Skellig Michael, la isla que ‘Star Wars’ puso de moda

Skellig Michael, la isla que ‘Star Wars’ puso de moda

El último refugio de Luke Skywalker ha hecho viajar a miles para conocer este rincón de Irlanda.

Isla Skellig Michael

Para llegar al punto más alto de la isla, donde están los ‘clochán’ y la mejor vista, hay que subir 218 metros.

Foto:

Arian Zwegers y Irish Fireside

03 de febrero 2018 , 11:40 p.m.

La promesa es seductora: poder seguir los pasos de Luke Skywalker y Rey en una remota isla –refugio en la Edad Media de austeros monjes católicos– y con un paisaje que deja a cualquiera con la boca abierta. Y por eso está movilizando a miles de turistas a un punto de las bellamente salvajes costas irlandesas.

El lugar se llama Skellig Michael, fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1996 y es la mayor del pequeño conjunto de las islas Skellig, formado por esta y un islote de menor tamaño.

Skellig Michael se ha vuelto famosa porque en la más reciente película de la saga ‘Star Wars’, ‘Los últimos Jedi’, es el lugar donde Skywalker, tras años de permanecer oculto, entrena a la joven Rey en las artes de los caballeros Jedi y el dominio de la Fuerza.

La isla está ubicada a 12 kilómetros de la costa irlandesa, justo en la esquina suroeste de Irlanda, en el condado de Kerry, una de las zonas más hermosas de la llamada ‘isla esmeralda’.

Solo puede visitarse entre los meses de mayo y octubre, y la ruta se hace con embarcaciones que parten desde varios pueblos pesqueros de los alrededores.

El viaje no es largo, pero, incluso en verano, los vientos y corrientes pueden ser fuertes, lo que añade un plus de aventura al trayecto, con frecuencia agitado y con lluvia.

No para todo el mundo

Una vez en tierra, la agreste naturaleza de esta zona aparece con todo su vigor. Un paisaje muy escarpado, en el que el verde brillante de la hierba contrasta con los muros de roca y escaleras de piedra con miles de peldaños en distintos caminos, por lo que las personas con vértigo o sin un mínimo de nivel físico deberían abstenerse. Los escalones de piedra pueden ser traicioneros porque casi siempre están húmedos. Y ya ha habido accidentes.

Para los que pueden y se atreven, la recompensa es increíble: unos paisajes inolvidables acompañados del viento y el aroma marino, sumados a la visión del antiguo monasterio, diferente a cualquier otro, una construcción casi mágica, enteramente de piedra.

El conjunto principal, en el noreste de la isla, se compone de varias pequeñas chozas de piedra con forma de panal de abeja (‘clochán’ en gaélico), una técnica de construcción de los primitivos habitantes de la isla que se mantuvo hasta la Edad Media.

Hay también dos oratorios, los restos de una diminuta iglesia y un pequeño cementerio con cruces célticas y estelas ilegibles. El recinto incluye cisternas para almacenar agua lluvia, una letrina, dos huertos y una zona para guardar animales domésticos. Todo ello está situado en un conjunto de terrazas.

La isla, de apenas 900 metros de largo y 450 de ancho, tiene su punto más alto a 218 metros, lo que da idea de su accidentada orografía.

El primer documento sobre el monasterio se remonta al siglo IX y menciona un ataque de los vikingos, aunque el análisis de otros textos apunta a que ya habría sido construido para el año 700. El conjunto religioso se dedicó a San Miguel, de ahí el nombre que acabó adoptando la isla. Los monjes cristianos de Skellig Michael abandonaron la isla en el siglo XIII, según la tradición debido a que las condiciones de vida eran extremadamente duras, aunque los historiadores señalan también a la reforma de la Iglesia irlandesa.

En todo caso, era muy difícil lograr el autoabastecimiento de alimentos y los viajes en barco eran complicados por los vientos y las corrientes cambiantes, que dificultaban la llegada de veleros o de ‘currach’, las antiguas barcas irlandesas de pieles e impulsadas por remeros.

Múltiples atractivos

El condado de Kerry es una de las pocas zonas ‘gaeltacht’ de Irlanda, es decir, cuya población usa la lengua gaélica.

En sus pueblos se puede disfrutar de la mejor Irlanda: los ‘pubs’ con música tradicional, la deliciosa comida con pescado y marisco de sus puertos o carne de sus nobles pastos, y antiguas abadías y castillos que hablan de su rica historia.

La mayoría de los barcos que visitan las Skellig parten del pueblecito pesquero de Portmagee,
cuya visita ya es muy bonita, con casas coloridas que alegran el paisaje. En la bahía es muy corriente ver delfines saltando y focas tomando el sol en las rocas.

En aguas algo más profundas, no es extraño divisar en verano tiburones peregrinos o ballenas, nadando cerca de la superficie en busca del plancton del cual se alimentan.

En el edificio de una de las compañías que envían embarcaciones a las islas hay una interesante exhibición sobre las duras condiciones de vida que debían soportar monjes y fareros, e incluye numeroso material original sobre el antiguo faro.

Cuando los monjes abandonaron Skellig Michael, el monasterio se trasladó a la cercana población de Ballinskelligs. Actualmente en ruinas, aún se pueden visitar los restos de la abadía, que aún son usados como cementerio local, incluyendo la antigua nave de la iglesia. A su lado está el castillo de Ballinskelligs, en realidad una pequeña torre fortificada.

En la península de Dingle está la pequeña ciudad homónima, donde la pesca y el turismo veraniego son la bases de la economía. Un lugar con abundancia de restaurantes y ‘pubs’.

También hay una fábrica de cerveza cuya última creación rinde homenaje a Tom Crean, un héroe local miembro de la famosa expedición de Ernest Shackleton a la Antártida. Además, se puede visitar una conocida destilería de whisky, y en el puerto hay excursiones para ver a Fungie, un delfín que se ha convertido en el vecino más popular de las aguas próximas.

El origen de los ‘porg'

Pero, volviendo a Skellig Michael, el rodaje de ‘Los últimos Jedi’ allí fue breve para proteger el lugar. La mayor parte de las escenas en las que aparecen los ‘clochán’ se rodaron en realidad en el cabo de Ceann Sibéal (cerca de Ballyferriter, península de Dingle), donde se construyeron cabañas de piedra idénticas a las del monasterio de Skellig.

Como curiosidad, los ‘porg’, esas avecillas con un rostro que recuerda al Pikachu de Pokémon, y que aparecen en la película, son consecuencia del rodaje en Skellig Michael. Como borrar digitalmente las múltiples aves marinas que aparecían en los planos era largo y costoso, se decidió crear a estos personajes, algo a tono con la abundancia de pájaros en la isla.

Si la primera entrega de 'Star Wars' (1977), les develó a millones de personas los fascinantes paisajes del desierto Túnez, la última nos ha llevado a un lugar totalmente diferente pero igualmente fantástico, y que ya ha visto incrementar el número de turistas gracias a la película. Otra de las buenas herencias de ‘Star Wars’.

Campaña y una alerta

La Oficina de Turismo de Irlanda lanzó en diciembre una campaña para promocionar la ‘ruta del Atlántico salvaje’, con el fin de aprovechar el estreno global de ‘Los últimos Jedi’. Y ha funcionado. Fuentes irlandesas hablan de al menos 200.000 turistas estadounidenses adicionales desde entonces. “La película está generando un enorme interés y muchas reservas”, le confirmó a ‘The Independent’ Gerard Kennedy, dueño de un hotel en Portmagee, pueblo desde donde salen los barcos hacia la isla. Sin embargo, el mismo hotelero alerta sobre un potencial problema que no solo preocupa a quienes viven del turismo, sino a los conservacionistas: “Se ha creado una expectativa muy grande, y solo un número pequeño de turistas pueden visitar la isla cada día”.

Cómo llegar

Visitar las Skellig no es difícil, pero requiere de buena planificación. Hay que volar a Dublín o al aeropuerto regional de Kerry (que recibe vuelos internacionales en verano) y luego, alquilar un automóvil. Una vez que se está en la zona, es ideal pasar unos días explorando las tres penínsulas y dos bahías que forman el condado de Kerry, una región de montañas, bosques, pastos y costas abruptas de impresionantes acantilados y pequeñas playas.

RAFAEL CAÑAS
EFE Reportajes
En Twitter: @efenoticias

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