Noviembre 24 de 2007 -

Salidas al campo inspiran ideas ecológicas en clase

Nadar con los delfines rosados cambió la forma de pensar de María Castilla Brava, estudiante del grado octavo del colegio bogotano Los Nogales.

Le sirvió para entender que ensuciar los ríos es perjudicial para estos animales y muchas otras especies en vía de extinción.

"No es lo mismo ver un animal exótico en un libro que estar cerca de él. Si botamos un papel al río acabamos con nuestro medio ambiente", dice María, quien ha participado en varias excursiones preparadas por su colegio y la Organización para la Educación y la Protección Ambiental (Opepa).

La relación de María con el entorno natural se inició desde sus primeros años de estudio, cuando salía a caminatas y excursiones, que le generaron su gusto por el ecosistema.

Tanto, que ahora quiere ser bióloga o ingeniera ambiental.

"La mayoría de los niños de la ciudad limitan su imaginación a los juegos de video y tiene una concepción errada de las zonas rurales -asegura Luis Alberto Camargo, director y fundador de Opepa-. En una de las salidas un niño me comentó que le daba asco sentarse en el pasto porque era sucio".

Además, cuando un menor está alejado del entorno natural puede padecer del 'síndrome del déficit de naturaleza', expuesto por el escritor Richard Louv, quien argumenta que los niños que no conocen el campo pierden la oportunidad de desarrollar habilidades cognitivas.

Ahorrar electricidad para evitar la extinción del oso de anteojos, tratar de no usar productos hechos con pieles animales, aprovechar el agua, reciclar y reutilizar envases son algunas de las costumbres que, si se aprenden en los primeros años de vida, serán más fáciles de aplicar en el futuro.

Por eso, Julieta Gómez, estudiante de psicología de 17 años, se vinculó con Opepa hace un año para enseñarle a la gente de su pueblo -Betulia, Santander- que "limpiar el mundo es un trabajo de todos y que la acción de uno solo afecta a toda la comunidad".

El trabajo de Julieta, que estudia primer semestre en la Universidad Católica de Bogotá, se divulgó en todo el pueblo y así logró movilizar a la población.

Empezó con actividades de enseñanza para los niños y luego se extendió en campañas de limpieza para toda la ciudad. "Conseguí recursos para comprar escobas y movilicé a las personas para que asearan el pueblo. Pero lo más importante no era solo la actividad, sino generar conciencia de que debemos acostumbrarnos a ser limpios y a cuidar".

Una de las motivaciones de la estudiante para asear su pueblo era educar a las personas para que no dañaran el espacio en el que viven. Ella asegura que su iniciativa partió de una excursión a Tobia (Cundinamarca), donde le enseñaron a reciclar y a manejar residuos sólidos, uno de los proyectos de Opepa.

Ambientalistas desde pequeños

La Organización para la Educación y la Protección del Medio Ambiente (Opepa) cumplirá en el 2008 sus primeros 10 años de trabajo.

Cuenta con cursos vacacionales, convenios con colegios de diferentes lugares del país para orientar la formación en biología y ecología e incluso enseña a practicar deportes de aventura.

Además, ofrece proyectos de educación al aire libre, en los que alumnos de diferentes colegios participan de alguna actividad, que les permiten acampar, hacer caminatas, contactarse con animales y practicar rafting o canopy, según la zona que visiten.

"La exploración que hacen los estudiantes en las granjas, por ejemplo, les permite idear, imaginar, trabajar en grupo, resolver problemas y descubrir cosas que no se pueden ver en la ciudad", dice Luis Alberto Camargo, director y uno de los fundadores.

En el 2005, Camargo fue nombrado emprendedor social por Ashoka, una asociación mundial que reconoce a personas que generan soluciones innovadoras para resolver problemas de la sociedad, en este caso, los asuntos ambientales.

La ONG ofrece también cursos especializados en temas ambientales para mayores de 16 años y adultos.

PAOLA GONZÁLEZ OSORIO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO 

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