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De los malos olores y otros demonios

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Los olores, y más los corporales, son una herramienta de seducción imbatible, pero hay algunos que alteran los sentidos por lo desagradables. Expertos ofrecen sus sugerencias médicas.


Un mal olor puede convertirse en una fuente de rechazo más fuerte que el mismo aspecto físico. Buena parte de la atracción o la repulsión por alguien, empieza por la nariz y termina alterando todos los sentidos. Esto no significa que será más atractivo(a) quien bañe su cuerpo en costosísimas fragancias, porque todos los seres humanos tienen un olor particular que viene como una marca de fábrica.

En un estudio sobre el olfato realizado por un laboratorio de medicamentos en España entre 1.009 personas mayores de 15 años se descubrió la preferencia por el olor de los seres queridos y que les generan emociones positivas, más que el de los mismos perfumes. Por eso un aroma, además de que tiene la capacidad de transportarnos en el tiempo y llevarnos a recordar situaciones o personas, también puede ser un inhibidor o el más tremendo vehículo 'matapasiones'.

Los malos olores se convierten en un pequeño 'gran' inconveniente en la química de las interrelaciones, conocido muy bien por quienes sufren por sudar la gota gorda en manos, axilas, cara y pies, sin haber corrido una maratón. Las explicaciones del origen de este húmedo problema van desde las de orden psicológico, "porque las alteraciones emocionales como el estrés, que es un mecanismo de defensa, influyen para que se sude en exceso, un problema frecuente en quienes afrontan situaciones traumáticas, los que no han tenido un correcto aprendizaje del manejo de las emociones o se sienten atacados todo el tiempo", sostiene la psicóloga clínica Ana Isabel Ramírez. Otra causa son las anomalías en las glándulas sudoríparas.

Pero, ¿cuándo se puede decir que olores como el del sudor son malos? "Cuando estos afectan la socialización y la persona viste con ropa de cierto color y no sale ni a bailar porque siente que inspira asco", asegura el dermatólogo Campo Elías Páez. "Todos tenemos glándulas apocrinas y epicrinas, que se encargan de la sudoración y de las secreciones, y producen olores característicos en zonas como la cabeza, las axilas y la anogenital (a estas glándulas se deben las tan mentadas feromonas que inciden en la química entre dos personas)"explica Páez. Sin embargo, hay quienes despiden olores más suaves y otros más intensos, por ejemplo en las relaciones sexuales. "Aun así, no se puede hablar de que sean buenos o malos... lo que a algunos ahuyenta a otros atrae", refiere el especialista. No en vano secreciones como la orina despiertan también interesantes efectos para algunos a la hora del sexo.

El olfato y la vista se resienten con la hiperhidrosis (sudoración excesiva), que así provenga de la persona más atractiva, embolata el encanto. Esta puede obedecer a ciertos tipos de tumores, alteraciones de la tiroides, metabólicas, renales, emocionales o aumento del tamaño de las glándulas sudoríparas, pero hay solución. "Se debe hacer un diagnóstico para determinar las causas y el tratamiento más efectivo. Existen cremas, lociones y ayudas más revolucionarias como la aplicación de la toxina botulínica en axilas, palmas y plantas de pies, que se hace a través de inyecciones en mínimas cantidades", explica el dermatólogo Orlando Dueñas.

Otra alternativa es la lipólisis láser. "Tarda 20 minutos y con esta se tratan las glándulas sudoríparas a través de una fibra de vidrio con láser, que se introduce en una incisión de pocos milímetros y disminuye el sudor significativamente", sostiene Páez.

Ahora bien, ¿qué sucede con los malos olores bucales? Pueden deberse a factores como un inadecuado cepillado, el no uso de hilo dental ni cepillado de la lengua después de cada comida; las caries, el sangrado de las encías y desórdenes alimentarios como bulimia o problemas metabólicos como reflujos. Lo peor es enmascarar el problema con chicles, sprays o enjuagues bucales que lo disfrazan brevemente. La solución: acudir al odontólogo cuanto antes. Esta sugerencia se extiende "a pacientes con calzas o coronas de metal (no de oro o en aleaciones que no se oxidan), porque se convierten en una especie de caneca de basura y suelen despedir ese terrible olor metálico", advierte el odontólogo estético Marlon Becerra.
 
Pero no todo huele mal porque sí. La percepción de los olores puede alterarse por factores psiquiátricos (obsesión por los malos olores) u orgánicos como trastornos neurológicos como la cacosmia, cuando el paciente percibe como si todo oliera literalmente a mi... En este caso se debe consultar con un neurólogo", concluye el dermatólogo Orlando Dueñas.  

Por: Flor Nadyne Millán.

Dónde saber más:

Campo Elías Páez, dermatólogo, cirugía dermatológica y estética. Tel. 296 0562.
Marlon Becerra, odontólogo estético. Tel. 621 7179.
Ana Isabel Jiménez, psicóloga clínica. Tel. 320 3646.
Orlando Dueñas, dermatólogo. Tel. 52 0 4736. Bogotá.

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