Febrero 16 de 2008
Un bus disfrazado de loro es la única escuela ambiental itinerante del país
Como si fuera un carro gitano, el Lorobús va de pueblo en pueblo, no importa la carretera, el clima o si le toca subir una montaña o recorrer una trocha.
Pero no vende nada, vive de enseñarles a los niños a cuidar la naturaleza.
Cuando llega a algún caserío, es recibido por filas de personas que a veces lo persiguen como si llevara oculto un invento de otro mundo. Y es que está pintado de amarillo, rojo, verde y azul, un 'plumaje' que le impide camuflarse o llegar de incógnito.
Al subirse al carro, un Chevrolet modelo 82, y en lo que corresponde al 'estómago' de esta ave mecánica, los 400 niños que recibe en promedio diariamente -el 90 por ciento proviene de escuelas públicas- aprenden que algo debe andar mal si en algún momento escuchan la palabra 'extinción'.
Allí ven videos e imágenes de aves que viven en los biomas o regiones naturales de fauna y flora de Colombia, y se encuentran de frente con reproducciones gigantes de páramos, desiertos, humedales y manglares. Así, al volver a casa, el concepto 'biodiversidad' no les parece una palabra tan rebuscada.
También intercambian sus armas de juguete por libros de bolsillo estampados con loros, tortugas, ranas, ballenas, focas y dantas. Y aquellos que están acostumbrados a cazar pájaros hacen la entrega voluntaria de sus caucheras.
Nelson Arango es su conductor, aunque también es recreacionista cuando hace falta. Y Johanna Villa, una estudiante de 21 años de Licenciatura en Ciencias Naturales, es quien atiende a los pequeños desde hace dos años.
"Cuando llegamos a lugares que tienen zonas naturales especiales, hacemos énfasis entre los niños sobre la importancia de cuidarlas. Eso es clave para que perduren en el tiempo", dijo Villa.
Eso hicieron hace una semana, cuando el aula móvil reanudó su travesía nacional por zonas de conservación de especies.
Pero lo más importante es que ha vencido las opiniones de los maestros. Como la de Astrid Rodríguez, de la escuela Aguas de la Virgen, de Ocaña, que dice que es un ejercicio lúdico único, del que lo niños no se olvidan fácilmente. "El bus vino la semana pasada, y aún hoy hablan de las aves y se distraen coloreándolas en sus cuadernos".
Villa dice que a veces llegan a regiones donde la gente suele mantener en sus casas, como algo normal o cultural, especies silvestres. "Parte de la capacitación busca frenar la venta de esos animales exóticos -cuenta- Pero lo mejor de todo el trabajo es escuchar las voces de los niños. Un día, uno de ellos me dijo al terminar la jornada: cuando grande quiero trabajar cuidando los pájaros. Eso paga todo este esfuerzo", agregó Villa.
"El bus vino la semana pasada y los niños aún hoy hablan de las aves y se distraen coloreándolas en sus cuadernos".
Astrid Rodríguez, profesora de Ocaña (Norte de Santander).
Ha ido a 2.148 aulas
JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY
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