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El alimento prohibido

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Foto: Carrusel

Estudios realizados a través de exámenes de sangre, pueden determinar que comida beneficia su cuerpo.

Parece un poco exagerada la pregunta, pero lo cierto es que lo que alimenta a unos, puede perjudicar a otros. Por eso, hoy existen métodos para determinar qué debe comer y qué no, según el organismo.

En ocasiones nos sentimos agotados y no tenemos suficiente energía para las actividades diarias. A veces amanecemos que no soportamos ni nuestra propia sombra. Comemos y la sensación de llenura nos causa malestar. De repente y sin darnos cuenta nos deprimimos...

Pues bien, la causa de estos e infinidad de otras molestias pueden estar resumidos en lo que Hipócrates descubrió hace miles de años: "El alimento de una persona es el veneno de otra". Y en la actualidad saber qué es bueno y qué no según cada uno es fácil, por medio de estudios realizados a través de exámenes de sangre.
Usted puede deducir si quizás son los alimentos que consume, lo que lo tienen mal y para ello debe tener presente estos síntomas:

Digestión: Náusea, vómitos, diarrea, constipación, hinchazón, eructos, fl atulencia, dolores estomacales, calambres, acidez estomacal.

Emociones: Cambios de estados de ánimo, ansiedad, miedo, nerviosismo, enojo, irritabilidad, conducta agresiva, depresión, ansias adictivas a alimentos o bebidas.

Energía y actividad: Agotamiento físico, lentitud, letargo, somnolencia, falta de energía, apatía, hiperactividad, inquietud.

Ojos, oídos y nariz: Ojos llorosos que pican, visión borrosa (excluyendo la miopía y la hipermetropía), infecciones del oído, pérdida de la audición, ataques de estornudos, nariz que gotea congestionada, alergia al polen, sinusitis, excesiva formación mucosa.

Corazón y pulmones: Latido irregular, dolor de pecho, congestión, asma, bronquitis, falta de aire, difi cultad para respirar.

Mente y memoria: Poca concentración, letargo, problemas en el habla y de aprendizaje.

Músculos y articulaciones: Debilidad general, dolencias y dolores persistentes en los músculos y/articulaciones, artritis y rigidez.

Piel: Urticaria, piel seca,transpiración en exceso, acné, pérdida de cabello, irritación alrededor de los ojos.

Garganta y boca: Tos, dolor de garganta, disfonía, infl amación y/o dolor de garganta, llagas en la lengua, encías y labios.

Otros: Peso excesivo, mareos, retención de líquidos, insomnio, dolores de cabeza, comezón genital, ganas de orinar frecuente.

Si usted ha detectado los síntomas, debe hacerse un examen de sangre especializado e iniciar un tratamiento llamado "sensibilidad a los alimentos", por el que se descubre cuáles son esas comidas que deberá evitar, mientras aprende lo que sí puede consumir, por qué puede reemplazar ciertos alimentos y cómo combinarlos y prepararlos.

Es importante también que le quede claro que no es lo mismo ser alérgico a ciertas comidas, como encurtidos, lácteos, mariscos, por las que su cuerpo reacciona inmediatamente y siente síntomas como estornudos incontrolables o fosas nasales congestionadas, inflamación de la garganta, ahogo, brotes en la piel y vómitos, que la sensibilidad a los alimentos, para lo cual sí hay una cura.

A diferencia de la alergia, la sensibilidad denota síntomas engañosos, porque no son fáciles de asociar con la comida. A esto se pueden unir otros factores como los hereditarios, el estilo de vida y los hábitos alimenticios. Así mismo, la ingesta rápida, comer cuando se está perturbado emocionalmente, ingerir productos procesados y las harinas refi nadas, también pueden causar esta sensibilidad.

Los casos varían de persona a persona y así también el tratamiento. A los posibles pacientes, se les inicia inmediatamente el protocolo del tratamiento donde se les sugiere cómo reemplazar las comidas que les afectan con más de cien posibilidades, además se les aconseja la manera de preparar sus alimentos. Anexo a esto se educa al paciente por medio de información básica y personalizada.

Por ejemplo, si usted tiene síntomas digestivos crónicos, no deberá comer fríjoles, golosinas, frutas y jugos, granos, miel, helado, pastas, pasteles, pan de ninguna clase, antes de dos horas de haber ingerido productos lácteos, huevos, pescado, carne, aceite, pollo, proteínas en polvo y mariscos, con lo que su cuerpo comenzará a superar las enfermedades causadas por la sensibilidad a los alimentos.

Para finalizar el protocolo médico, podrá volver a ingerir sus antiguos alimentos supervisado por el especialista y notará el cambio radical en su salud.

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