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Julio 1 de 2008

Viaje familiar, tortura personal

¿Que qué voy a hacer en estas vacaciones de verano?, me preguntaron por mensaje de texto las chicas. ¿Más vacaciones? Y la verdad es que yo no soy de las que entran en el mundo de las vacaciones porque no soy empleada, pero ellas que sí lo son, planean cada puente con meses de anticipación. Son seudomaniáticas de los festivos.

Son devoradoras de cualquier momento que las saque de la rutina de sus oficinas, sin saber que entran en otra rutina igual: planear qué hacer en ese tiempo libre. Y hay que decir que sí, porque si no te enloquecen con la llamadera. Pero yo lo único que quiero es quedarme durmiendo... La verdad, estoy exhausta.

Luego de 6 puentes de planear idas a fincas, organizar la gente, buscar un alquiler, recolectar la plata, buscar quién haga el mercado, quedé agotada.

Me llamó una prima para proponerme que nos fuéramos todos de viaje y cuando me di cuenta estaba yo llamando a toda una lista de casas en alquiler que salía en Internet, bajando fotos para luego mandárselas a los otros.

Que está muy pequeña, que la piscina es muy honda y me da vaina con la niña, que no hay suficiente zona verde, que la abuela necesita un cuarto con baño, que por qué no buscas una con cancha de paddle, que algo más grande pero más barato...

Y terminé contestando el teléfono desde las 6 de la mañana a una gente que me ofrecía casas y descuentos. ¡Pero si yo no planee el paseo! De malas, todos decidieron llamarme, porque como trabajo desde la casa creen que no hago nada. Las clases de yoga funcionan, hay que respirar y respirar para evitar que se frite el coco. Ahí está la clave de la meditación.

Y, sí, conseguí la casa ideal para todos los gustos: paddle, luz, sol, piscina bajita, honda, cocinera, cuidandero. Y de pronto, en plena fila del banco para consignarle a la señora, me suena el teléfono, era un tío de esos con los que uno nunca habla, y me dice: "mira, Patricia, lo mejor es que busquemos (¡¿busquemos?!) una finca en tierra templada, porque a la abuela el calor le hace daño. Locura. Con todos los elementos de la locura de psiquiatra: alucinación, distracción y euforia. Ahora la nostalgia.

Ya en la finca arrendada, con el clima perfecto y los cuartos al gusto, llegaron las gordas. Las íntimas de la familia. Las que distraen. Comelonas absolutas, incapaces de moverse. No se pudieron parar de las sillas y tuvimos que desplazar la mesa hasta donde ellas, traerles café, cenicero y todo cuanto pedían. Para rematar decidieron tomar la siesta en las únicas dos hamacas y ahí se quedaron todo el fin de semana.

Pero los paseos con los amigos también traen sus tíos y su gorda. Llaman insistentemente, con un mes de anticipación, para asegurar un cupo en alguna finca. Y comienza el ring de las amigas desesperadas por salir de sus cubículos, describiendo la misma finca con la misma piscina, luego hacen la lista del menú que quieren preparar para dentro de 4 semanas.

¿Alguien sabe de qué se va a antojar del sábado en quince? Esto se repite cada semana que hay un puente. Acabo de recordar que hace un año hice lo mismo y cuando intenté ir a cine, mi plan favorito, me encontré con una fi la desde el piso de abajo, las boletas agotadas, los restaurantes repletos, porque medio país se ha ido para Bogota de verano, aunque en Colombia no exista el verano y sea el mismo clima todo el año.

Y ahora que me preguntaron que para dónde me voy de vacaciones, el cerebro se me fritó. Suena irónico, pero es que con tantos puentes se acaban los planes. Creo que la mejor opción es montarse en un avión y volar a tierras lejanas, pero problemas de nuevo. Que si tiene la visa, que si tiene la Schengen, que si no la ha sacado se demora un mes en que le den la cita. Se acabó el romanticismo, ya no se puede uno escapar. Y a Estados Unidos ni modo, el calor está insoportable y luego de una requisa de media hora, tantas preguntas y de tanta humillación uno prefiere ser deportado. Así que en estas vacaciones me iré con una mochila a una playa virgen. Sola.

Bien lo dijo Ismael en Moby Dick: "sí, estos ojos son ventanas y este cuerpo mío es la casa. Lástima que no hayan compuesto las grietas y las fisuras, y que no hayan puesto un poco de hilaza aquí y allá". Y me fui de viaje.

POR PATRICIA CASTAÑEDA

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