La que fue llamada la Atenas suramericana ofrece de todo, incluso dolores de cabeza. ¿Cómo superar los retos de esta ciudad? Nuestra columnista presenta sus descargos y, también, sus soluciones.
1. Lleve en su cartera o en su carro sandalias para momentos de sol, botas machitas para los aguaceros y chaqueta de plumas para los vientos helados. En esta ciudad, no tiene que esperar meses para la siguiente estación, pues aquí todos los climas están en el mismo día (de paso meta gafas de sol, cachucha, impermeable, sombrilla, bloqueador y guantes).
2. Evite comer perros calientes y empanadas callejeras en exceso, no porque sean feos, sino que, tienen la dosis de almidón y queso costeño para un coma de colesterol. Además las salchichas de ¿vaca? gotean la grasa necesaria para hidratar el pan. Dígales no a estos alimentos, porque la ciudad está dotada de muy pocos o, mejor, de ningún baño público y la indigestión no da espera. Recuerde que entre las 7 y las 10 am, las 12 y las 3 pm y las 5 y las 7... Mejor dicho todo el día, las avenidas están taponadas.
3. Lleve una dotación de valeriana. De esta manera calma la ansiedad y la ira y las ganas de lanzarles zapatos a los de algunas empresas públicas por tener un grupo de servicio al cliente que no tiene ni idea de cómo pasar una llamada. A los ladrones de celulares que lo obligan a adquirir uno nuevo comprometiéndolo a una odisea, que incluye denuncia, fotocopias, filas y seguros. Al que limpia el parabrisas, que no vale la pena negarse a sus servicios, pues es más avispado y va a terminar mojando el parabrisas con agua sucia. A los policías de tránsito, que en lugar de ponerle partes a los choferes de los buses por detenerse en donde les da la gana y contaminuar con gases tóxicos nuestro aire, solo aparecen de la nada para 'partirlo' a uno por un cruce que ni siquiera está señalizado. Mientras el tercer mundo se endereza, usted tome valeriana, toronjil, manzanilla o, en su defecto, Xanax.
4. Llegue con tres horas de anticipación a El Dorado. Sí, va a quedar divino, pero mientras tanto es un desastre.
5. No insista. Antes de salir pida que le escaneen un mapa, porque entre la dirección nueva, la antigua, las diagonales, las transversales, las Bis y las letras del abecedario, se va a perder... y va a llegar tarde y todos le van a dar una mirada inquisidora. O... tómese un Xanax.
6. Comience a llevar tapaboca... Ya no es privilegio de médicos ni pintores, con la contaminación, ahora la moda es el "bozal". Le puede pintar colmillos de Drácula o hacerse los labios de Jolie o, simplemente, para los que carecen de ellos, dibujarse dientes.
7. Despreocúpese. Si no leyó periódico ni vio noticias, pues lo que tiene en Bogotá es tiempo. Con el tráfico de la mañana, del mediodía y de la tarde, tiene tiempo para mandar e-mails, entrar en Facebook, leer las noticias y hasta ver los olímpicos por Terra. Y todo, sin salir del carro.
8. Apenas se estrene una película, corra a verla porque existe la alta posibilidad de que a la semana siguiente ya no esté en cartelera.
9. Gaste tanto como si estuviera en Moscú, la ciudad más cara del mundo y tan poco como si estuviera en Asunción, la más barata. Aquí encuentra el steak pimienta de 80 mil pesos -sin papas- entre la G y la T, o el mismo steak, sin la pimienta, ni la mostaza, ni la salsa inglesa, de vacas más gozonas y musculosas, a 3 mil, en el resto del abecedario.
10. Y para sobrevivir a la rumba, acuda las tiendas de barrio, la de ginebra en el Libertador, la de whisky en Harry¿s, la aguardentera en Salomé, la de cunchos en casa, la de ron en el andén, la de champaña en... ¡usp! ¡No hay champaña! Cualquiera que sea su hábito de alicorarse, la mejor manera de sobrevivir a un guayabo está en Bogotá. Donde quiera que mire hay domicilio de calentado, de lo que quiera... El mejor levantamuertos está aquí... en la capital.
Por Patricia Castañeda
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