Entre los compañeros de lecho, la mentira es un arte que se cultiva día a día. Un mentiroso excelso sabrá que lo suyo no es el burdo engaño sino la metódica elaboración de la ficción, por eso sabe, como un avezado amante, que el manejo habilidoso de la lengua se convierte en una de las bellas artes. Mentir, inventar y evadir tienen su lado erógeno, pues no por nada a Pinocho le crecían exponencialmente ciertas vigas con cada falsedad, y no por nada más de uno se emociona fabricando ensoñaciones en compañía o en solitario. Aquí algunas falacias útiles para momentos imposibles.
1. Salir del lugar común o la estrategia del escapista
Para qué caer en lo usual, en el cliché que ofrecen viejas mentiras para escurrirse cual sabandija aceitada. ¿Le suena familiar aquel "te llamo mañana" o el clásico de los clásicos "no eres tú, soy yo"? Bien, si le suenan es porque son frases manidas y remanidas. Por eso es mejor que arriesgue con fórmulas más creativas y con más posibilidades, que de seguro no atentarán con tal frontalidad contra la inteligencia de quien tiene en frente y, además, podrán dejarle ganancias inesperadas.
Por eso expongo una sencilla estrategia con la cual la posibilidad de la pérdida se reduce a cero: proponga un trío. Sí, así como lo lee. El éxito de su objetivo viene asegurado, pues solo permitirá dos escenarios: en el primero, su contraparte se ruborizará y saldrá despavorida; mientras que en el segundo, aceptará su proposición. Si sucede A, la estrategia habrá rendido el fruto esperado, pero si es B... pues como diría la resabiada abuela en épocas de jolgorio: "¡felices fiestas!". Usted gana.
2. Sobre la mentira humanitaria. Un mentiroso piadoso entra al cielo
Por eso, si su amante no está hecho a la medida de sus necesidades o si no cumple sus expectativas, es hora de echar mano a la misericordiosa evasiva. ¿Para qué soltar la risotada si existe la posibilidad de la buena obra? Antes de echar a perder autoestimas con comentarios crueles, aunque honestos, evada con verdades a medias. He aquí el cómo: ante la escasez de centímetros, duraciones y/o de argumentos, solo repita con soltura: "jamás había visto nada así" o, mucho mejor, "esto es increíble". No comprometerá su posición, el otro pensará que es una flor, su karma habrá mejorado y usted ya tendrá tiempo de la carcajada.
3. Mienta aunque no mienta
Punto clave para quienes las copas de más les han afectado su capacidad de interconectar neuronas o para los que deben sortear el penoso sacrificio de los monólogos ajenos. De estos episodios, por tortuosos que parezcan, usted siempre podrá salir avante y, de paso, regalarse un tiempo de meditación y encuentro consigo mismo.
¿Cómo hacerlo? Sencillo, lo único que deberá memorizar es el nombre de su posible pareja, mirar su entrecejo con una expresión cercana a la de un 'lobotomizado' (aparentando que está absorto y asintiendo de cuando en cuando con la cabeza) y dejar que la perorata ajena fluya cual manantial de balbuceos.
¿Pero qué hacer con todo ese tiempo libre? Simple: regáleselo, aproveche para hacer cuentas, para especular qué haría en caso de ganar la lotería, para organizar sus planes futuros. ¿Ya decidió qué hacer en estas vacaciones? Mientras lo define, su contraparte pensará que usted es de los pocos que sí saben escuchar.
4. Fabule sobre lo que no tiene
Mentirse a uno mismo es la piedra angular, la célula primaria y la génesis de todo buen farsante. Por eso permita que su inventiva fluya como aguas de represa dinamitada.
¿Quiere pretender que tiene a su lado a Natalia París?, ¿que su virilidad es comparable con la de ciertos cuadrúpedos? Hágalo con descaro. Es más, hágalo tanto, hasta que logre que lo falso se convierta en genuino, para que ni siquiera una dosis de pentotal sódico (suero de la verdad) le saque de la ficción. Será más feliz.
De hecho, puede usar ciertas herramientas tecnológicas para que su farsa sea respaldada con pruebas gráficas, pues con un poco de photoshop podrá reducir y agrandar ciertas áreas de su anatomía, y también, si tomó fotos de su paseo a Melgar, podrá cortar y pegar y aparecer mágicamente en una playa hawaiana acompañado de una bella nativa. Una vez tenga las imágenes listas, podrá colgarlas en Facebook y exponer su vida de mentiritas. Seguramente alguien impresionable caerá ante su exhibición (virtual, además).
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