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Si te lo pones ¡te dejo!

Por eso, C les trae una sencilla guía sobre lo que no deben usar a la hora de convertirse en los ases del Kamasutra.

1. Las medias: No hay acto más impío y tan poco cautivador en las artes amatorias que tener sexo con alguien que sigue con esos adminículos que calientan las falanges.

Si ya tuvo las medias puestas 23 horas del día, por quince minutos que se las quite no se va a morir de hipotermia. Así que para qué arruinar el minimalismo natural con un par de espantosas medias, para qué arriesgarse a la carcajada o, peor, al futuro murmureo, para qué cubrir los pies cuando ya todo está expuesto. Recuerden, caballeros del mundo, que si hablamos de ropa en estas lides, es importante tener muy claro que aquí menos es más y que nada es todo.

2. La tanga masculina: Debería estar escrito en la constitución y necesitamos unirnos para prohibir el uso de tangas masculinas. Eso debería dar cárcel, así como usar boxers con temáticas de superhéroes (el Hulk que lleva adentro demuéstrelo con hechos y no con estampados).

Claro, las tangas de leopardo, cebra o cualquier animal del Serenguetti están vetadas y si su pareja cree que una tanga es muy sexy, dude profundamente de su sentido común y, de paso, del suyo, porque también es cierto que un buen amante siempre es complaciente. Miau.

3. Calzón de abuela: Pero que no se diga que todos son errores masculinos, pues las mujeres también, sin duda, tienen gigantescos (sic) desaciertos.

¿Qué es eso de andar por la vida con esos calzones tan vintage, propios de generaciones ya lejanas?, ¿por qué no reconocer el legado brasilero en estas tierras tropicales? Dejen quieta la ropa interior de la dulce abuela y anímense a prendas más actuales, so pena de que terminen como la gaseosa sin gas, a la que es mejor tapar de nuevo. Mejor dicho, hagan suyo este bello estribillo que dice: si salen con el cuco gigantón solo esperen un dormilón.

4. Bling bling: ¿Qué es eso de andar ostentando? Dígales adiós, al menos en el lecho, a los quilates y a cuanto colgandejo lleve. ¡Horror de horrores! Ni cadenas a lo Mario Baracus, ni anillos macizos al estilo de comerciante ilegal.

Todos estos detallitos no son ni excitantes ni saludables, pues dichos elementos, cuando no estorban, se enredan e incluso pueden dejar heridas y en partes no tan santas. Nada más frustrante que terminar la divertida faena en la sala de emergencias. Además, no olvide que el bling bling está out.

5. Accesorios: Para qué dárselas de seductor portando nada más que un corbatín, para qué usar moñitos de regalo, para qué adornar eso que no necesita ningún adorno. Ofrézcase como fruta fresca en góndola de supermercado, pero dígales no a esos molestos detallitos de poca fina coquetería.

Y, ahora que estamos en el tema, también aproveche para quitarse escapularios, rosarios y manillas de proveniencia ancestral indígena, pues aquí lo último que tiene que involucrar es su credo. Además, en estas artes estará muy cerca de ver el nirvana sin necesidad de este tipo de recordatorios.

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