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Julio 17 de 2008

Los discapacitados y las normas de etiqueta para tener en cuenta

Todo ser humano tiene derecho a las mismas oportunidades, de manera que depende de cada persona los éxitos que llegue logre en su vida y en su mundo profesional.

En el ámbito laboral es una máxima el permitir a quienes poseen algún impedimento acceder a puestos y desempeñar cargos de responsabilidad.

Sin embargo hace falta ponernos en el lugar de estas personas para saber actuar con prudencia y sensibilidad.

Me refiero además del comportamiento adecuado que se debe seguir, a la responsabilidad que deben sentir quienes construyen y diseñan espacios para que los tengan en cuenta en su labor.

Al respecto, me llega la siguiente consulta:

"Soy una profesional en mi área y como tal, participé en un concurso internacional para un cargo.

"Salí elegida, viajé y al llegar al destino previsto, tuve la primera entrevista con quien sería mi jefe. Él al verme en silla de ruedas, me dijo: "¡Uy! yo no sabía que usted era así, perdóneme", y se fue dejándome atónita.

"Sobra decir que hasta ahí llegó todo. Me vi obligada a regresar aterrada. Me gustaría conocer su opinión sobre esta situación.
Manuela

Discapacitados hay de varios tipos, los que padecen de un problema físico, como son los ciegos, los sordomudos y los que poseen discapacidad intelectual.

En algunos casos una misma persona puede sufrir de dos limitaciones al mismo tiempo y como tal requiere de mayor comprensión, respeto y consideración.

Siempre tienen prioridad, lo que significa que además de permitirles ingresar y salir en primer lugar de cualquier sitio, también se les debe ayudar en el caso de que no tengan quien los acompañe.

En cuanto a la adecuación física, es necesario prever situaciones para facilitarles el desplazamiento y su ubicación en toda ocasión, tanto en lugares públicos como en empresas y sitios de trabajo.

Por ejemplo, a los ciegos se les debe permitir ingresar con sus perros que hacen de lazarillos, y al respecto es preciso informar a las personas a cargo de las recepciones de los establecimientos para que lo sepan y lo permitan.

Al ubicarlos es aconsejable que sea cerca a los baños, puertas, ascensores, y en fin, que todo les quede lo más cómodo posible, y en especial, que sientan que se les ha tenido en cuenta con respeto.

Así se habrá contribuido a que ellos pasen desapercibidas o por lo menos a que no llamen la atención. Se trata de evitarles las incomodidades.

Me ha sorprendido ver en las universidades a profesores ciegos que se desplazan con gran dificultad por falta de adecuación de los pasillos y salones de clase.

También, a alumnos llevando en brazos a un compañero discapacitado, debido a que las instalaciones no poseen la adecuación respectiva.

Se entiende que es costoso adecuar estos espacios para que se desplace una silla de ruedas, colocar las chapas de las puertas y demás muebles a la altura requerida.

Sin embargo, ya es hora de que nos pongamos a la altura de esta realidad para permitir que su incorporación a la vida cotidiana, se lleve a cabo de la manera más natural y exitosa posible tanto para ellos como para los demás.

Es una simple norma de etiqueta ambiental el que las aceras, las calles, los hoteles, los restaurantes, los cines, los supermercados y cualquier auditorio tengan la adecuación requerida para los limitados.

Ojalá esa sea una realidad que pronto empiece a vivirse en nuestras ciudades.

DIANA NEIRA
CONSULTORA DE IMAGEN

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