Existen indicios que nos pueden indicar si quien tiene al lado es un amante maravilloso o simplemente desastroso. a partir de algunos sencillos signos en su comportamiento.
Manual básico para identificar al buen amante
Los sexólogos Marta Mejía y Carlos Paul Bravo coinciden en afirmar que no existen patrones clínicos, pero sí conductuales en la forma de expresarse, que permiten inferir el desempeño sexual de las personas. A continuación algunos aspectos básicos que le permitirán defi nir su desempeño y el de su pareja en terrenos más candentes y desinhibidos. Usted elige.
Si así como baila cocina...
El mito que dice que quien baila bien o mal, de la misma manera lo hará en la cama, en C lo queremos mandar a recoger. Inferir que el buen bailarín es buen amante y el tieso en la pista lo es también en la cama, sería algo bastante drástico, como afirma la sexóloga Marta Mejía, pues "es algo tan absurdo como relacionar el tamaño del zapato o de la nariz con el del pene". Así que si usted se fija en cómo se mueve su pareja en la pista para luego deducir su desempeño en la cama, pues no le vamos a decir que no lo haga; eso sí, no piense que bailar salsa como instructor de academia es sinónimo de ser un as del kamasutra, pues cada persona se mueve diferente y eso puede resultar muy atractivo para unos y para otros tal vez no. Tenga en cuenta que jamás debe fingir ser un excelente bailarín, pues a veces hacerlo demasiado bien se le puede voltear y hacerlo polvo (no del divertido) en escenarios más privados.
El arte de la palabra
No importa qué se diga sino cómo se diga. Si es de los que permiten que la otra persona intervenga y es ordenado al hablar; es decir, no comienza hablando de familia e hijos y termina con licuadoras voladoras saldrá muy bien librado, pues una conversación pausada puede ser sinónimo de su buena comunicación al hacer el amor. El sexólogo Carlos Paul afirma que "a mayor lentitud al hablar, se puede inferir mayor sensualidad". Si por el contrario su pareja o usted es de las personas que bombardean con palabras y no dan espacio para que el otro opine, esto podría reflejar un gran egoísmo que puede tener una interpretación negativa en lo sexual, pues refleja que solo su punto de vista es el que importa, y esto puede dar a entender que sus peticiones sexuales siempre serán las más importantes, la satisfacción deberá siempre ser suya y la del otro quedará en segundo plano. El hablador compulsivo está mostrando una forma de narcisismo y nadie quiere ser público pasivo de un amante con ínfulas de actor protagónico.
Como maneja el carro, maneja otras artes
En este escenario es donde más se puede inferir el comportamiento sexual de su amante, pues sale a relucir el inconsciente de la persona, si es egoísta, temeroso, pasiva o si actúa responsablemente. Si su pareja maneja como en pista de carros chocones, mete el cambio a las malas, grita hasta porque el semáforo está en verde y frena con riesgo de salirse por el panorámico, no espere que en la cama maneje la situación con delicadeza y dedicando el tiempo necesario para los dos, pues lo más seguro es que quiera acelerar, meter cambio y frenar así vaya en bajada. En cambio la persona que maneja calmadamente, se toma un tiempo prudente para frenar y los cambios los maneja con movimientos coordinados, seguramente en el arte de hacer el amor lo haga como en la mejor de las carreteras, rápido, con subidas, bajadas y algunos caminos lentos pero con curvas bien tomadas.
Los tacaños son tacaños en todo
La tacañería es un aspecto básico del egoísmo y eso es algo que no resulta agradable ni para el antes, ni el durante, ni mucho menos el después. Tenga cuidado con el que no la invita a tomar Martini, no porque no le guste sino porque una 'cervecita' puede resultar más 'llenadora'. En la sociedad y en la cama se conoce al tacaño, y el que lo es en la vida diaria, muy posiblemente lo sea con los besos, las caricias y el amor, pues tal vez piensa que corre riesgo de que se le acaben. ¡A metros!
En la mesa se conoce al caballero
La relación de sexo y comida ha estado siempre presente en fantasías eróticas, películas y hasta en la literatura. Aquí juegan dos aspectos: vulgaridad y erotismo. Hablar con la boca llena y embutirse no suscita ni un halo de sensualidad, en cambio la forma como se lleva la comida a la boca y la saborea puede llegar a manejar un erotismo que remita inmediatamente a terrenos más sexuales. Esto, sin duda, va ligado a una serie de códigos que se van desatando conforme avance la situación, como los gestos y la forma de mover las manos, son aspectos que pueden hablar de sus destrezas en otras áreas. Habrá muchos que se fijarán en obviedades que pueden resultar bastante gráficas, tales como la forma de comer una fruta o de jugar con la comida. Por eso aquí la observación es esencial y , a buen entendedor, pocas palabras.
Por: Angélica Gálvez