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Noviembre 17 de 2007

Transformación de la educación en Alemania genera polémica

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Foto: Édgar Alfonso / EL TIEMPO
Equipo de trabajo de una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Colonia (Alemania).

Se pretende dar gran flexibilidad y fusión entre las carreras. Sin embargo, cada vez se descuidan más unas áreas que otras. El país europeo está en busca de estudiantes extranjeros.

En un laboratorio por el que difícilmente se puede caminar sin derribar el material de los experimentos, el chileno Carlos de Lucía investiga cómo crear moléculas que den órdenes a las células para curar enfermedades. "Como ven, hay problemas de espacio aquí", dice de Lucía, investigador y docente que vive hace 12 años en Alemania, sobre la sede del Instituto Leibniz para la Farmacología Molecular.

"Cada vez es más difícil conseguir financiación. Ahora se concentra el dinero en grupos de excelencia", dice, aunque luego agrega que está mucho mejor que en su país. El comentario del científico chileno suena extraño en medio del derroche de tecnología del campus de educación e investigación de Berlín, donde trabaja.

Pero la sensación de malestar no es solo suya. De hecho, en todos los estados alemanes hay un debate fuerte sobre el gran giro en educación superior y ciencia que está dando el país, que si bien se concentra en proyectos científicos y carreras de punta, se le acusa de acabar con la identidad académica alemana.

Este debate cobra vigencia en países como Colombia, en los que las reformas europeas a la educación y la ciencia están imitándose.

Menos flexibles, más uniformes

La manzana de la discordia tiene dos lados. Por uno, el Gobierno alemán creó la figura de Iniciativas de Excelencia, que consiste en apoyar un puñado de proyectos de investigación de élite. Por el otro, empezó a adaptar las carreras universitarias a un estándar europeo de 'bachelor' (pregrado) y 'master' (posgrado), conocido como Proceso de Bolognia, para facilitar el intercambio estudiantil, pero a costa de la acostumbrada libertad de cátedra.

"El proceso no es tan uniforme como todos dicen. No es cierto que las universidades lo acogen sin problema", reconoce Uwe Bentrup, funcionario del Ministerio de Educación encargado de la reforma de los títulos universitarios. La misma ministra de Educación cuestionó el cambio. Al sur del país, en Munich, la capital de Baviera, están dos de las tres primeras universidades catalogadas como 'de excelencia'. Son dos mundos aparte a pocas cuadras de distancia, un claro ejemplo de los contrastes de esta idea.

La primera, la Técnica de Munich (TUM), le ha sacado provecho al buen momento que vive la financiación de la ingeniería y está concentrada en las ciencias aplicadas. La segunda institución, la Ludwig-Maximilians, se anuncia como la más tradicional: un templo de ciencias sociales y flexibilidad para tomar cursos, sobre todo en posgrados. Con un único inconveniente, como reconoce Herta Wolf, de Relaciones Internacionales: las ciencias sociales y la flexibilidad no están de moda con el nuevo modelo. El punto en común es el fuerte interés por ser destino preferido de los extranjeros.

"Necesitamos más ingenieros en Europa. Ya tenemos un 19 por ciento de estudiantes extranjeros y necesitamos que vengan más. Los bajos costos (650 euros al semestre) son clave", dice Christoph Steber, director de Relaciones Internacionales de la TUM. "Ofrecemos algo distinto a Estados Unidos. Pero en Latinoamérica, especialmente, los jóvenes solo ven ese país", apunta Wolf.

Unificarán todos los títulos

La posibilidad de que un alumno inicie su carrera en un lugar de Europa y la termine en otro -debido al sistema por módulos- ha sido la principal consecuencia de las reformas, que comenzaron a finales de los 90 en 20 países y hoy ya incluyen a 46. La meta es que en el 2010 los países participantes hayan transformado sus carreras para que un estudiante curse pregrado y máster en 5 años y que haya mecanismos para hacer intercambios casi automáticamente.

"Pero esto es tan complejo que será imposible cumplir la meta y falta afinar detalles, como la posibilidad de que un alumno becado por Alemania se lleve su beca a Inglaterra", afirma Cornelia Hensel, directora de educación superior de la Conferencia de Ministros de Educación.

En cuanto a la evidente barrera del idioma, universidades como la TUM piden un certificado básico de alemán y luego capacitan al extranjero antes de que inicie su carrera, y la tendencia es ofrecer cada vez más carreras en inglés, pero todavía son pocas. "Hay muchas cosas por ajustar -admite Uwe Bentrup- pero el único beneficiado es el estudiante, sobre todo el extranjero".


BERLÍN
ÉDGAR ALFONSO
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
 por invitación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania

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