Descubra los asombrosos misterios de Teotihuacán

Descubra los asombrosos misterios de Teotihuacán

Cerca de Ciudad de México se encuentra una de las ciudades ancestrales más impresionantes del mundo.

Calzada de los Muertos, en Teotihuacán

La Calzada de los Muertos es la avenida central de Teotihuacán y así se ve desde la altura de la pirámide de la Luna.

Foto:

123RF

30 de septiembre 2017 , 11:00 p.m.

Basta con una hora para pasar de la capital mexicana y su intenso tránsito a una pequeña calle adoquinada, bordeada por algunos restaurantes y protegida de los duros rayos del sol por algunos árboles magros. Estamos en Teotihuacán, y sus famosas pirámides ya se dejan entrever a la llegada. El contraste es fuerte. El lugar está a menos de 40 kilómetros del Zócalo, la plaza más céntrica de la ciudad, pero el entorno y hasta la noción de tiempo cambian drásticamente.

Hace dos mil años, el viaje hubiese entregado sensaciones opuestas, explica Ester, una guía que varias veces por semana recorre el trayecto hasta el sitio arqueológico con sus grupos de visitantes. “En aquellos tiempos, Teotihuacán era una gran ciudad, una de las mayores del mundo, piensan los historiadores. Mientras que México –o mejor dicho Tenochtitlán, en lengua antigua– todavía no existía”.

La Calzada de los Muertos, la gran avenida central, era seguramente muy transitada y estaba bordeada de imponentes construcciones en policromía. Era el teatro de rituales religiosos y de las grandes manifestaciones de una cultura que desapareció hace mucho sin dejar explicaciones para la posteridad. De la misma manera que nos intriga hoy, llamó también la atención de los aztecas.

Fueron ellos quienes le dieron este nombre al sitio: Teotihuacán es un vocablo náhuatl (lengua ancestral) que se podría traducir como la Ciudad de los Dioses. Pensaron que había sido construida por divinidades que luego la abandonaron por alguna razón desconocida. No se sabe mucho más sobre quiénes eran ni por qué se fueron sus habitantes originales, que solo estuvieron durante los primeros siglos de nuestra era.

Ester cuenta que “se barajan varias hipótesis. La más plausible es la falta de agua o algún cambio climático que hizo insoportable la vida en el lugar. Para construir las pirámides y los grandes edificios se necesitó mucha madera y se talaron los bosques de los cerros vecinos. Quizá por esta razón, o quizá por algún cambio climático, las lluvias escasearon y el valle se volvió muy seco”.

De palacio en palacio

Para visitar con método este lugar tan grande se puede recorrer un sector a partir de la entrada uno y el otro desde la dos o la tres. La primera lleva a la ciudadela y el llamado templo de Quetzalcóatl.

Este templo del dios de la Serpiente Emplumada es una pirámide de siete niveles protegida por otra yuxtapuesta. Fue construida hacia el año 150 de nuestra era en honor a este dios venerado en todo el centro del antiguo México. Algunas cabezas de piedra siguen aferradas a las paredes de la pirámide. Se estima que cada una pesa cuatro toneladas.

“Para muchos turistas que vienen aquí por su cuenta –reflexiona Ester–, la meta es subir hasta arriba de la pirámide del Sol, y, desgraciadamente, muchos no se informaron lo suficiente y se pierden de venir hasta este recinto para admirar esta maravilla”.

La visita sigue luego hacia otros lugares no menos sorprendentes, como el palacio de Quetzalpapalotl. En español se lo conoce como el palacio de la Mariposa y está ubicado cerca de la plaza de la Luna.

A unos pasos, el palacio de los Jaguares es otra supuesta morada de grandes sacerdotes. Las paredes conservaron sus frescos rojos de grandes felinos mientras por debajo del palacio otra sala deslumbra por murales de aves y otros motivos en varios tonos de verdes, rojos y amarillos.

Saliendo del laberinto de pasillos y salas de aquellos palacios, se llega a la plaza de la Luna, al pie de la pirámide homónima. Ya es tiempo de cumplir con el ritual más esperado de Teotihuacán. La guía avisa que “como estamos a más de 2.200 metros de altura y los escalones son muy empinados, hay que ir despacio si se quiere llegar hasta arriba”. El ascenso es muy demandante. No se puede subir hasta la plataforma superior de la pirámide de la Luna, pero se llega lo suficientemente alto como para tener una panorámica de lujo.

Naturalmente, el mayor desafío es subir hasta arriba de la pirámide del Sol, el punto más alto de Teotihuacán, a más de 70 metros por encima de la Calzada de los Muertos. Desde allí se ven los pueblos de la vecindad, los cerros que rodean las ruinas y, por supuesto, la pirámide de la Luna bajo su mejor perfil.

Las fuentes no concuerdan en el número de escalones que tiene esta enorme construcción. Algunos hablan de 245, otras de más de 260. De todos modos, una vez en la cima, la cantidad de escalones poco importa. La asombrosa vista es lo que realmente cuenta y casi que se convierte en el único pensamiento posible.

Si los aztecas hicieron alguna vez lo mismo que hoy los turistas hacen en Teotihuacán, pudieron ver la ciudad original extenderse hasta donde se pierde la vista. Quizá se habrán preguntado entonces, acaso deslumbrados, qué clase de hombres habían podido construirla para sus dioses. Los aztecas recibieron una fuerte influencia con lo que vieron aquí, por razones espirituales, pero también arquitectónicas, a la hora de construir su propia ciudad, Tenochtitlán. Lo cierto es que aquí descansa buena parte del corazón de México.

Arqueología en movimiento

En varios sectores de Teotihuacán se han levantado carpas: al pie de la pirámide de la Luna o frente a la ciudadela, por ejemplo. Son investigaciones arqueológicas que, campaña tras campaña, tratan de aportar pequeños fragmentos de respuesta al gran enigma de aquella brillante pero desconocida civilización. El complejo arqueológico fue rescatado y restaurado por medio de un plan del presidente Porfirio Díaz (1884-1911) como parte de las celebraciones del Centenario de la Independencia de México. Las primeras excavaciones de exploración se llevaron a cabo en 1917.

‘Tips’ para su viaje

Qué hacer:

Un tour es una buena opción para conocer Teotihuacán. Por lo general se trata de salidas de un día completo, que combinan la visita a las pirámides con un desayuno optativo en uno de los restaurantes frente a las distintas puertas. Por la tarde se regresa a la Ciudad de México y se realiza una parada en la basílica de la Virgen de Guadalupe.

Los precios de estas opciones en moneda colombiana comienzan desde $ 75.000. El sitio arqueológico abre todos los días de 9 a. m. a 5 p. m. La entrada individual cuesta $ 10.000 por persona.

Dónde dormir:

Busque alojamientos cercanos a las atracciones turísticas de la Ciudad de México. Una buena opción podría ser el barrio de Polanco, no muy lejos del castillo de Chapultepec y cerca del Museo de Antropología. Las opciones estarán a mano de su presupuesto.

‘Souvenirs’:

Además de las tiendas en los mercaditos de cada entrada al complejo arqueológico, muchos vendedores ambulantes ofrecen artesanías y objetos de obsidiana al borde de la Calzada de los Muertos y al pie de las pirámides. Antes de comprarles pida rebaja y haga bajar los precios para ahorrarse unos pesos.

LA NACIÓN (Argentina) - GDA
Ciudad de México

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