Cristian Macuna, un niño indígena de 7 años, sintió miedo antes de entrar al Cine Domo de Maloka. Como él, 40 niños provenientes de Taraira se acercaron por primera vez a la tecnología.
La única forma de salir de Taraira (Vaupés) es por vía aérea. En este municipio, a dos horas de vuelo y ocho en flota de Bogotá, existe sólo un colegio. En él estudian 241 niños, algunos de ellos pertenecientes a comunidades indígenas establecidas fuera del casco urbano, por lo que tienen que vivir en el plantel educativo.
Tres veces al año, los 110 estudiantes internos tienen que realizar recorridos largos para poder ver a sus familias. La comunidad más cercana está a dos días de camino por la selva y la más alejada a ocho en bote. Muchos de estos niños son políglotas, hablan dos lenguas nativas, español y portugués.
Hace unos días, 40 alumnos entre los 9 y 12 años, seleccionados por rendimiento académico, empacaron maletas para viajar a Bogotá. La mayoría jamás había salido de la zona ni había tenido contacto con la tecnología, pues en el colegio no existen laboratorios y sólo hay dos computadores que están destinados para labores administrativas.
Cosigo, empresa minera que actualmente realiza exploraciones en la zona para encontrar oro, financió el viaje y los cuatro días de estadía de los estudiantes, en los que visitaron el centro histórico de la capital, Maloka, el parque Jaime Duque y un circo.
El primer contacto con la tecnología
Caras de asombro y gritos de alegría fue lo que se vio en la maloca capitalina. "Vaupés, Vaupés no te busquen los que no saben luchar, que a tu selva se entra siempre con coraje, a tus ríos con bravura y a tu corazón con fe. Soy un hijo de la selva, un hermano del tucán", cantaron los niños al unísono luego de que el Himno Nacional sonó para recibirlos en el centro interactivo.Recorrieron todo el lugar. Se lanzaron sobre el mapa de Bogotá, jugaron durante varias horas en los computadores, observaron detenidamente el funcionamiento de una casa y, finalmente, conocieron el Cine Domo.
Con risa nerviosa, Cristian Macuna, de 7 años, decía que tenía miedo mientras se acomodaba en una de las sillas. Sostenía fuertemente la bolsa plástica que le habían dado a la entrada por si le daba mareo y hablaba con tres compañeros que se ubicaron a su alrededor: "Ojalá sea una película de acción, que no sea de amor", decía.
"Bienvenidos al primer Cine Domo de formato gigante de Suramérica (...) si siente mareo ponga sus manos junto a los ojos para bloquear los efectos" se escuchó y de repente las luces se apagaron. Inmediatamente los estudiantes gritaron, susurraron y soltaron risitas nerviosas.
El silencio se apoderó rápidamente de la sala cuando aparecieron los tres insectos astronautas que fueron los héroes de los niños mientras aprendieron sobre el primer viaje del hombre a la Luna. Al finalizar, todos estaban asombrados y hablaban sobre las escenas más impactantes. Comentarios como "Estuvo bacano", "creí que el cohete se iba a estrellar con la Luna", se escuchaban por todas partes.
"Queremos que de aquí salga un astronauta" aseguró Diego Ramírez, representante legal de Cosigo. Por su parte, Derlis Paternina, rector del colegio, dijo que "los alumnos se mostraron extraños, se asombraron con la cantidad de carros, inventos y edificios".
Al preguntarles a los niños por lo que más le había gustado de Bogotá, María Doris Valencia, una niña indígena de 11 años, respondió "El Cine Domo y las ensaladas y verduras, allá (colegio) solo comemos papa, plátano y arroz".
ÁNGELA VELANDIA
CÓDIGO DE ACCESO IX
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