Foto: EFE
El submarino robótico sale a la superficie del mar a emitir los datos sobre las condiciones del agua que reciben estudiantes en Nueva Jerey.
Con sus 60 kilos de peso, partió el pasado 21 de mayo con dos objetivos: monitorear el mar y llevarse el récord del recorrido más largo hecho por una nave submarina controlada a distancia.
Sin inconveniente ha recorrido más de tres mil kilómetros, pero a partir de este momento comienza una aventura por un territorio imprevisible y peligroso para alcanzar su destino en noviembre próximo.
"Esta etapa es realmente complicada, es como dejar una autopista para entrar en una zona de carreteras secundarias sin señalizar", apuntó Josh Kohut, uno de los profesores de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, impulsor de este viaje.
De hecho, "este será el recorrido más largo y peligroso realizado por un sumergible", indicó Kohut. En total el Caballero Escarlata, como se le conoce al robot, habrá recorrido seis mil kilómetros cuando logre su meta.
Entre tanto se encarga de transmitir por satélite información como temperatua, salinidad y densidad del agua por la que transita, que reciben los estudiantes del Laboratorio de Observación Oceánica Costera de la Universidad.
Esta estrategia para estudiar los mares "es más económica que otras como la utilización de buques tripulados y permite trabajar en condiciones de tormenta", explicó Oscar Schofield, también profesor de la institución y responsable del proyecto. Aunque este método también tiene sus riesgos, como que alguien lo robe.
"Ya nos ha ocurrido en dos ocasiones con otros planeadores: Una vez un pescador australiano se lo llevó a su casa, pero enseguida lo detectamos, gracias al sistema de localización por satélite que lleva incorporado", relató Ken Branson, portavoz de la institución.
La universidad cuenta con unos veinte aparatos submarinos de control remoto, pero solo este funciona con baterías de litio, lo que le permitirá desplazarse sin inconveniente durante todo el trayecto.
Para avanzar, el Caballero Escarlata, que en realidad es amarillo, toma el agua para bajar y la suelta para subir, lo que le ayuda a encontrar las corrientes que le interesan. Y los datos que recoge son compartidos con la comunidad científica a través de un sitio web en el que incluso los marineros se apoyan para conocer las condiciones del mar.
Nueva York, EFE.-
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