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Hace 10 años existían en Bogotá más de diez salas de cine porno. Hoy sobreviven solamente dos, Esmeralda Pussycat, sobre la carrera séptima con veinticuatro, y Novedades, en la calle doce con sexta.
El motivo: la aparición de Internet y la incursión de las cabinas privadas de videos X.
La gran mayoría de los seguidores de las películas triple X en la capital, prefiere la variedad que ofrecen las páginas de la red y/o la intimidad (...)
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