Para la mayoría de los colombianos, las relaciones con el gigante asiático apenas están comenzando; bien vale la pena tener en cuenta algunos puntos para que desde el inicio sean armónicas.
Ante todo, es preciso saber que todo se basa en la confianza, la humildad y el respeto, razones que por demás tienen carácter universal; sin embargo, con ellos se trata de merecerlos, una vez se hayan seguido ciertos pasos.
Son discretos en su forma de vestirse, las mujeres jamás llevan escotes ni tacones altos, y si lo hacen es solo en grandes recepciones. Los hombres visten como los occidentales.
El saludo se hace de dos maneras: el tradicional, poco practicado hoy en día, es la inclinación de cabeza y el tronco; se responde haciendo lo mismo, colocándose diagonalmente para evitar estrellarse; el segundo es el usual, el de mano. En todo caso, es preciso permitir que ellos tomen la iniciativa e imitarlos.
Si saludan con la inclinación, se debe permitir que quien lo haga se incorpore antes que uno, como signo de respeto.
Se les llama por el apellido precedido del 'señor' e inmediatamente se procede a entregar y recibir las tarjetas, sosteniéndolas con ambas manos, con las letras mirando a la persona que la va a tomar. Si son varias personas, a cada uno le entrega la respectiva. Las de ellos están escritas en su idioma mandarín por el frente, y por detrás en inglés. Un buen detalle sería el imitar este gesto.
El inglés lo estudian, pero la gente del común no lo practica y muy a menudo no lo entiende, así que es mejor dirigirse siempre al intérprete, quien muchas veces puede ser un empleado de la empresa, en lugar de un profesional.
Se considera un gesto de cortesía el que el interlocutor se haya aprendido algunas palabras de uso frecuente como el saludo y gracias. Comienzan mediante preguntas de tipo personal respecto a la familia, el país de origen, el estado civil o inclusive el sueldo, sin esperar lo mismo del interlocutor.
En los restaurantes, el que ordena las comidas es el anfitrión; por esta razón, se entrega un solo menú; esta es una oportunidad para hacer gala de sus conocimientos y generosidad.
Todo se coloca en el centro de la mesa en una tabla giratoria, para que cada uno disponga a su gusto. Sirven, comen y beben en grandes cantidades, y si ven que uno tiene el recipiente desocupado con sus propios palillos y sin preguntar, proceden a llenarlo.
Hacen lo mismo con las bebidas, las que toman al clima, inclusive la cerveza; si se ordena agua la sirven caliente, con excepción de la mineral.
Para comer, además de los palillos, el visitante puede pedir cubiertos.
El brindis es usual y de carácter individual no general, lo hace el anfitrión con alguno de sus invitados, con cualquier bebida, licores, vino o inclusive con té.
Las comidas se sirven en platos pequeños y los líquidos en tazas sin asas. El arroz, que es insípido y pegajoso, se consume al final y para comerlo se acerca el recipiente a la boca.
El postre se sirve al tiempo con la demás comidas.
Son muy puntuales, suelen almorzar y comer temprano (12 m y 6 p.m.)
Tienen gran aguante y capacidad para beber, y tan pronto comienzan a consumir se relajan; sin embargo vale la pena cuidarse y no excederse, esta es una forma que suelen emplear para analizar al visitante. Permanecen largo tiempo en la mesa y son muy ruidosos.
Será interesante después de los Juegos Olímpicos volver a examinar lo que ha ocurrido en un país de tradiciones tan arraigadas.
DIANA NEIRA
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