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Profesor de música de un colegio público del sur de Bogotá recibió Premio Compartir al Maestro

Foto: Fotos Andrea Moreno / EL TIEMPO

Es la cuarta vez que el profesor González participa en la convocatoria y la primera vez que lo nominan. En la calle lo confunden con el actor Enrique Carriazo, por su parecido físico.

Gustavo González Palencia, quien tuvo que terminar el bachillerato en un colegio nocturno, recibió el premio por enseñarles a sus alumnos otro camino con el arte.

Tenía 15 años cuando cursaba el grado 11. En el día trabajaba como empleado de un supermercado para ayudar con los gastos de su familia, y en las noches, sin falta, acudía a clase, pese al cansancio y al sueño.

Su infancia fue en un humilde rancho forrado con tejas de zinc en el barrio La Alquería, donde vivía con sus padres y sus nueve hermanos.

Pero lo que nunca le faltó fue amor y el buen ejemplo de su padre, un hombre que se ganaba la vida con la destreza de sus manos: era obrero de construcción y músico. Interpretaba con maestría la guitarra. De él heredó la vena artística, y por eso, al graduarse de bachiller, decidió estudiar licenciatura en música en la Universidad Pedagógica.

Mientras se ganaba la vida encuadernando textos y reparando libros deshojados en una pequeña microempresa que él mismo creó, aprendía a interpretar todo tipo de instrumentos y se formaba como docente.

Ya graduado como licenciado, empezó a trabajar como profesor de música en varios colegios. "Si a los profesores los subvaloran en este país, sucede mucho más con los que enseñan música. Creen que solo sirven para amenizar las izadas de banderas", cuenta González, de 44 años y con 20 años como docente.

Hace 12 años entró a trabajar en la Escuela Normal Superior Departamental María Montessori, en el barrio Restrepo, en el sur de la ciudad, donde van niños de escasos recursos económicos.
Al llegar allí solo encontró un viejo órgano sin teclas.

Sin embargo, él, a punta de proyectos y actividades, empezó a conseguir todo tipo de instrumentos, que hoy, suman más de 100.

Convencido de que con la música puede edificar mejores seres humanos, ha conformado orquestas tropicales, grupos folclóricos y hasta una minisinfónica. Muchos de sus estudiantes
estudiar música y algunos de ellos le enseñan a él y otros estudian en prestigiosas universidades europeas. Incluso, muchos de sus pupilos ya han grabado sus propios discos en un rudimentario estudio que él construyó en el colegio.

"Con la música hemos salvado a muchos jóvenes de los vicios de la calle", comenta González, casado con una educadora y padre de dos hijos.

"La música crea disciplina, edifica y forma, y eso se extiende a todas las áreas del aprendizaje", explica González, quien promueve la enseñanza musical como una actividad recreativa más allá de los requisitos académicos. "La música es para gozársela", sostiene el docente que espera que con los 40 millones de pesos que recibirá de premio pueda terminar de pagar la casa en la que vive con su familia.

'Edificar desde la lectura y la escritura' 

Nancy Toro López, licenciada en básica primaria y oriunda de Sonsón (Antioquia), se trepaba desde pequeña en los tacones de su mamá y jugaba a la profesora con sus hermanos y amigos.
Desde entonces, descubrió que enseñar era la misión de su vida.

Trabaja en la Escuela Normal Superior Presbítero José Gómez con los niños de primero de primaria enseñándoles a leer y a escribir. No con cartillas ni con el método 'eme con a: ma'. Su proyecto pedagógico, el mismo que la convirtió en Maestra Ilustre, consiste en enseñarles a los niños a tomar cosas de su entorno natural para que empiecen a crear textos propios. Con esto ella pretende que desde los primeros años los niños aprendan a comprender a profundidad lo que leen y escriben.

'La química debe ser un juego'

Indalecio Villarraga, un bogotano con 26 años de ejercicio en la docencia y que trabaja en el Inem de Villavicencio, fue escogido como uno los maestros ilustres del premio. Al identificar que los estudiantes le tenían pánico a la Química, por su misma complejidad, este docente decidió convertirla en un juego. Diseñó un proyecto pedagógico en el que los alumnos aprenden a preparar desde quesos hasta jabones, partiendo de los elementos básicos de la naturaleza hasta llegar a los conceptos científicos. Hoy, su clase es un juego. Ninguno de sus alumnos pierde la materia, y lo mejor, la aprenden bien. Su colegio tiene uno de los mejores promedios de química en el Icfes en todo el país.

'La filosofía, en la vida práctica'

Martha Graciela Arias, docente del Colegio Nuestra Señora de la Consolación también su seleccionada como maestra ilustre. Esta bogotana fue escogida por un proyecto pedagógico en el que les inculca la filosofía a sus estudiantes como un proyecto de vida. "La idea es formarlos como personas críticas frente a su contexto, que apliquen las teorías de los grandes pensadores a su vida diaria", cuenta la profesora, formada en filosofía y letras, y quien pertenece a una familia de educadores. Es la primera vez
que se presenta al concurso.

REDACCIÓN VIDA DE HOY

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