El concierto en la plaza de Trocadero debe visibilizar las lecciones de la movilización francesa por Ingrid.
Por: Cristina Castro*
Hoy la fiesta del 20 de Julio se podrá ver desde la Torre Eiffel. Juanes estará encabezando la rumba en la plaza de Trocadero con los "sueños de libertad" de sus canciones, pero estarán ahí también Pablo Emilio Moncayo, Sigifredo Lopez, el Coronel Mendieta y los demás secuestrados en lo que promete ser un multitudinario concierto que Francia quiere ofrecerles para mostrarles que no los olvida a ellos tampoco.
Pero el concierto de hoy deberá ser más que un llamado a la emoción para transformar una movilización que, incluso después de la liberación de Ingrid, los colombianos siguen viendo con desconfianza. Un momento ideal, ahora que empieza a calmarse la euforia, para reflexionar sobre un movimiento mundial encabezado por Francia que al lado de sus grandes aciertos deja también grandes lecciones.
Aciertos porque se convirtió en un ejemplo de la magnitud que puede tomar la movilización ciudadana. Pocos reconocen que fue por el trabajo de los comités de apoyo que la libertad de Ingrid se convirtió en una prioridad del gobierno y no al revés. Más que lograr nombrarla ciudadana de honor en 2102 ciudades y de poner su rostro desde Notre Dame hasta la cumbre del Mont Blanc, sin conocer a Ingrid ni a Colombia miles de anónimos dieron una batalla por lograr que el mundo no se olvidara de los secuestrados cuando en Bogotá muchos ya lo habíamos hecho.
Por eso, durante todo este tiempo, Ingrid fue el rostro de nuestra vergüenza y la vara con la que la opinión internacional midió nuestra capacidad de olvidar, de vivir como si nada en medio de tantas tragedias. Una molestia constante que negó nuestro principio de que la "ropa sucia se lava en casa".
Mientras que Melanie fue la mujer del año en Francia por el combate por la liberación de su mamá, en Colombia Yolanda Pulecio sigue pagando el precio de ser llamada "apátrida" por haber pedido internacionalmente el acuerdo humanitario para la liberación de su hija. Irónicamente mientras Ingrid recibió la libertad en medio de honores, Luis Heladio Pérez tuvo que huir del país y Clara Rojas vive en medio de las llamadas de la prensa pidiendo todavía que la dejen vivir sin tanto dolor.
Pero del otro lado, fue también en ese afán de los franceses de enseñarnos a sentir, desconociendo que no es que los colombianos no nos duela la barbarie, sino que a la hora manifestarnos nos pesan las decepciones del pasado, que la movilización también dejó abiertas grandes heridas.
Fueron, por ejemplo, los comités quienes se opusieron públicamente a la marcha del 4 de febrero en Francia, calificando de gobiernistas a quienes la convocaron. Fue París quien durante varios años hizo oídos sordos frente al pedido de modificar la leyenda de "detenida en Colombia" que acompañaba el rostro de Ingrid a "secuestrada por las Farc" con la que muchos sentían se desconocía "todavía que las Farc no son Colombia y que Colombia no son las Farc", como dice la carta que los colombianos en Francia les escribieron a los Comités y que tiene hoy cerca de mil cien firmas en Facebook.
Hoy cuando es la misma Ingrid quien le ha recordado a su "dulce Francia" lo que los colombianos resintieron durante sus seis años de cautiverio: que la movilización no puede ser solamente por la libertad de ella, cuando a su alrededor se está construyendo un movimiento de solidaridad con los secuestrados que va mucho más allá de la concientización y que ya promete por ejemplo programas de becas para los soldados liberados y cuando dos pueblos tan diferentes pueden celebrar en directo y con música la misma fiesta, hay muchos buenos motivos para creer que con Ingrid la movilización internacional en el conflicto colombiano tendrá necesariamente que cambiar.
* Red Código de Acceso
Estudiante de Derecho Internacional de la Universidad París II, Panthéon Assas.
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