Foto: Diego Morales/Código de Acceso
El 'portrillo menor', Sebastián Noguera, durante una serenata de cumpleaños.
Juan Pablo y Sebastian Noguera sólo tienen 15 y 13 años, pero llevan la música en las venas desde que estaban en el vientre de su madre. La historia de dos hermanos que sueñan ser estrellas musicales.
En la familia Noguera, literalmente, hasta la abuela canta. Papá, hermanos, hermanas, tíos y primos tienen sangre musical. Se levantan escuchando rancheras y se acuestan con canciones mexicanas y llaneras.
A Juan Pablo y Sebastian, su papá no les permite escuchar rock ni metal, sin embargo, a ellos eso poco les interesa, pues sus gustos no discrepan mucho de los de su padre. Admiran a Javier Solís, crecieron escuchando a Antonio Aguilar, y uno de sus ejemplos es "el maestro" Vicente Fernández.
En las paredes de la sala cerca de 15 fotografías de presentaciones musicales hacen juego con el altar que le tienen a la virgen. Para hacer una entrevista a los "potrillos" un fin de semana es necesario hablar al menos con 10 de sus familiares, pues se reúnen para almorzar y compartir.
En esta familia, desde temprana edad se aprende a ser músico. Los hermanos, que actualmente cursan octavo y décimo grado en el colegio Distrital Nueva Zelandia, no son la excepción. En las reuniones familiares los niños cantan e interpretan instrumentos, para luego llenarles los sombreros con dinero. En tercero de primaria cuando a Sebastian le preguntaron qué quería ser cuando grande respondió: "director de un mariachi", y en realidad, no está muy lejos de serlo.
De "gallo"
A las 3:45 de la tarde, cuando su padre, Gedeón, dice "nos vamos de gallo", todos dejan lo que están haciendo y empiezan el "corre corre" para llevar la serenata. Gedeón llegó de Santander hace 40 años y con la ayuda de su hermano Simeón, fundó el mariachi 'Voces Mexicanas', en el que Juan Pablo, y Sebastián se han formado.
Mientras todos se organizan para salir se escuchan cosas como: "¿Dónde está el sombrero bordado?", "¿y las botas rayadas?", "póngase mejor el traje rojo". Y no es para menos, en la casa de los Noguera hay más de 10 pares de botas, 40 trajes de charro Y 30 sombreros para escoger 'la pinta' de la noche.
A los quince minutos todos están listos, incluso quienes no se van de "gallo". Las tres hermanas de los potrillos, que también siguen la carrera musical, aprovechan que es domingo para ir a dar un paseo al centro comercial Santa Fe.
En la calle, con Gedeón al volante, los espera "Los Magníficos", una camioneta amarilla que hace 20 años los transporta. Aunque caben aproximadamente 15 personas en ella, todos los espacios se llenan rápidamente. Acomodan los sombreros, el sonido, los instrumentos y empieza la procesión.
Frederminda, su madre, se sienta en medio del conductor y del potrillo más pequeño. Sebastián, al igual que su padre y hermano, viste su ropa favorita: un traje rojo rayado y botas puntiagudas grises. Lleva además un anillo grueso de oro, que según él, sirve para controlar al público, protegerse y "atraer las buenas energías".
La Autopista Norte a esa hora está despejada, hacen una parada en el centro comercial para dejar a las hermanas y siguen hacia Chapinero. Estacionan cerca de "La Playa" -la reconocida calle de los mariachis en la calle 59 con Avenida Caracas-, buscan dos "elementos" (músicos) para completar la alineación musical y se dirigen a Fontibón, para ofrecer una de las dos serenatas programadas para la noche.
Los Potrillos de Tijuana, generalmente trabajan los fines de semana hasta las 2 ó 3 de la madrugada. El día de la madre por lo general dan 18 serenatas y en ocasiones trabajan dos días sin descanso.
Sebastián y Juan Pablo van sólo si quieren, y la plata que recogen de cada presentación la ahorran. Para las primeras serenatas que dieron se iban en jean y camiseta. Frederminda recuerda que sus hijos "no se perdían ninguna y querían acompañar al papá todo el tiempo".
Las cosas no han cambiado mucho, van casi a todas, excepto a las de los funerales, porque Sebastian les tiene un poco de miedo. Como los dos quieren estudiar música, alternar el colegio con la vida de mariachi no es problema. El día del maestro siempre se presentan, tienen bastantes admiradoras y reciben muchas llamadas. Paradójicamente son muy tímidos con ellas, algo que no les pasa en el escenario.
Con las noches de serenatas han llegado a cumplir algunos de sus "sueños". Juan Pablo ahorró 1250 dólares de su trabajo para comprarse una vigüela nueva, que es su instrumento preferido, y Sebastián, a sus trece años ha compartido escenario con Gabriel Arriaga, Darío Darío, Uriel Henao, el mariachi Voces de América, y acaba de lanzar "Padre y amigo" una producción en compañía de su padre.
Son las 6:15 de la tarde y después de buscar la dirección por un buen rato, llegan al lugar de la serenata. Abren con 'Cielito Lindo', les ofrecen cerveza y Simeón Noguera, entre risas, comenta que los únicos lugares donde no ofrecen trago son las casas cristianas.
Después de más de media hora de presentación, el potrillo mayor, que últimamente sólo toca la vigüela porque su voz está cambiando, hace una excepción y cierra la noche con 'Estos Celos' de Vicente Fernández. A las 8:00 pm están de nuevo en "Los Magníficos" rumbo a la segunda serenata que acerca a Sebastián a su sueño de tercero de primaria, del que tal vez, no está muy lejos.
Ángela Velandia
CÓDIGO DE ACCESO IX
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