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La nueva vida de Adriana Arango

'Te amo Ana Elisa', la ópera prima de Adriana Arango, está en 51 salas. Es la historia de una mujer que defiende su dignidad y cree en los sueños.

 La historia nació en un taller de escritura con Los Mauricios (Navas y Miranda), y a partir de la imagen de una mujer desolada. Luego fue creciendo el cuento y se incorporó al personaje del hermano con retraso mental. Adriana la produjo, la protagonizó y comparte cartel con su esposo, Robinson Díaz, que encarna al hermano.

¿Qué no tiene de Ana Elisa?
Tanta paciencia; ni una familia ni una vida tan equivocadas. No estoy tan mal rodeada.

¿Algún aspecto de su vida influyó en el tono trágico de la película?
De perderlo todo... creo que mucho. Porque cuando estaba comenzando a escribir y actuaba en 'El informante', me separé de Robinson. Luego volvimos, cuando yo entré a 'Francisco el matemático'.

¿Qué pasó?
Que no estaba contenta con lo que estaba significando el matrimonio. Estábamos estudiando en mis clases de escritura el punto de giro, que es el momento en el que un personaje está frente a su vida y decide cambiar el rumbo. Fui a mi casa, me senté y pensé que mi vida necesitaba un punto de giro. Le dije: 'Robinson, me voy de la casa', y me fui. Cuando él llegó, no estaban la mitad de la casa ni su esposa.

¿Y...?
Eso cambió completamente nuestra relación, fue muy bueno. Porque Robinson y yo vivimos desde que yo tenía 17 años; es difícil ser chiquita, adolescente y crecer... Ese es un cambio que la pareja debe asumir. Eso de perder el norte está en la película. Es que en ese momento decidí que no quería hacer cosas con las que no estaba de acuerdo; comencé a tomar la vida en mis manos.

¿Qué la tenía tan infeliz?
Soy de naturaleza libre, me gusta que haya ventanas. Me autocastigué mucho por no poder seguir bailando, pues siempre fui bailarina y por el accidente (en una moto, cuando tenía 18 años) me dañé los ligamentos. Creo que pensaba que no tenía derecho a ser tan feliz pues había hecho algo mal.

¿Qué cambió?
Me veo hasta más joven que hace seis años; no ser feliz te endurece. Veo que Robinson es un príncipe maravilloso, que no hace más que cuidarme y pensar en mí. Todo lo que uno espera de alguien, él me lo da.

Era una pelea consigo misma...
Sí, y lo entendí años después. Lo estoy entendiendo ahora.

¿La película la ayudó a exorcizar?
Fue un viaje de humor. Esta historia cambió mi vida y mi opinión del mundo.

¿Qué quiere lograr con la cinta?
Ya lo logré. La quería hacer y que la viera la gente.

¿Viene otra historia en camino?
No, estoy leyendo mucho. Quiero cerrar este círculo. Las cosas llegan y los personajes lo buscan a uno. Confío en la vida; eso es tal vez por ser de Medellín, por haber vivido la adolescencia en ese mundo donde no se podía planificar. No creo en lo  que no está firmado ni en lo que no está al aire, y al mismo tiempo creo en todo. Porque soy testigo de que había gente que estaba y desaparecía... La muerte violenta es una cosa bárbara con la que se vivía en Medellín.

Por Diego León Giraldo S. / Fotografía: Diego Caucayo

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