Foto: Archivo particular
Un niño y una niña disputan el balón en un partido de Fútbol por la Paz en Barranquilla.
Ambos equipos armarán filas para atacar de frente. Estarán desarmados, pero uniformados y dispuestos a vencer al contrario. Cueste lo que cueste.
En el encuentro no habrá balas ni granadas, solo un balón, dos arcos, un árbitro y once jugadores de cada equipo.
Será el primer partido de fútbol de la iniciativa Goles de Convivencia, que pretende sensibilizar a la población sobre la importancia de acoger a los reinsertados a la vida civil.
"Es inclusión social, tolerancia y solidaridad", dice Samuel Azout, presidente de la Fundación Fútbol con Corazón, que promueve la jornada.
El partido se jugará en la cancha de fútbol del Estadio Romelio Martínez de Barranquilla y los organizadores esperan la asistencia de unos tres mil espectadores.
Un pitazo que sonará a las 10 a.m. marcará el inicio del juego, que a su vez es una buena señal hacia la era del postconflicto.
'Ahora todos somos los mismos'
"Que la gente se de cuenta de que podemos asociarnos con cualquier persona y que somos parte de la comunidad" es la mayor expectativa de Marvin Martínez, un desmovilizado de las autodefensas de 34 años que comparte equipo con ex guerrilleros. "Ahora todos somos los mismos y tratamos de salir adelante juntos", dice.
Durante cuatro años empuñó las armas en el Magdalena y La Guajira, bajo las órdenes de Hernán Giraldo; ahora, como delantero de su equipo, tendrá que disparar, y mucho, pero para hacer goles.
Para atajar sus pases está el mayor del Ejército William Chavista, defensa central del equipo contrario, que participa en el encuentro para "mostrar esa otra faceta de la Fuerza Pública; la que busca socializar y educar".
Pero no por eso será un partido fácil. "Será muy competido, con todas las de la ley", dice el Mayor, cuya selección está integrada por miembros del Ejército, la Policía y representantes de la Alcaldía y otras autoridades administrativas de Barranquilla.
Tanto unos como otros han estado entrenando y alineando a sus jugadores para el partido, que hará parte de una jornada en la que habrá también espectáculos musicales, feria gastronómica y un corto juego de fútbol entre los niños de la fundación.
Los pequeños harán una demostración del denominado fútbol por la paz, una idea que nació en los años 90 en Medellín como estrategia para reducir la violencia entre pandillas.
Los equipos deben tener mínimo dos niñas, y el primer gol debe ser anotado por una de ellas para que sea válido. Se juega sin árbitros para que sean los pequeños los que entren a resolver sus propios conflictos. El resultado final del partido no tiene solo que ver con el marcador, pues también se tienen en cuenta los valores de convivencia aplicados durante el encuentro.
"Tiene muchos elementos de equidad", señala Azout al explicar la forma como la Fundación Fútbol con Corazón aprovecha las posibilidades pedagógicas de ese deporte para mejorar las oportunidades de vida de niños entre 5 y 16 años. "En Medellín salvó muchas vidas", dice.
Ahora lo que está en la mira es la correcta reinserción de los desmovilizados.
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