Las noticias trágicas y el temor en nuestra sociedad, parecen una constante. Las armas las portan los civiles y las calamidades no dan espera. ¿El desarme es la mejor opción? Lo invitamos a opinar
La muerte y el miedo actúan como un zumbido. Paralizan, se eten en la cabeza, dan vueltas, retumban, quitan la posibilidad de reacción. Esto lo escribo un par de días después de que una noticia saliera de la pantalla del televisor y su efecto radiactivo cegara, una vez más, el entendimiento (ustedes lo leerán una semana después). El asunto, esa reunión de acontecimientos que encadenados crean una tragedia, fue mucho más que un momento y lugar equivocados, más que un hombre armado que con ganas de ir al baño deja su camioneta parqueada, pero sin freno de mano. Más que un estudiante, que al ver que el vehículo se rodaba, quiso detenerlo, sin contar con que su dueño pensaría que lo estaban robando.Más que dos disparos, uno de los cuales se encajó en el hombro del estudiante y el otro en el corazón de un profesor que simplemente pasaba por allí. Más que la casualidad, fue la reproducción de, sí, nosotros mismos, fue el miedo suelto, armado y furioso. Una vez más.
Aquí y ahora, nos sorprendemos. Con cada informe de los que dicen "Extra", con cada titular que anuncia un renovado absurdo, el mismo que se repite constantemente, del que todos hablan y que produceese zumbido perdido entre musculosas descargas informativas, entre nuevas noticias que anuncian que dos hombres asesinaron a otro en una estación de Transmilenio, porque el primero les pidió que no orinaran en espacio público (hoy han sido condenados a 17 y 37 años); que un ebrio dispara y mata a alguien en una discoteca; que otro iracundo acaba a bala con la vida de su esposa. Los informes casi diarios sobre las decenas de diferencias y cuentas de cobro resueltas a tiros. Así es.
Y todo se confabula y uno escucha que las muertes de aquel profesor, de aquel muchacho y de aquellos hombres, fueron innecesarias, mientras que uno no puede dejar de preguntarse qué muerte, acaso, es necesaria. Mientras que todos nos quedamos paralizados, presas del zumbido aterrador de la muerte y el absurdo, que son tan frecuentes, que cada vez parecen perturbar menos. Que, como un zumbido constante, finalmente se funde en el ruido ambiente, hasta que el sonido de un disparo, ya no en mono sino en Dolby, nos vuelve a despabilar apenas por algunos segundos. Tenemos miedo, pero nos acostumbramos.
Pero hay debates. En Estados Unidos la eterna discusión de desarmar a la población civil se avivó con la masacre del Virginia Tech, cuando un estudiante irrumpió y asesinó a 32 personas en abril del año pasado, para volver a reposar con poca paz. En Colombia la misma propuesta, impulsada por varios alcaldes, naufragó en el Congreso. La relación entre cuerpos y armas es clara. Pero parece pesar más el miedo a no portarlas, a que el otro las tenga y uno no. Y sobra explicar el coctel mortal que se conforma con balas y pánico.
Por eso, desde estas páginas, lo invitamos a usted, lector, a participar, a que nos cuente su opinión, a decirnos si está o no de acuerdo con el desarme. Escríbanos a carrusel@eltiempo.com.co.
Por: Julian Isaza
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