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Hamburguesas de lentejas y rollos de soya, son algunas de las opciones que tienen los universitarios que prefieren una alimentación más 'verde'.
Quienes han estado en la universidad, conocen el ritmo de vida tan exigente y agitado que debe llevar un estudiante. El bolsillo se ve afectado debido a los gastos diarios, como transportes, fotocopias y alimentación. Sin embargo, lo que pocos saben es que esta rutina se complica aún más cuando no sólo se es estudiante, sino que al mismo tiempo se es vegetariano.
Adriana Marcela tiene 18 años y está en tercer semestre de medicina veterinaria en la Universidad Nacional de Colombia. Lleva un año de su vida sin volver a probar un alimento de origen animal, sobretodo porque para ella nunca fue muy gustoso consumir carne después de haber visto una vaca abierta para estudiar su anatomía. Hoy se siente bien con su vegetarianismo que, para ella, es todo un estilo de vida.
Sin embargo, muchas veces esa felicidad se ve empañada cuando debe sortear con lo que, dice, es "la discriminación del mercado con los vegetarianos". Recién entró a estudiar, pasó varias semanas intentando organizar su alimentación, ya que la comida sin carne que se consigue en su universidad no es "apta para todos los días", puesto que hace parte de las llamadas comidas rápidas. "Rollos de soya, pizza o hamburguesa de lentejas, es lo que se suele conseguir en algunos lugares. Suelen costar entre tres mil y cinco mil pesos", cuenta.
La mejor solución
Ahora, tras un año de conocer cómo debe vivir un vegetariano en la universidad, Adriana ha decidido tomar el camino más seguro: llevar su propio almuerzo. Como todos los días, ella sale de las aulas de veterinaria, camina con algunos de sus amigos y, en una de las tantas zonas verdes de las que goza su establecimiento educativo, se sienta y saca su comida.
"Es un típico 'corrientazo'. Lo que hace mi mamá el día anterior en mi casa, es lo que traigo para almorzar, sólo que reemplazo la carne por un derivado de soya", dice. Algunos de sus amigos también son vegetarianos, tal vez por los mismos motivos de Adriana. En la Universidad Nacional, debido a la gran cantidad de estudiantes vegetarianos, se encuentran alternativas sin carne, muchas veces, vendidas por los mismos compañeros. Sin embargo, la situación en otros establecimientos educativos no es igual.
Prueba de esto es Erika Marín, una estudiante de Derecho y Ciencias humanas en la Fundación Universitaria Luis Amigo. Ella debe comer, prácticamente todos los días, ensaladas de frutas, ya que "es lo único que venden. Cerca de allí queda un almacén de cadena donde tampoco hay comidas vegetarianas. Es por esto que siempre he dicho que nos discriminan". Para Erika también es una odisea conseguir qué almorzar todos los días.
Mientras tanto, miles de universitarios, que sí comen "de todo", se rebuscan con esfuerzo el tiempo y el dinero para almorzar adecuadamente mientras estudian. Ellos no saben que hay quienes, por padecer un poco más de estas dificultades, han aprendido a resignarse. Adriana, Erika y otros cientos que son vegetarianos, esperan que "la discriminación del mercado", de la que ellos hablan, desaparezca y brinde opciones para todos.
DIANA MELO ESPEJO
CÓDIGO DE ACCESO IX
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