Foto: Archivo particular
Juan Manuel Pedraza, de 33 años, es físico y matemático.
Se trata de Juan Manuel Pedraza, bogotano de 33 años. Un biólogo, un filósofo y dos corporaciones de trabajo social también obtendrán galardones.
Sus trabajos fueron seleccionados entre más de 230 propuestas que se presentaron este año a la convocatoria. El Premio es considerado el mayor reconocimiento para los científicos del país.
Los ganadores "son trabajos excelentes y novedosos que, sin duda, darán de qué hablar en el futuro cercano", dijo la directora de la Fundación, Camila Botero.
La entrega de los premios será el próximo martes 2 de septiembre en la Biblioteca Luis Ángel Arango, de Bogotá.
Pedraza es doctorado en física del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y se vinculó con el departamento de biología de sistemas de la Escuela de Medicina de Harvard, donde se ha concentrado en desarrollar fórmulas matemáticas de los procesos químicos que ocurren en el cuerpo humano.
A partir de su trabajo, sus compañeros elaboran circuitos con bacterias y levaduras (parecidas a las células humanas), que deben funcionar con la misma exactitud con la que trabajan los circuitos electrónicos y que sirven para descifrar la forma como funcionan las conexiones entre los genes.
Con ello se pueden reprogramar células y microorganismos para desarrollar funciones que habitualmente no ejecutan. Así, por ejemplo, se pueden obtener químicos vegetales a través de bacterias programadas para tal fin, o elaborar medicamentos inteligentes que actúen exactamente donde se requiere, reduciendo al mismo tiempo los efectos secundarios.
A largo plazo esta evaluación de las conexiones entre genes puede servir para "desarrollar una medicina más científica", señala Pedraza, para quien "tener claro el mapa de funciones de los químicos dentro de las células humanas puede contribuir al diseño de terapias más sutiles" contra las enfermedades.
Orlando Vargas, galardonado en Medio Ambiente
Una guía para la restauración de los bosques altos de los Andes hizo a Orlando Vargas Ríos merecedor del premio en la categoría Medio Ambiente.
"Solamente quedan unas manchitas" de terrenos boscosos ubicados entre los 2.800 y 3.200 metros sobre el nivel del mar, que fueron desapareciendo para darles paso al pastoreo de ganado lechero, a la siembra de papa o pino e incluso fueron invadidos por el retamo espinoso, una especie que llegó de Europa y se está convirtiendo en plaga en áreas andinas, como los cerros de Bogotá.
Esa planta, cuyo nombre científico Ulex europaeus, elimina toda la vegetación nativa para apropiarse del territorio. "Es un arbusto muy bravo", indica el profesor al llamar la atención sobre la necesidad de actuar para frenar su expansión.
De la sobrevivencia de los ecosistemas del bosque altoandino dependen la regulación hídrica y la correcta captación de aguas. De ahí el interés del Grupo de Restauración Ecológica de la Universidad Nacional, Greunal, que dirige Vargas desde su creación en el 2002, en generar estrategias correctas para la recuperación de esos territorios.
De acuerdo con la investigación que el equipo hizo durante los últimos tres años en predios cercanos a la laguna de Chisacá, que surte de agua a los habitantes del sur de Bogotá, la forma más efectiva de restauración de esas zonas es hacer un paso intermedio entre los sembrados actuales y la vegetación nativa que se pretende recuperar.
En terrenos sembrados de pinos, por ejemplo, hay que quitar algunos y formar claros para permitir la entrada de luz, un primer paso hacia la obtención de los nutrientes originales del suelo. La siembra de plantas fijadoras de nitrógeno, como las leguminosas, también es clave para recuperar las condiciones del suelo e incentivar el proceso natural de evolución de la vegetación nativa, señala Vargas, que prefiere que el premio que recibirá no sea a título personal sino un reconocimiento al trabajo del grupo.
Mauricio Nieto, galardonado en Ciencias Sociales
Las publicaciones que el Semanario del Nuevo Reino de Granada, un periódico de propiedad de Francisco José de Caldas, hizo entre 1808 y 1811 fueron la base de la investigación con la que el filósofo bogotano Mauricio Nieto buscaba establecer las relaciones entre la ciencia y la política a comienzos del siglo XIX.
En los escritos que hicieron miembros de la élite criolla, como Jorge Tadeo Lozano y el propio Caldas, sobre la naturaleza, geografía, clima y población, "queda claro que ellos tenían una mirada muy europea y buscaron afanosamente diferenciarse del pueblo americano", señala Nieto, consciente de que esta y otras teorías que lanza en su libro 'Orden natural y orden social: ciencia y política en el Semanario del Nuevo Reino de Granada', ofrecen una mirada polémica sobre esos líderes criollos y la forma de abordar el proceso de independencia del país.
En su investigación, Nieto encontró "una ciencia que hacía parte de los intereses políticos de un grupo social de la Nueva Granada", una afirmación que a ojos de muchos puede resultar atrevida, pero que hizo de su obra la ganadora de la categoría Ciencias Sociales.
Galardonados en Solidaridad
Dos propuestas de educación para comunidades rurales, una en Antioquia y otra en el Cauca, recibirán los premios por su trabajo social. La primera la desarrolla hace 25 años la Corporación para la Investigación y el Ecodesarrollo Regional en 10 municipios del occidente antioqueño, donde ofrecen formación secundaria con énfasis en educación política y desarrollo de proyectos de economía solidaria para la región.
La segunda es de la Corporación Maestra Vida, que imparte educación alternativa para las comunidades vecinas a Popayán. Este año completa 15 de labores, que han arrojado siete promociones de bachilleres con un marcado interés hacia la conservación del medio ambiente y los proyectos productivos.
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