi papá no me dio permiso. Él sabía lo que venía con todo lo de la preparación del reinado, y ya era suficiente verme todos los días en el espejo, pesándome y con el metro en la mano.
Era una esclava total de su cuerpo...
Sí, fui esclava de mi cuerpo; todo era por estar perfecta. Mi trabajo era ir al gimnasio. Me volví adicta al ejercicio y luego empecé a conocer un montón de productos que se usan en los gimnasios. Tenía que ser competitiva y llevarme todos los contratos.
¿Con quién se comparaba?
¡Con todas! Me encantaban el abdomen de Claudia Bahamón, la cara y el pelo de Adriana Arboleda, los labios de Natalia París... ¡Gracias a Dios nunca me los toque!, porque no estoy de acuerdo con las cirugías en la cara.
¿Cómo fue superando esa obsesión?
Yo era totalmente plana. Tenía cuerpo de patinadora: mucha cola, buenas piernas, pero plana por delante. Después empecé a ganar platica con mis trabajos y pude operarme -si no me operaba el busto iba a perder muchos contratos. Ya no tenía el cuerpo de una adolescente sino el de una mujer, era necesaria la cirugía-.
¿Algo así como 'Sin tetas no hay paraíso'?
Sí, algo así. Esa cirugía me costó cuatro millones y medio. El médico creyó tanto en mí que me fió un millón, que le pagué un año y medio después. Cuando logré operarme me sentí feliz, quedé 34B, lo que se necesita para modelar en ropa interior. Entonces empezaron a contratarme más.
¿Alguna vez perdió contratos por su delgadez?
Sí, en México, hace tres años. Para una campaña en vestido de baño me necesitaban más gruesa. No me lo dieron y era un súper contrato.
¿Qué les dice a las niñas que se inician en el modelaje?
Que no se comparen con nadie; son bonitas como son. Dios las hizo bellas y no siempre para una campaña uno tiene que gustarles a todos.
La han tildado de anoréxica...
Alguna gente lo dice, pero cuando estoy en producciones se asombran, porque soy de las que preguntan dónde está la comida.
¿Por qué desnudarse?
Me siento cómoda con mi cuerpo. El cuerpo es mi fuerte.
¿Qué dicen sus papás de los desnudos?
Mi mamá, la primera vez, escondió todas las revistas para que mi papá no las viera; pero, al final, él entendió que es mi trabajo y que no lo estoy haciendo en cualquier parte sino en revistas importantes.
¿Cuando llegó a 'Sweet' le pidieron subir de peso?
Me lo decían de todas las formas. Estuve pendiente de cubrirme los brazos, porque tengo tendinitis bilateral crónica (por tanta natación se ven muy delgados).
¿Pensó que la iban a dejar presentando?
Yo tenía claro que era un reemplazo, pero sí guardé las esperanzas de que nos dejaran a las dos (a ella y a Natalia Peralta).
¡Increíble!... ¡A ella le pusieron los cachos!
¿Hace poco sufrió una decepción amorosa?
¡Humm!, sí. Eso también me hizo adelgazar bastante. Yo comía, trataba de dormir, pero no podía. Me dio insomnio, me puse muy delgada, ¡estaba tan triste!
¿La dejaron?
No es la primera vez que me la hacen. Lo que pasa es que esta vez estaba muy enamorada. Tenía planes de matrimonio y de bebé. Fue duro que de pronto me terminara por teléfono. ¡Fue muy cobarde!
¿La cambiaron por otra?
Ja, ja, ja... ¡Claro!, ese es el problema de los colombianos: ¡son infieles!, y me cambiaron por una más joven.
¿Con quién está saliendo?
Con un odontólogo, Juan Carlos Contreras. Somos
novios hace un mes.
Por Gloria Franco
Fotografía: Edwin Vélez
Producción: Chiqui Luna Morera
Asistente de fotografía: Edison Vélez
Vestuario: Julia de Rodríguez, calle 75 # 11-77, Bogotá. Ángel Yáñez, calle 65 # 2-01 Teléfono: 211 3731, Bogotá.
Accesorios: Joyería Colección Privada de Minny Firstman, Cra. 12 A # 83-64, local 2, Teléfono: 256 9633, Bogotá.
Maquillaje y peinado: John Agudelo, calle 104 # 14-66, Teléfono: 214 8710 y 257 9773, Celular: 312 496 0115, Bogotá.
Agradecimiento especial a la Granja Extrema, kilómetro 2 vía Guaduas. www.granjaextrema.villetacundinamarca.com
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